CANCIÓN 26
Detente,
cierzo muerto;
ven, austro, que recuerdas los amores,
aspira por mi
huerto,
y corran sus
olores,
y pacerá el Amado entre las flores.
DECLARACIÓN
1. Allende de
lo dicho, podría también la sequedad
de espíritu ser causa de apagar en el alma esposa el jugo y suavidad interior de que
arriba ha hablado; y temiendo ella esto, hace dos cosas en esta canción:
La primera es cerrar la puerta a la sequedad espiritual, teniendo
cuidado en no descuidarse en la devoción para
dejarla entrar.
La segunda cosa que hace es invocar al Espíritu Santo, sustentándose en
oración, para que no sólo por ella
se detenga afuera la sequedad, mas también sea causa
para que se aumente por ella la devoción y ponga el
alma las virtudes en ejercicio interior; todo a fin de que su Amado se goce y deleite más en ellas.
Detente,
cierzo muerto.
2. El
cierzo es un viento frío y seco, y marchita las flores; y
porque la sequedad espiritual hace ese mismo efecto en el alma donde mora, la llama cierzo, y muerto, porque
apaga y mata la suavidad y jugo espiritual; por el efecto que hace, la llama cierzo muerto.
Y deseando la esposa conservarse en la suavidad de su amor, dice a la sequedad
que se detenga; lo cual se ha de entender que este dicho es cuidado de hacer obras que
la detengan, conservando y guardando el alma de las ocasiones.
Ven, austro,
que recuerdas los amores.
3. El
austro es otro viento, que vulgarmente se llama ábrego. Este
es aire apacible, causa lluvias y hace germinar las yerbas y plantas, y abrir las flores y derramar su
olor; tiene los efectos contrarios al cierzo. Y así, por este aire entiende aquí el alma al Espíritu Santo,
el
cual dice que recuerda los amores; porque cuando este divino aire embiste en el alma, de tal manera la inflama toda y regala y aviva, y recuerda la voluntad y levanta los apetitos (que antes estaban caídos y dormidos) al amor de Dios, que se puede bien decir, que recuerda los amores de él y de ella.
cual dice que recuerda los amores; porque cuando este divino aire embiste en el alma, de tal manera la inflama toda y regala y aviva, y recuerda la voluntad y levanta los apetitos (que antes estaban caídos y dormidos) al amor de Dios, que se puede bien decir, que recuerda los amores de él y de ella.
Aspira por mi
huerto.
4. Ya habemos
dicho que el alma de la esposa es la viña florecida
en virtudes; y ahora la llama aquí también huerto,
donde están plantadas
las flores de perfecciones y virtudes que habemos dicho.
Y es aquí de notar que no dice la Esposa: aspira en mi
huerto, sino aspira por mi huerto; porque es mucha la diferencia que hay de
aspirar Dios en el alma a aspirar Dios por el alma. Porque aspirar en el alma es
infundir en ella gracia, dones y virtudes; y aspirar por el alma es hacer Dios toque en las virtudes y perfecciones que ya le son dadas,
renovándolas y moviéndolas de suerte que den de sí admirable
fragancia y suavidad; bien así como cuando menean las especias aromáticas, que, al tiempo que se
hace aquella moción, derraman
la abundancia de
su olor, el cual antes no era tal ni se sentía en tanto
grado.
Porque las virtudes que el alma tiene en sí adquiridas no siempre las está ella sintiendo y gozando actualmente; porque, como habemos dicho, en esta vida están en el alma como flores cerradas en cogollo, o como especias aromáticas
cubiertas, cuyo olor no se siente hasta que las descubren
y mueven, como habemos dicho.
5. Pero
algunas veces hace Dios tales mercedes al alma esposa, que aspirando con su Espíritu divino por este florido huerto de ella, abre
todos estos cogollos de virtudes y descubre
estas especias aromáticas de dones y perfecciones y riquezas del alma, y abriendo el
tesoro y caudal interior, descubre toda la hermosura de ella. Y entonces es
cosa admirable de ver y suave de sentir las riquezas de los dones
que se descubren al alma y la hermosura de estas
flores de virtudes, ya todas abiertas y darle cada una de sí el olor de
suavidad que le pertenece. Y esto llama correr los olores del huerto, cuando en el
verso siguiente dice:
Y corran sus
olores.
6. Los cuales
son en tanta abundancia algunas veces, que al alma le parece estar vestida de deleites y bañada en gloria inestimable;
tanto, que no sólo ella lo
siente de dentro, pero aun suele redundar tanto de
fuera, que lo conocen los que saben advertir, y les parece estar la tal alma
como un deleitoso jardín, lleno de deleites y riquezas de Dios. Y no sólo cuando estas flores
están abiertas se
echa de ver esto en estas santas almas, pero ordinariamente traen en sí un no sé qué de grandeza
y dignidad que causa detenimiento y respeto a los demás por el
efecto sobrenatural que se difunde en el sujeto de la próxima y familiar comunicación con Dios,
cual se escribe en el Exodo (Ex 34, 30) de Moisés, que no podían mirar en su rostro por la gloria y
honra que quedaba en su persona por haber tratado cara a cara con Dios.
