Es un camino difícil de
comprender porque va contracorriente, pero el Señor nos dice que quien va por
este camino es feliz, antes o después es feliz”, aseguró Francisco
El Papa Francisco reflexionó el pasado domingo, día de Todos los Santos, sobre el Evangelio de San Mateo que narra
el pasaje de las Bienaventuranzas y dijo de ellas que son “el camino que
conduce al Cielo”
y hace feliz a quien lo recorre.
Como es tradición, el Pontífice celebró una Misa en la entrada del
Cementerio de Verano de Roma (el principal de la ciudad) con motivo de la
Fiesta de Todos los Santos que se celebra hoy. En su homilía comentó las
bienaventuranzas y recordó que Dios ha enviado a su Hijo “como semilla de paz
para la humanidad”.
“En definitiva, esta es la vía de la santidad, y es la misma vía
de la felicidad”, dijo Francisco. “Es el camino que ha recorrido Jesús, es
más, Él mismo es esta vía: quien camina con Él y pasa a través de él entra en
la vida, en la vida eterna”.
El Santo Padre reconoció a su vez que “es un camino difícil de comprender
porque va contracorriente, pero el Señor nos dice que quien va por este camino
es feliz, antes o después es feliz”, aseguró Francisco.
Comentando las palabras de Jesús “Beatos los pobres en el espíritu, porque
de ellos es el Reino de los Cielos”, Francisco explicó que “podemos
preguntarnos cómo puede ser feliz una persona pobre de corazón, cuyo único
tesoro es el Reino de los Cielos”.
“Pero la razón es esta: que teniendo el corazón despojado y libre de tantas
cosas mundanas, esta persona está ‘esperando’ en el Reino de los Cielos”.
“Beatos aquellos que lloran porque serán consolados: ¿Cómo pueden ser
felices los que lloran?”, se preguntó. “Y no obstante quien en la vida nunca ha
probado la tristeza, la angustia, el dolor, no conocerá nunca la fuerza del
consuelo”.
“Sin embargo pueden ser felices los que tienen la capacidad de conmoverse,
la capacidad de sentir en el corazón el dolor que hay en sus vidas y en la vida
de los otros”. “Estos serán felices porque la tierna mano de Dios Padre
los consolará y los acariciará”, manifestó.
Francisco también comentó la bienaventuranza “benditos los mansos” y señaló
que “nosotros, al contrario, ¡cuántas veces somos impacientes, nerviosos,
siempre preparados para lamentarnos!”.
“Hacia los demás tenemos muchas reclamaciones, pero cuando nos toca a
nosotros, reaccionamos alzando la voz, como si fuésemos los dueños del mundo,
cuando en realidad somos todos hijos de Dios”.
“Pensemos más bien en esas madres y padres que son tan pacientes con los
hijos que ‘les hacen impacientar’. Este es el camino del Señor: el camino de la
mansedumbre y de la paciencia”.
“Jesús ha recorrido este camino: de pequeño ha soportado la persecución y
el exilio; y después, de adulto, las calumnias, las trampas, las falsas
acusaciones en el tribunal; y todo lo ha soportado con mansedumbre. Ha
soportado por amor nuestro incluso la cruz”.
“Beatos aquellos que tienen hambre y sed de justicia, porque serán
saciados: Sí, aquellos que tienen un sentido fuerte de la justicia, y no solo
hacia los otros, sino ante todo hacia sí mismos, serán saciados”. Ellos “están
preparados para acoger la justicia más grande, aquella que sólo Dios puede
dar”.
Por último, “beatos los misericordiosos porque encontrarán
misericordia”. “Felices aquellos que saben perdonar, que tienen misericordia
por los otros, que no juzgan todo y a todos, pero buscan ponerse en el lugar de
los otros”.
El Santo Padre añadió que “el perdón es de lo que todos tenemos necesidad, ninguno
está excluido”.
“Por esto al inicio de la Misa reconocemos aquello que somos, es decir,
pecadores. Y no es un modo de decir, una formalidad: es un acto de verdad”.
“Señor, aquí estoy, ten piedad de mí. Y si sabemos dar a los otros el
perdón que pedimos para nosotros, somos dichosos” y “como decimos en el
Padrenuestro: perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden”.
“Bienaventurados los que buscan la paz, porque ellos serán llamados hijos
de Dios: Miremos el rostro de los que siembran cizaña, ¿son felices?”.
“Aquellos que buscan siempre las ocasiones para engañar, para aprovecharse
de los otros, ¿son felices?”, se volvió a preguntar el Papa.
“No, no pueden ser felices. Pero aquellos que cada día, con paciencia,
buscando sembrar la paz, son artífices de paz, de reconciliación, estos sí son
beatos, porque son verdaderos hijos de nuestro Padre del Cielo, que siembra
siempre la paz, hasta el punto de mandar al mundo a su Hijo como semilla de
paz para la humanidad”.
El Papa invitó a los fieles a pedir “al Señor la gracia de ser personas
simples y humildes, la gracia de saber llorar, la gracia de ser mansos, la
gracia de trabajar para la justicia y la paz, y sobre todo la gracia de
dejarnos perdonar por Dios para ser instrumentos de su misericordia”.
“Así han hecho los Santos, que nos han precedido en la patria celeste.
Ellos nos acompañan en nuestro peregrinaje terreno, nos animan a ir
hacia adelante”, dijo también.
“Que su intercesión nos ayude a caminar en la vía de Jesús, y obtenga la
felicidad eterna para nuestros hermanos y hermanas difuntos, por los cuales
ofrecemos esta Misa”.
Fuente: Aciprensa