Un vídeo grabado con un móvil en
el interior del A320 de Germanwings muestra que Dios sigue vivo en el corazón
de las personas
Rafael Navarro Valls, catedrático y académico/secretario
general de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación, ha publicado
en el diario español El Mundo una interesante reflexión sobre "cuando
todo se ha perdido, y cuando a la persona humana ya no le queda otra cosa que
rendirse ante el desastre, es entonces cuando parece llegar el momento
de Dios".
Navarro-Valls escribe sobre la tragedia del avión
A320 de Germanwings y como Dios sigue muy presente en los
acontecimientos, a pesar de que este siglo fue profetizado por los gurús del
progresismo como "el primer siglo del ateísmo":
«El picado
suicida del avión A320 de Germanwings, se acelera a 300 metros de la montaña y
colisiona a más de 750 km/h .
»El aparato se
desintegra y los 150 ocupantes sucumben instantáneamente por la insania
y la insidia del joven copiloto Andreas Lubitz.
»A partir de ese momento
se desencadena -junto con un movimiento de solidaridad mundial- una
avalancha de opiniones sobre las causas del accidente: estudios,
análisis técnicos, psiquiátricos y legales.
»Forenses, pilotos,
psicólogos, especialistas en ADN, psiquiatras, juristas, policías, políticos,
técnicos en indemnizaciones … todos hacen notar sus puntos de
vista.
»Probablemente es el desastre aéreo más intensa y
extensamente cubierto de toda la historia de los acontecimientos
mediáticos.
»Un video grabado en el interior del A320, obtenido de la
tarjeta SIM de un móvil, resalta un nuevo aspecto más
trascendente, hasta ahora en penumbra.
»Según la transcripción
difundida por Paris Match y el diario alemán Bild, lo más impactante
de la grabación de pocos segundos es el sonido.
»Un sonido en
el que, junto a las exclamaciones de terror, se escuchan tres frases
nítidas de idéntico significado en idiomas distintos: “Ay,
Dios mío”, Oh my God y Oh mein Gott. Menos claramente se escucha
también la expresión: “Señor, Señor”. Luego, el
silencio.
»Es una muestra estremecedora de que cuando ya nada funciona,
cuando el miedo y el horror hacen que la esperanza se derrumbe; cuando
todo se ha perdido, y cuando a la persona humana ya no le queda otra
cosa que rendirse ante el desastre, es entonces cuando parece llegar el
momento de Dios.
»A los familiares de las víctimas les queda
el consuelo de aquella inscripción encontrada en una vieja tumba:
“Cuando me necesitéis en la tierra, buscadme en el
cielo”.
»Una muestra más de que omitir a Dios en la
historia humana es tanto como pensar que una novela que no tiene autor
pueda sostener un argumento.
¿Por qué a mí, por qué a los
míos, por qué así?
»Pero este sentimiento de consuelo para los
cercanos a las víctimas no siempre se impone sobre otro más inquietante:
¿Por qué a mí, por qué a los míos, por qué así? Es como obligar
a una persona abrazarse a una verdad tan lejana como una cumbre
nevada.
»Es ese aspecto trascendente al que antes me refería y que se
contiene en esta pregunta clave: ¿Es Dios responsable de los actos que un
copiloto suicida realiza? Desde luego Dios podría impedirlos, pero a
costa de la libertad humana.
»Es curioso cómo la llamada
libertad de contrariedad (posibilidad de elegir el bien o el mal) es una
prerrogativa del hombre. Dios no tiene esa libertad, es decir, no puede
hacer el mal ni quererlo positivamente, sólo
permitirlo.
»Recuerdo, con este motivo, que los debates y
desencuentros sobre la independencia entre Gandhi y Lord Irwin (el Virrey de la
India) eran tan constantes que llevó a una notable tensión entre
ellos.
»Un día, estando en el ashram (oratorio) de Gandhi, un amigo y
seguidor quiso apaciguar las diferencias diciendo: "Mahatma, debe usted
saber que lord Irwin jamás toma una decisión sin rezar
antes".
»Gandhi reflexionó unos minutos sobre lo oído. Después
dijo: "¿Y por qué cree usted que Dios le aconseja mal por sistema?".
Era evidente que el culpable no era Dios sino la libertad de decisión
de los contendientes en la trifulca.
¿Ha muerto Dios
?
»Probablemente una mayor formación teológica ayudaría a explicar
mejor la perplejidad del creyente o no creyente ante una de las cuestiones más
endiabladamente complejas de la existencia humana: la presencia del
mal.
»Sin embargo, este aspecto de la formación es poco
valorado. Un profesor de la Harvard Divinity School (una especie de Facultad de
Teología existente en algunas universidades americanas) decía quejoso: “Siempre
nos recortan el presupuesto. No somos científicos ni capitalistas. No combinamos
genes, ni creamos software. No amasamos grandes fortunas. Nos dedicamos
a Dios, así que, al parecer, no somos importantes”.
»Coincido
con él en denunciar el error de enfoque de aquellas autoridades
académicas.
»El gran no-acontecimiento del siglo XX fue la
llamada “muerte de Dios”. Los intelectuales de fin de siglo no
coincidían con Nietzsche en su afirmación de que Dios había muerto, pero
confiaban en que habría muerto para comienzos del siglo
XXI.
»Suponían que la creencia en Dios desaparecería de
Occidente, y que sólo las sociedades retrógradas conservarían la
superstición religiosa.
»Pero –como dice Paul Johnson– “aquí estamos, al
cabo de lo que presuntamente era el primer siglo del ateísmo, con Dios
vivito y coleando y presente en el corazón de miles de millones de
personas en todo el mundo”. Incluidas las asesinadas en el avión A320 de
Germanwings».
Fuente: /ReL