7. En este
aspirar del Espíritu Santo por el alma, que es
visitación suya en amor a ella, se comunica
en alta manera el Esposo Hijo de Dios a ella; que por eso envía su Espíritu primero, como a los Apóstoles, que es su aposentador, para que le prepare
la posada del alma esposa, levantándola en deleite, descubriendo sus
dones, arreándole de la tapicería de sus gracias y riquezas.
Y así, con grande
deseo desea el alma esposa todo esto, es a saber: que se vaya el cierzo, que venga el
austro, que aspire por el huerto, porque en esto gana el alma muchas cosas
juntas. Porque gana el gozar las virtudes puestas en el punto de sabroso
ejercicio, como habemos dicho; gana el gozar
al Amado en ellas, pues mediante ellas, como acabamos de decir, más subidamente se comunica a
ella y haciéndole más particular
merced que antes; y gana que el Amado mucho más se deleita
en ella por este ejercicio de virtudes que es de lo que ella más gusta, es a saber, que guste su Amado; y gana
también la continuación y duración de tal
sabor y suavidad de virtudes la cual dura en el alma todo el tiempo que el
Amado asiste allí en la tal manera, estándole dando la esposa suavidad en sus virtudes, según en los Cánticos (Ct 1,
11) ella dice en esta manera: Cum esset rex in accubitu suo, nardus mea dedit odorem suavitatis; y es como si
dijera: En tanto que estaba reclinado el rey en su reclinatorio, que es mi alma, el mi arbolico oloroso dio olor de
suavidad, entendiendo aquí por arbolico oloroso, que consta
de muchas flores, el plantel de muchas virtudes que arriba se dijo estar en el alma, que allí llamó viña florida, o
la piña de flores
que después dijo. Y así, este
arbolico da la suavidad de olor a Dios y al alma, en tanto que él mora por sustancial comunicación en ella.
8. Y, por tanto, mucho es de desear que este aire
del Espíritu Santo
pida cada alma aspire por su huerto
y que corran sus divinos olores. Y por ser esto tan necesario y de tanto bien y gloria para el ánima, la esposa lo deseó en los Cantares (Ct 4, 16) y lo pidió, diciendo: Surge, aquilo; et veni, auster, perfla
hortum meum, et fluent aromata illius; y es todo lo quehabemos dicho en esta canción hasta aquí, y quiere decir: Levántate,
cierzo, y vete; y tú, ábrego, viento suave y provechoso,
ven y corre y aspira por mi huerto; y correrán sus olorosas y preciosas especias.
Y esto todo lo desea el alma, no por el deleite
y gloria que de ello se le sigue, sino por lo que en esto sabe que se deleita su Esposo y
que esto es disposición y prenuncio en ella, para que su
Esposo Amado, el Hijo de Dios, venga a deleitarse en ella; que por eso dice luego:
Y pacerá el Amado entre las flores.
9. Significa el alma este deleite que el Hijo de
Dios tiene en ella en esta sazón por nombre de pasto, que
muy más al propio lo da a entender, por
ser el pasto o comida cosa que no sólo da gusto, pero aun sustenta. Y
así, el Hijo de Dios se deleita en el
alma en estos deleites de ella, y se sustenta en ella, esto es, persevera en ella, como en
lugar donde grandemente se deleita, porque el lugar se
deleita de veras en él. Y eso entiendo que es lo que él mismo
quiso decir por la boca de Salomón en los Proverbios (Pv 8,
31), diciendo: Mis deleites son
con los hijos de los hombres, es a saber, cuando sus deleites son estar conmigo, que soy el Hijo de Dios.
Y es de notar que no dice que pacerá las flores,
sino entre las flores; porque la comunicación suya y deleite del Esposo es en el alma mediante el arreo de las
virtudes ya dicho; y lo que pace es la misma alma transformándola en sí, sazonada ya
y guisada y salada con las flores de virtudes y dones y perfecciones, que son la salsa con que y entre
que la pace, las cuales, por medio del
Aposentador ya dicho, están dando a Dios con el alma sabor y
suavidad. Y ésta es la condición del Esposo, pacer al alma entre la fragancia de
estas flores.
Y así también la esposa en los Cantares (Ct 6, 1), como quien
tan bien sabe la condición del Esposo, dice ella por estas palabras: Dilectus meus descendit in hortum suum ad
areolam aromatum, ut pascatur in hortis, et lilia
colligat, que quiere decir: Mi Amado descendió a su huerto, a la
erica y aire de las especias aromáticas olorosas, para apacentarse
en los huertos y coger lirios para sí. Y luego
dice (Ct 6, 2): Yo para mi Amado y mi Amado para mí, que se apacienta entre los lirios,
es a saber, que se deleita en mi alma, que es el huerto, entre los lirios de
mis virtudes y perfecciones y gracias.
Fuente: Portal Carmelitano
