"Si mi fusil de asalto causó muertes, eso significa que yo soy responsable de la muerte de personas"
P.J.Ginés/Rel
¿Cuántas personas han muerto por el fusil Kaláshnikov, con 80 o quizá 100 millones de unidades repartidas por el mundo, creado en 1947 y aún utilizado? En el ejército actual de Afganistán, que están formando la OTAN y los países aliados, han tenido que ceder a la pasión que el AK-47 (acrónimo de Avtomat Kaláshnikova modelo 1947) sigue despertando: un arma «anticuada, aunque no obsoleta», dicen las revistas especializadas.
Sin nazis, ¿lo habría inventado?
Ahora aparece una carta emotiva que escribió y
firmó en mayo 2012, enviada al Patriarca Kirill de Moscú, 19 meses antes de
morir y ahora publicada
íntegra en Izvestia. Pese a tantos homenajes y
celebraciones, se sabía vinculado a la muerte de millones de personas, aunque no
directamente responsable de ellas.
»Cuando yo, a
los 91 años de edad, traspasé el umbral del templo, mi alma temblaba y me sentía
que ya había estado allí. Quizás, así se siente sólo un bautizado, y yo sí que
fui bautizado en 1919, en una iglesita del pueblo de Kuria, en
Altay. Gloria a Dios, ahora el templo de mi bautizo en mi patria se
reconstruye, y estoy agradecido de que puedo apoyar esta obra santa… Y estoy
alegre porque me había negado a que se construyera un museo dedicado a mí mismo
en aquel preciso lugar, donde ahora se erige el templo de San Miguel, volado por
los aires en los 30.
Uno de los colectivos que durante 60 años han sufrido una
y otra vez ser encañonados por el AK-47 es el de los misioneros.
"Cuando acudíamos al ejército para pedir
protección en nuestras escuelas, hospitales y misiones,más de una vez el
comandante nos ofrecía la posibilidad de prestarnos unos cuantos fusiles para
nuestro propio uso, gentileza acompañada de un cursillo rápido de manejo del
arma. Huelga decir que siempre nos negamos en redondo. Una vez que me ví delante
de un grupo de guerrilleros para una negociación de paz en el bosque y
me espetaron: “¿Dónde has dejado tu fusil?”, me limité a meterme la mano
en el bolsillo y mostrarles el rosario que llevaba sin decir una
palabra".
P.J.Ginés/Rel¿Cuántas personas han muerto por el fusil Kaláshnikov, con 80 o quizá 100 millones de unidades repartidas por el mundo, creado en 1947 y aún utilizado? En el ejército actual de Afganistán, que están formando la OTAN y los países aliados, han tenido que ceder a la pasión que el AK-47 (acrónimo de Avtomat Kaláshnikova modelo 1947) sigue despertando: un arma «anticuada, aunque no obsoleta», dicen las revistas especializadas.
Su creador, el ingeniero
militar soviético Mijail Kaláshnikov, fallecido a los 94 años en
diciembre de 2013 tras una larga enfermedad, creó un fusil ligero,
fácil de usar, muy resistente, de alta efectividad y bajo costo. Lo usan 50
ejércitos del mundo y luce en la bandera nacional de Mozambique. En el mercado
negro de Siria se vende hoy por 2.400 euros.
Sin nazis, ¿lo habría inventado?
Kaláshnikov diseñó el arma cuando se recuperaba de una
herida sufrida en combate en la Segunda Guerra Mundial. En 2007, con motivo del
60 aniversario de su invento mortal, dijo que los nazis así fueron los
responsables de su invento, que su verdadera vocación era «diseñar maquinaria
agrícola». Presumía de su eficacia técnica: un arma al que le lanzabas
arena en su mecanismo y seguía funcionando.
Pero aunque como técnico
Kaláshnikov estaba orgulloso del mecanismo, espiritualmente sufrió mucho, sobre
todo en sus últimos años, aunque dice que la herida de su alma se abrió
ya en 1941.
Kaláshnikov, por lo vivido en
los años 40, quizá no pudo haber hecho otra cosa. En su carta expresa
dolor, duda, inquietud, humildad... no un arrepentimiento directo.
Es un
hombre, un general del Ejército Rojo, también un hijo de campesina, que
ha vuelto a la fe cristiana en su ancianidad y ha reflexionado sobre el
bien y el mal, que no están en las líneas del frente de batalla, sino mezclados
en el corazón de cada hombre.
"Mi dolor espiritual es insoportable",
escribe al Patriarca este anciano general retirado de 92 años. Estos son algunos
de los párrafos de su carta de mayor contenido espiritual.
»Mi herida del alma abierta en 1941 no me
deja en paz ni de día ni de noche. ¿Cómo pudo ser que un gran país, una
potente industria de defensa, una fuerte escuela de constructores que tenía
muchas muestras de ramas ejemplares en la etapa de desarrollo, cuando llegó la
hora del combate, no pudo proveer a sus soldados con nada para defenderse?
No teníamos armas automáticas, ni ametralladoras, y sólo el legendario
rifle de Mosin, uno para cada tres.
»Y el destino dispuso que
un muchacho de Altay, hijo de los antiguos kulaks deportados a Siberia,
tanquista y sargento, se convirtió en constructor de armas que pudo, en
los más difíciles cuatro años, plasmar su sueño en un arma maravillosa,
AK-47….
