De las imperfecciones acerca de la gula espiritual.
1. Acerca del cuarto vicio, que es gula espiritual,
hay mucho que decir, porque apenas hay uno de estos principiantes que, por bien
que proceda, no caiga en algo de las muchas imperfecciones que acerca de este
vicio les nacen a estos principiantes por medio del sabor que hallan a los
principios en los ejercicios espirituales.
Porque muchos de éstos, engolosinados con el sabor
y gusto que hallan en los tales ejercicios, procuran más el sabor del espíritu
que la pureza y discreción de él, que es lo que Dios mira y acepta en todo el
camino espiritual. Por lo cual, además de las imperfecciones que tienen en
pretender estos sabores, la golosina que ya tienen les hace salir mucho del pie
a la mano, pasando de los límites del medio en que consisten y se granjean las
virtudes.
Porque, atraídos del gusto que allí hallan, algunos se matan a
penitencias, y otros se debilitan con ayunos, haciendo más de lo que su
flaqueza sufre, sin orden y consejo; antes procuran hurtar el cuerpo a quien
deben obedecer en lo tal; y aun algunos se atreven a hacerlo aunque les han
mandado lo contrario.
2. Estos son imperfectísimos, gente sin razón, que
posponen la sujeción y obediencia, que es penitencia de razón y discreción, y
por eso es para Dios más acepto y gustoso sacrificio que todos los demás, a la
penitencia corporal, que, dejada estotra parte, no es más que penitencia de
bestias, a que también como bestias se mueven por el apetito y gusto que allí
hallan. En lo cual, por cuanto todos los extremos son viciosos, y en esta
manera de proceder éstos hacen su voluntad, antes van creciendo en vicios que
en virtudes; porque, por lo menos, ya en esta manera adquieren gula espiritual
y soberbia, pues no va en obediencia (lo que hacen).
Y tanto empuja el demonio a muchos de éstos,
atizándoles esta gula por gustos y apetitos que les acrecienta, que ya que más
no pueden, o mudan o añaden o varían lo que les mandan, porque les es aceda
toda obediencia acerca de esto. En lo cual algunos llegan a tanto mal, que, por
el mismo caso que van por obediencia los tales ejercicios, se les quita la gana
y devoción de hacerlos, porque sola su gana y gusto es hacer lo que les mueve;
todo lo cual por ventura les valiera más no hacerlo.
3. Veréis a muchos de éstos muy porfiados con sus
maestros espirituales porque les concedan lo que quieren, y allá medio por
fuerza lo sacan; y si no, se entristecen como niños y andan de mala gana, y les
parece que no sirven a Dios cuando no los dejan hacer lo que querrían. Porque,
como andan arrimados al gusto y voluntad propia, y esto tienen por su Dios,
luego que se lo quitan y les quieren poner en voluntad de Dios, se entristecen
y aflojan y faltan. Piensan éstos que el gustar ellos y estar satisfechos, es
servir a Dios y satisfacerle.
4. Hay también otros que por esta golosina tienen
tan poco conocida su bajeza y propia miseria y tan echado aparte el amoroso
temor y respeto que deben a la grandeza de Dios, (que) no dudan de porfiar
mucho con sus confesores sobre que les dejen comulgar muchas veces. Y lo peor
es que muchas veces se atreven a comulgar sin licencia y parecer del ministro y
despensero de Cristo, sólo por su parecer, y le procuran encubrir la verdad.
Y
a esta causa, con ojo de ir comulgando, hacen como quiera las confesiones,
teniendo más codicia en comer que en comer limpia y perfectamente; como quiera
que fuera más sano y santo tener la inclinación contraria, rogando a sus
confesores que no les manden llegar tan a menudo; aunque entre lo uno y lo otro
mejor es la resignación humilde, pero los demás atrevimientos cosa es para
grande mal y castigo de ellos sobre tal temeridad.
5. Estos, en comulgando, todo se les va en procurar
algún sentimiento y gusto más que en reverenciar y alabar en sí con humildad a
Dios: y de tal manera se apropian a esto, que, cuando no han sacado algún gusto
o sentimiento sensible, piensan que no han hecho nada, lo cual es juzgar muy
bajamente de Dios, no entendiendo que el menor de los provechos que hace este
Santísimo Sacramento es el que toca al sentido, porque mayor es el invisible de
la gracia que da; que, porque pongan en él los ojos de la fe, quita Dios muchas
veces esotros gustos y sabores sensibles. Y así, quieren sentir a Dios y gustarle
como si fuese comprensible y accesible, no sólo en éste, sino también en los
demás ejercicios espirituales, todo lo cual es muy grande imperfección y muy
contra la condición de Dios, porque es impureza en la fe.
6. Lo mismo tienen éstos en la oración que ejercitan,
que piensan que todo el negocio de ella está en hallar gusto y devoción
sensible, y procuran sacarle, como dicen, a fuerza de brazos, cansando y
fatigando las potencias y la cabeza; y, cuando no han hallado el tal gusto, se
desconsuelan mucho pensando que no han hecho nada. Y por esta pretensión
pierden la verdadera devoción y espíritu, que consiste en perseverar allí con
paciencia y humildad, desconfiando de sí, sólo por agradar a Dios. A esta
causa, cuando no han hallado una vez sabor en este u otro ejercicio, tienen
mucha desgana y repugnancia de volver a él, y a veces lo dejan; que, en fin,
son, como habemos dicho, semejantes a los niños, que no se mueven ni obran por
razón, sino por el gusto.
Todo se les va a éstos en buscar gusto y consuelo de
espíritu, y por esto nunca se hartan de leer libros, y ahora toman una
meditación, ahora otra, andando a caza de este gusto con las cosas de Dios; a
los cuales les niega Dios muy justa, discreta y amorosamente, porque, si esto
no fuese, crecerían por esta gula y golosina espiritual en males sin cuento.
Por lo cual conviene mucho a éstos entrar en la noche oscura que habemos de
dar, para que se purguen de estas niñerías.
7. Estos que así están inclinados a estos gustos,
también tienen otra imperfección muy grande, y es que son muy flojos y remisos
en ir por el camino áspero de la cruz; porque el alma que se da al sabor,
naturalmente le da en rostro todo sinsabor de negación propia.
8. Tienen éstos otras muchas imperfecciones que de
aquí les nacen, las cuales el Señor a tiempos les cura con tentaciones,
sequedades y otros trabajos, que todo es parte de la noche oscura. De las
cuales, por no me alargar, no quiero tratar aquí más, sino sólo decir que la
sobriedad y templanza espiritual lleva otro temple muy diferente de
mortificación, temor y sujeción en todas sus cosas, echando de ver que no está
la perfección y valor de las cosas en la multitud y gusto de las obras, sino en
saberse negar a sí mismo en ellas; lo cual ellos han de procurar hacer cuanto
pudieren de su parte, hasta que Dios quiera purificarlos de hecho entrándolos
en la noche oscura, a la cual por llegar me voy dando priesa con estas
imperfecciones.
Fuente: Mercaba
