¿Te cuesta educar con alegría? ¿Estás haciendo que tú
y tu hijo os sintáis mal?
Dicen
que si educas a un niño pertinaz a hacer lo correcto, hará lo correcto con toda
la determinación de la que es capaz. Siempre y cuando no quiebres su voluntad. Educar a un hijo o una hija con mucho
carácter puede agotar todas tus energías si no pones esmero y creatividad en su
educación. Cuanto más astuto sea tu hijo, más difícil será tu trabajo como
padre o madre. Aquí tienes cinco consejos que te ayudarán a evitar la tensión
de educar a un chico o una chica de fuerte carácter y convertirla en diversión:
1.
Nunca luches para ver quién tiene la voluntad más fuerte: El truco para educar con amor a un niño
temperamental es no entrar nunca en una batalla de voluntades. Acabarás
agotado. Si ganas, habrás quebrado la voluntad de tu hijo. Si pierdes, será él o
ella quien habrá pasado por encima de ti.
Tu
trabajo no es enseñar a tu hijo quién está al mando usando penosas técnicas
disciplinarias. Tu trabajo es el de ayudar a que tu hijo reconduzca su
temperamento y lo ponga en buen uso, al tiempo que refuerzas ciertas normas
básicas del hogar. ¿Que es más fácil decirlo que hacerlo? Pues sí. Pero sigue
leyendo, porque tengo algunas ideas que te pueden ayudar a conseguirlo.
2.
Escribe las normas básicas del hogar y cíñete a ellas: Haz una lista de las reglas de casa y
asegúrate de que las escribes bien claras. Aquí
está nuestra lista.
Los más pequeños necesitan menos normas; intenta usar una norma por cada año de
edad: si tienes una niña de cuatro años, con cuatro normas será bastante, por
ejemplo.
Si
tienes varios hijos de diferentes edades, escribe las suficientes normas para
cubrir las necesidades del mayor. Colócalas en un lugar central de la vivienda,
como el frigorífico. Relee las normas de tu casa regularmente, una vez al día
al menos. Nosotros las revisamos cada mañana después de las oraciones.
Cuando
alguno de tus hijos rompa alguna, relee dicha norma para recordarla. Por
ejemplo, una de nuestras normas es “Sé agradecido, no envidioso”. Así que cada
vez que empiezan las quejas y los caprichos, les repito “Sé agradecido, no
envidioso”.
3.
Para los castigos no uses dolor, mejor consecuencias naturales y reflexión
personal: Con
un hijo temperamental, siempre existe la tentación de imponer la disciplina,
usando cada vez más y más muestras de fuerza, para demostrar quién está al
mando. Cuando un hijo o una hija pone a prueba tu paciencia, es fácil caer en
los castigos típicos de sin salir del cuarto, sin postre o una azotaina en el trasero.
O
simplemente, como pasa a la mayoría de padres y madres, recurrimos a los
gritos. Gritar y dar azotainas no son soluciones a largo plazo. Es posible
que den el resultado inmediato que buscas (que el infante cese un comportamiento
no deseado), pero en última instancia los gritos y los castigos físicos
conducen sencillamente a una lucha de voluntades que causa más mal que bien.
Más
que gritos y castigos corporales, lo que un niño necesita es una educación armonizada para
un desarrollo cerebral sano. Es entonces cuando tienes que ser un educador
creativo. En lugar de recurrir a castigos precipitados e irreflexivos como dar
azotes o quitar premios, opta mejor por medidas disciplinarias que requieran
reflexión o permitan a tu hijo o hija compensar por su comportamiento
inapropiado.
Por
ejemplo, si un niño se porta mal con otro, tal vez el que ha sido malo podría
compensar haciéndole algún favor al otro en forma de tarea del hogar o algún
gesto amable. Los más mayores pueden escribir cartas de disculpa para las
personas con las que han sido injustos. Nosotros a menudo pedimos a nuestros
hijos que escriban ensayos sobre las normas del hogar que han quebrantado. Los
castigos con escritura logran dos cosas: permiten al menor reflexionar sobre su
error y nos dan a todos un poco de tiempo y espacio para calmarnos.
La
doctora Joan Luby es profesora de psiquiatría infantil y directora del Programa
de Desarrollo Emocional Temprano en la Escuela de Medicina de la Universidad de
Washington en San Luis, Misuri, EE.UU. Sus investigaciones han demostrado que
la educación positiva de bebés de uno a dos años en situaciones de estrés, en
lugar de las reprimendas o el castigo corporal, se asocia a un incremento del
tamaño de ciertas zonas del cerebro.
4.
Reconducir los deseos egoístas: Los caprichos obstinados son fundamentalmente egoístas.
Nuestra labor como padres es redirigir esa gran fuerza de voluntad para
alejarla de deseos egoístas y conducirla hacia el bien. Ofrece a tu hija o hijo
oportunidades para el liderazgo, incluso si eso supone dejar a un crío de
tres años con carácter fuerte
al cargo de una situación
durante unos pocos minutos. Déjale que «vigile» a un hermano mientras preparas
la cena, por ejemplo.
Cuando
ya tengan edad de ir a la escuela, ayuda a tu hijo a reconducir su carácter
involucrándolo en alguna buena causa: un refugio de animales, un banco de
alimentos, cuidar de un vecino mayor, etc. Los niños mayores necesitan retos
reales que sirvan de válvula de escape a su carácter pertinaz, así que
plantéate encauzarles en proyectos deportivos, académicos o musicales que
pongan a prueba los límites de su fortaleza personal. Las actividades de
supervivencia al aire libre, rutas para senderismo, bicicleta o en canoa, por
ejemplo, son buenas opciones para el verano de un chico o una chica
temperamental.
5.
Calma el carácter fuerte de tu hijo a través de la ternura y el amor: Con un hijo o una hija de carácter
fuerte, es común que el cansancio y la frustración nos hagan olvidarnos de la ternura,
la dulzura y el cariño. Y es que sin nuestro ejemplo, nuestros hijos no pueden
aprender a ser amables y cariñosos por sí mismos. Dedica siempre alguna
actividad o momento del día para el contacto físico, para un abrazo, para una
conversación amable y cariñosa con tus hijos. Unos buenos momentos para ello
pueden ser las primeras horas de la mañana, a la vuelta del colegio y a la hora
de ir a dormir.
Invertir
en tu hijo o hija ahora es la mejor inversión de tu vida. Dedicar tu tiempo a
amar y educar a tus hijos te brindará abundantes dosis de alegría.
Fuente: Aleteia
