SOS Refugiados en red es una comunidad de
personas que se distribuye por medio mundo con un solo objetivo: ayudar a los
refugiados y a sus familias
8 de febrero del 2016. Son
las 2:30 de la madrugada. El whatsapp no deja de sonar. Esta noche hay mucho
movimiento, el viento ha cesado y la mar se mantiene en una calma relativa. Las
lanchas tienen que salir.
Desde Vigo, Ángeles de Andrés, maneja todos los datos
disponibles a su alcance: Cuántos van, en qué dirección y todo gracias a los
móviles. ¡Benditos móviles, bendito whatsapp y bendito el equipo SOS
REFUGIADOS, EN RED! Mohanmed, el capitán, desde Suecia, experto en la materia,
mantiene su localización constantemente.
Es sirio e intenta mantenerlos en
calma. El miedo les paraliza, la mayoría no saben nadar y el chaleco no es de
gran ayuda. En la otra orilla, Laura, de la organización Proactiva, recibe
coordenadas, rumbo y datos acerca de los ocupantes. Desde algún punto de
Europa, los familiares esperan con los ojos cerrados la buena noticia. Los
demás cruzamos los dedos.
Seguimos el viaje de las
hermanas de Alan, que ya está en Alemania. El resultado fue una noche entera de
auténtico pánico. Tres horas de autobús desde el hotel en Turquía a una cala
remota en Dikili. Allí, dos horas de espera mientras inflaban el bote de goma.
Frío, 28 adultos y 20 niños (algunos con discapacidad física), todos esperando.
Embarcan y de pronto aparece una furgoneta con 20 personas más. Total 68 vidas
en un mar en calma, pero helado y negro. Iban en un bote recién inflado rumbo a
Mitilini (Lesbos). Nada más partir, nos dicen que empieza a entrar agua, así
que nuestro capitán les aconseja reducir la velocidad (los de la mafia turca no
viajan en el bote, le encomiendan la guía a un refugiado que en su vida ha
visto el mar).
Se ponen en marcha a una velocidad que en coche serían 10km/h.
Todo tranquilo a bordo, pero por las localizaciones, Ángeles ve que la balsa,
seguramente por sobrepeso, no avanza y encima hay momentos que navega de un
lado a otro en lugar de ir de frente. A las 04:30 horas, a los niños y las
mujeres el agua les cubre las piernas hasta la cintura. Se decide abortar el
viaje y que se pare el motor. Empieza el momento SOS, están a 7 kilómetros de
aguas griegas. Se llama a la costera turca y ¡cuelgan el teléfono! Se llama de
nuevo, gritando. ¡Cuelgan otra vez! Se llama a otro número, ¡nos derivan al de
antes! Desesperación absoluta.
Ángeles disimula en el grupo
del whatsapp. A los del bote, les tranquiliza y le pide a la interlocutora que
les «cante» a los niños. Les advierte, además, de que, por lo que más quiera,
ni uno se levante o todos se irán al fondo. Son 68 seres humanos a la deriva.
Les dice que la ayuda está en camino. ¡Mentira! Nadie está en camino… solo la
muerte. Se pone a rezar con toda su alma mirando la estatua de Fátima que
sostiene los mapas de las costas griegas que llenan el salón de su casa.
De
impotencia, se abandona…se hace la ingenua y como si no supiera que están en
aguas turcas llama a la costera griega. Hay una diferencia de trato abismal. El
GPS sigue recibiendo la posición del bote, ya a la deriva. De pronto, Agustín y
Teresa, dos voluntarios del grupo, se fijan: ¡esos kilómetros que faltaban los
ha recorrido sola la balsa a la deriva. EUREKA. Están en aguas griegas! ¡Están
en Europa! Sí, alguien ha tirado con fuerza del bote. A las 05:30 llega la
guardia costera y son finalmente rescatados.
Están mojados, hay varias
hipotermias, pero están todos vivos. Ángeles les dice que esta noche le han
ganado a la muerte. Nunca sabrán que, por momentos, Ángeles, en su corazón, se
estaba despidiendo de ellos para siempre.
Pero Refugiados en Red no
solo ayuda a cruzar el Egeo, sino que da también apoyo logístico, económico y
emocional a los refugiados en su camino a pie hacia el resto de países de
Europa. Por ejemplo, el pasado 3 de febrero, desde Vigo, Ángeles y sus
compañeros dieron de comer a 200 personas refugiadas, en un restaurante de
Grecia.
Los refugiados llevaban tres
días sin comer y los miembros de Refugiados en Red, por teléfono, contactaron
con «otro loco como ellos», el director del restaurante, cuyos datos
encontraron por google. Él les hizo caso, se fue a la calle y se llevó a comer
a los 200. Ángeles no tenía cómo pagar y le suplicó al dueño del restaurante,
que finalmente solo les cobró 70 comidas. El resto las pagó él, además de agua,
leche, pañales y otras cosas de primera necesidad que le dio a los refugiados
que seguían su ruta hacia Macedonia.
La situación ahora se hace
más trágica que nunca con el cierre de la frontera entre Grecia y Macedonia y
el negocio-acuerdo entre la EU y Turquía. Unos 45.000 refugiados están ahora
atrapados en Grecia. La mayoría provenientes de Siria, Irak, Pakistán,
Afganistán… Han llegado exhaustos, después de días de duros viajes, con traumas
psicológicos y con la muerte que les pisa los talones. La frontera entre Grecia
y Macedonia, el campo de refugiados de Idomeni y las calles de Atenas están
colapsadas, sobre todo de menores de 15 años, niños y bebes, que son más del 30
% de los refugiados. Los voluntarios no dan más de sí. Y lo peor de todo, la
guerra en Siria no cesa y las personas necesitan seguir huyendo y viajando por el
Egeo con destino a las islas griegas con la esperanza de entrar en Europa.
A Lesbos, que es solo una de
las islas griegas a unos 25 kilómetros de Turquía, llegan a diario unos 1.500
refugiados. Este conflicto ha movido a unos 5 millones de personas. En Canadá
ya se ha acogido a más de 20.000 refugiados mientras que en España tan solo 18.
Europa dijo en septiembre del 2015 que podría acoger a 160.000 personas, España
a 16.000. Ya han muerto ahogadas más de 410 personas en los tres meses que
llevamos de 2016 y Europa solo ha acogido a 497 refugiados en 5 meses. En
Turquía hay más de dos millones y medio de refugiados, en Líbano más de un
millón. España despierta, Europa despierta ya!
Artículo originalmente
publicado por Alfa y Omega