»…Mi dolor del alma es insoportable, me atormenta siempre
la misma pregunta sin respuesta: si mis armas quitaban la vida a las
personas, ¿significa eso que también yo, Mijail Kaláshnikov, hijo de una
campesina, creyente, cristiano y ortodoxo, soy culpable en la muerte de las
personas, aunque fueran enemigos?...
»…En los duros años de la II Guerra
mundial, cuando los hombres soviéticos como nunca necesitaban firmeza interior,
el estado ateo cambió su actitud respecto a la fe ortodoxa: en las
ciudades y aldeas se abrieron los templos, el repicar de las campanas
llenaba el aire, de la boca de un pueblo ateo salieron las oraciones…
»…
Ya hace 20 años que vivimos en un nuevo país. Como si se hubiera roto algo por
dentro, hay un gran vacío en el alma, y el corazón sufre una pérdida
irrecuperable…
»Además de las preocupaciones sobre los hijos y los
nietos. Y otra vez, como en los años tormentosos de la guerra, el pueblo se
acerca a Dios, intenta entender su lugar en la Tierra y en el Universo. La
Iglesia y la fe se arraigan en la sociedad rusa. ¡Y esto está muy bien! Pero hay
algo que no puede sino preocupar: Crece el número de los templos y
monasterios en nuestra tierra, ¡pero el mal no disminuye! El mal adquiere otras
formas, más sofisticadas….El bien y el mal conviven, son vecinos,
luchan el uno con el otro y, lo más terrible, se reconcilian en las
almas de las personas – eso es lo que he alcanzado en el ocaso de mi
vida terrenal…
»… A mí también el Señor me dio acercarse, ya mayor y con
ayuda de unos amigos, a los santos misterios de Cristo, confesarme y
comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo de mano del padre Víctor,
el párroco del templo de San Miguel Arcángel en Izhevsk.
»Y especialmente me agrada que se me haya dado la
posibilidad de plantar al lado del templo un cedro traído desde mi
patria, el pueblo de Kuria. Si Dios quiere, de lo que hoy es un palito
crecerá un árbol digno que adornará la vida espiritual de mis paisanos. La gente
mirará al Templo y el Árbol y pensará en la proximidad de estos eternos símbolos
del Bien y de la Vida.
La carta, escrita en papel personal de
Kalashnikov, acaba firmada así: Un siervo de Dios, el diseñador Mijaíl
Kalashnikov.
Los misioneros bajo el
kaláshnikov
Al
cumplirse su aniversario en 2007, José Carlos Rodríguez, que fue misionero
comboniano muchos años en Uganda explicaba en su blog que al ser un arma
ligera y fácil se entregó sistemáticamente a los ejércitos de niños soldados en
África. En los años 80 en África eran mucho más baratos, estaban de
saldo: se vendían a veces a 20 euros.
"En los años
1980, durante el régimen de Obote en Uganda, que combatía a la guerrilla de
Museveni, los nerviosos y desarrapados soldados con el kalashnikov al hombro era
una estampa de la vida cotidiana en Kampala", recuerda Rodríguez.
"En 1986, Museveni tomaba el poder con un ejército
compuesto en su gran parte por niños. La silueta de chavales de apenas
diez años con chaquetas de uniforme demasiado grandes para ellos con el AK-47,
con la mirada perdida, es una de las imágenes que no se me borrarán
nunca. [...] El nuevo gobierno insistió en que había que “desmitificar el
fusil”, como elemento ideológico fundamental del nuevo partido del Movimiento de
Resistencia Nacional. Recuerdo cómo la prensa de aquellos años publicaba
tristes fotos de sonrientes monjas (directoras de escuelas) que se entrenaban en
el desmonte de las armas".
Y la combinación de AK-47,
niño-soldado y droga y alcohol era mortal. Muchos grupos drogaban a sus chicos
para que luchasen sin miedo, de forma suicida.
"Donde me harté
de la sombra del AK47 fue durante mis 18 años en el norte de Uganda, en
la zona de guerrilla. Los ataques mortíferos, sobre todo realizados de noche
contra aldeas y ciudades, se realizaban al son del ruido ensordecedor de los
fusiles que escupían su carga mortífera. No recuerdo la de veces que me
he visto delante de un guerrillero, casi siempre niños, que me encañonaba con el
AK y me hacía pensar que aquel era el último minuto de mi vida",
recuerda el misionero español.
"Cuando acudíamos al ejército para pedir
protección en nuestras escuelas, hospitales y misiones,más de una vez el
comandante nos ofrecía la posibilidad de prestarnos unos cuantos fusiles para
nuestro propio uso, gentileza acompañada de un cursillo rápido de manejo del
arma. Huelga decir que siempre nos negamos en redondo. Una vez que me ví delante
de un grupo de guerrilleros para una negociación de paz en el bosque y
me espetaron: “¿Dónde has dejado tu fusil?”, me limité a meterme la mano
en el bolsillo y mostrarles el rosario que llevaba sin decir una
palabra".
"Cuando pienso en los millones de inocentes que han
perdido la vida en África al ser disparados por este verdadera arma de
“destrucción masiva”, recuerdo los pocos momentos felices en que hemos
podido convence a un grupo de guerrilleros que se entregaran, y les hemos
montado en el coche, donde han depositado los fusiles, les hemos llevado a la
misión y tras contactar a los militares del gobierno y decirles que podían
llevarse las armas les hemos pedido: “Destrúyanlas, por favor”. Es el
mejor destino que puede darse a un fusil Kalashnikov".
