En su catequesis de ayer, el Papa León retomó la reflexión del Concilio Vaticano II sobre la dignidad de la persona humana, uno de los temas centrales de la Constitución Gaudium et spes
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| Momento de ternura del Papa León XIV (@Vatican Media) |
La persona humana no vale por lo que tiene, por lo que
hace ni por las capacidades que posee. Su dignidad nace de algo mucho más
profundo: haber sido creada por Dios a su imagen y semejanza y haber sido
redimida por Cristo. Desde esta verdad, Gaudium et spes sigue ofreciendo una
mirada profundamente actual sobre quiénes somos y cómo estamos llamados a vivir
con los demás.
En su catequesis de hoy, el Papa León retoma la
reflexión del Concilio Vaticano II sobre la dignidad de la persona humana, uno
de los temas centrales de la Constitución Gaudium et spes. La
Constitución reconoce que el esfuerzo de la humanidad por defender los
derechos y la dignidad de cada persona constituye uno de los grandes logros de
la historia. Sin embargo, advierte también que este camino no está terminado.
Todavía existen situaciones y decisiones que desfiguran la dignidad humana y
dificultan que sea reconocida en toda su profundidad.
La
dignidad humana brota del mismo ser de la persona
El Papa
afirmó que la Iglesia ofrece con claridad su contribución, recordando oque la
dignidad humana brota del mismo ser de la persona. La dignidad de la persona,
señaló, no es algo que la recibe de la sociedad ni que pueda perder por
sus circunstancias. No depende de la riqueza, de la posición social, de las
capacidades, de los éxitos o fracasos, ni siquiera de las decisiones acertadas
o equivocadas que pueda tomar. La dignidad pertenece al mismo ser de la
persona. Es un don que la precede y que tiene su origen en Dios.
“La
dignidad infinita del ser humano, por tanto, se arraiga en su identidad de
criatura hecha «“a imagen de Dios”, capaz de conocer y amar a su Creador»,
proyecto y don de amor que trasciende las demás realidades creadas, las cuales
están confiadas a su cuidado «para gobernarla y usarla glorificando a Dios»”
Más
adelante, el Santo Padre recordó que la persona implica siempre relación,
comunión y participación con respecto a Dios y a los demás;
“Por
lo tanto, una relación filial con Dios Padre y una relación fraterna con Cristo
y con todos los seres humanos. Excluye los cierres autorreferenciales. Ser
persona significa percibirse a sí mismo como un don que hay que compartir,
creciendo y madurando en la acogida, la reciprocidad y el servicio.”
El
cuerpo humano no puede ser tratado como un objeto
Gaudium et spes presenta
además al ser humano como una unidad de cuerpo y alma. La dignidad abarca a la
persona entera y, por eso, el cuerpo tampoco puede ser tratado como un simple
objeto del que se pueda disponer arbitrariamente. La vida corporal forma parte
de la persona y merece respeto y cuidado.
“«No
debe […] despreciar la vida corporal del hombre», y es necesario «tener por
bueno y honrar a su propio cuerpo, como criatura de Dios que ha de resucitar en
el último día», vigilando que este no « permita que lo esclavicen las
inclinaciones depravadas de su corazón» (GS, 14), puesto que todos nosotros
estamos heridos por el pecado.”
La
intelilgencia, la conciencia y la libertad
La
dignidad se manifiesta de manera especial en tres capacidades que caracterizan
a la persona: la inteligencia, la conciencia y la libertad. La inteligencia nos
impulsa a buscar la verdad. La conciencia permite reconocer esa verdad y
orientar la propia vida. Y la libertad nos hace capaces de decidir y, al mismo
tiempo, responsables de nuestras decisiones.
“Son
dimensiones estrechamente vinculadas entre sí: es en la conciencia donde la
verdad es reconocida como tal y donde la libertad puede experimentarla como su
fundamento y posibilidad.”
El
Espíritu Santo, que da vida en Cristo, nos recordó el Papa, nos hace libres y
nos asegura constantemente nuestra dignidad de hijos de Dios, liberándonos del
miedo y guiándonos hacia la meta última: aquella vida en plenitud más allá de
la muerte que Cristo nos ha prometido: solo en Él encuentra verdadera luz el
misterio del hombre; de Él recibimos luz sobre el enigma del dolor y de la
muerte, y con Él caminamos hacia la resurrección.
Patricia Ynestroza
Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News
