Pero cuando vemos a alguno de esos “alejados” mostrar una pequeña luz de fe, nuestros corazones se inflaman y la esperanza vuelve a nacer
Quienes hacemos algún
tipo de apostolado estamos acostumbrados a rebuscar la presencia de Dios para
poder explicarla de la forma más fácil y comprensible que podamos, y que el más
sencillo de nuestros interlocutores pueda comprender algo tan grande.
Nos rompemos la cabeza
intentando comprender las 5 vías de la existencia de Dios, nos quemamos los
ojos leyendo y tratando de traducir los documentos que el magisterio nos
ofrece, nos colgamos de frases de Santos y Papas; incluso algunos más
arriesgados, apelan a la creatividad y se proponen ideas menos convencionales
(pero no por eso menos efectivas) como mostrar videos, preparar presentaciones
de power point o visitar Catholic Link a diario para ver qué nuevo recurso
podrán utilizar en mi grupo de catequesis.
Dios nos hace el asunto
mucho más sencillo de lo que nosotros estamos acostumbrados. Él se ha hecho
hombre, ha pasado por las mismas experiencias humanas y cotidianas que todos
nosotros como el hambre, el frío, el sueño o el dolor de pies; por lo tanto
toda la experiencia humana habla de Dios, todo está lleno de Él, porque Dios
mismo experimentó todas estas cosas, convirtiéndolas en experiencias divinas.
Te proponemos algunas
ideas, para que vayas dándote cuenta que Dios ha estado ahí, pasando desapercibido
quizás, pero muy presente y atento. Estamos seguros que tú has experimentado la
existencia de Dios en tu vida y que es así como puedes comprender y explicar su
presencia real.
¡Comparte con nosotros cuáles han sido esas
experiencias!
1. La primera vez que fuiste padre o madre
Es difícil explicar la
sensación de dar vida. Dios es quien da la vida, pero en su infinito amor nos
permite ser co-creadores junto a Él y colaborar en su plan. Tener en tus brazos
algo tan tuyo, pero al mismo tiempo, tan producto de la voluntad y el querer de
Dios, es sin duda una experiencia espiritual.
2. Cuando te sorprendes con la inmensidad del cielo
Descubrir que lo que
podemos ver y comprender es diminuto, que todo está en las manos de alguien
mayor que tú. Nada puedes hacer para cambiar el color del cielo, las formas de
las nubes o la luz que llega a tu ventana. Y eso es solo lo que tus ojos alcanzan
a ver, ¡cuánto más hay en la creación que no somos capaces de ver ni de
comprender!
3. Cuando te descubres contemplando tus manos
Perfectas pero
imperfectas. Diseñadas tan hábilmente, de forma tan delicada pero a la vez tan
firmes. Mirar como el camino y los quehaceres las han ido modificando, pero al
mismo tiempo siguen siendo las mismas: esas que Dios pensó y diseñó para mí.
4. Al notar que has tenido una larga conversación contigo
mismo
No somos pedazos de
carne que forman parte de una maquinaria. Hay algo dentro nuestro que aspira a
lo alto, que busca lo mejor, que aún si saberlo, anhela a Dios. Descubrirte
conversar contigo mismo, planificando, confrontándote, resolviendo cosas
importantes. No eres producto de una casualidad, el ser tan complejos y tan
completos, es voluntad y producto de la inmensa creatividad de Dios.
5. Ese día que inexplicablemente tu corazón está en paz
Hay razones externas
como la tranquilidad económica, la salud física, la estabilidad familiar entre
muchas otras; pero cuando a pesar de que alguna de esas cosas no anda del todo
bien, igualmente en tu corazón hay una paz que no puedes justificar desde los
hechos, es como si alguien la hubiera puesto ahí.
6. Cuando te sientes amado
No es solo una cosa de
aceptación y autoestima, es más grande que eso. Es que sentirse amado es
sentirse digno, es comprender que hay valor en mi y aunque el amor humano es
limitado y lleno de flaquezas, este amor es una luz de cómo es el amor de Dios,
y nos da pistas sobre cómo es el sentirse amado por Él.
7. Cuando lo que le hombre ha construido te sorprende
Es como si aún quedaran
algunos suspiros de ese aliento inicial que formó todo en la creación. Estamos
tan acostumbrados a la inteligencia humana y que esta resuelva nuestros
problemas cotidianos, que no nos damos cuenta que basta con dar dos pasos para
atrás para contemplar y dejarnos asombrar por lo que el hombre ha hecho, por
cómo Dios nos ha regalado la inteligencia para poder colaborar con su
perfección y hacer cosas tan increíbles como los rascacielos y tan sencillas
como una cuchara.
8. Cuando quien menos lo esperas, tiene fe
Es común hacer algún
tipo de juicio sin querer sobre la fe y la vida espiritual de las personas;
incluso es común diagnosticar a algunos como “casos perdidos”, pues sabemos que
en su escala de valores, la experiencia de fe no entra. Pero cuando vemos a
alguno de esos “alejados” mostrar una pequeña luz de fe, nuestros corazones se
inflaman y la esperanza vuelve a nacer. Cuando les vemos persignarse, hablar de
Dios, compartir mensajes o frases relacionadas con Dios y lo espiritual, e
incluso cuando te piden oraciones, nuestros corazones se llenan de Dios y
comprendemos que Él está, incluso en aquellos que menos esperamos que esté.
9. Cuando luego de dar la pelea y rendirte, las cosas
comienzan a funcionar bien
Pareciera que Dios está
esperando a que lleguemos a nuestro límite y cuando ya no podemos hacer nada
más nosotros, comienza a actuar Él. Es probable que te haya ocurrido que las
puertas cerradas delante de ti, inexplicablemente comienzan a abrirse y esa
situación que casi no tenía arreglo, de un momento a otro se restaura y comienza
a funcionar.
10. Al acompañar a un ser querido en sus últimos momentos de
vida
Es doloroso, pero desde
la fe, es esperanzador y reconfortante acompañar a alguien a quien amas y que
este se vaya al encuentro con Dios teniendo paz en su corazón. Quienes han
acompañado a sus seres queridos en sus últimos momentos de vida sabrán reconocer
lo fuerte de la experiencia, pero también sabrán reconocer la inmensa paz y
consuelo que experimentan los corazones, al saber que el ser amado es recibido
por el Creador de vuelta en casa.
Artículo originalmente publicado por Catholic link
