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| Virgen de Guadalupe. Crédito: Arzobispado de Toledo. Dominio público |
Desde la Sala Capitular Jerónima del
Real Monasterio de Guadalupe, el Arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Cerro, y
el Arzobispo de Mérida-Badajoz, Mons. José Rodríguez Carballo,
destacaron la relevancia internacional de este santuario, subrayando su
papel como corazón de la devoción mariana en España y su proyección universal.
La devoción a la Virgen de Guadalupe
en España se remonta al siglo XIII y se celebra cada año el 8 de septiembre y
es diferente, aunque comparte nombre, con la advocación mexicana, cuyas
apariciones se produjeron en 1512 y se celebra cada 12 de diciembre.
En
la carta pastoral conjunta con motivo del Año Santo Guadalupense, los
arzobispos de Toledo y Mérida-Badajoz, junto a los Obispos
de Coria-Cáceres, Mons. Jesús Pulido y de Plasencia,
Mons. Ernesto Jesús Brotóns, y el auxiliar de Toledo, Mons. Francisco
César García Magán, señalan que en el rostro de la Virgen de Guadalupe “nos
alcanza el amor y la ternura de Dios, la esencia del Evangelio”.
Así animan a dejarnos mirar por ella, “que sabe bien de nuestros
gozos y fatigas, nos acompaña y sale presurosa a nuestro encuentro en nuestros
temores y soledades. Nos invita, en estos tiempos recios que nos está tocando
vivir, a confiar, a no tener miedo”.
En
referencia al santuario mexicano hermanado con el de España, los
prelados afirman que “a nadie sorprende que, entrañada en el corazón de
nuestros misioneros, la dulce advocación de Guadalupe fuera llevada desde
Extremadura a tierras lejanas para echar raíces no sólo en México, sino en todo
el continente americano”.
“¿Cómo no
recordar a los ‘Doce Apóstoles de México’?, aquellos doce frailes
franciscanos que, desde el cercano monasterio de Belvis de Monroy, partieron a
tierras lejanas con el Evangelio en la mano y la devoción a nuestra Virgen de
Guadalupe en el corazón y en los labios. Hoy, siglos después, el dulce nombre
de María, en la advocación de Nuestra Señora de Guadalupe, nos
hermana”, añaden.
Los prelados destacan que María “encarna la imagen del discípulo
perfecto, porque supo adherirse total y responsablemente a la voluntad de
Dios”, como Virgen y esposa “nos da ejemplo de total pertenencia, consagración
y abandono a Dios y a la persona y obra de su Hijo, de total acogida y
receptividad a la acción del Espíritu”, y su presencia al pie de la cruz
“manifiesta una especial misión salvífica” que ilumina la vida de la Iglesia
como “hogar de puertas abiertas” y “fraternidad de
hermanos" llamada a "engendrar a Cristo para el mundo”.
El Monasterio de Guadalupe en Extremadura, donde se venera esta
antiquísima devoción española, quiere configurarse en este año jubilar como
“lugar de búsqueda y encuentro”. En este sentido, los prelados presentan el
lugar como “una pequeña Betania” que acoge al peregrino como “buscador de
Dios, de paz, de sentido y de esperanza”.
“Hogar que acoge a los peregrinos,
símbolo de los lazos que unen a América y España, Guadalupe se alza como lugar
de acogida y encuentro”, subrayan.
En referencia a las indulgencias concedidas durante el jubileo,
los obispos añaden que el monasterio “es lugar para, de la mano de nuestra
Madre de Guadalupe, descansar en Él y dejarnos abrazar por su misericordia,
abrazo que sana, restaura y levanta”.
Por otro lado, los prelados destacan que “no es posible amar a
la Virgen y no amar al hermano, al pobre, al que sufre. No es posible amar a la
Virgen y no aceptar a la Iglesia como misterio de comunión”.
En una aproximación al contexto social y político nacional e
internacional, los prelados recuerdan que la Virgen es invocada en las letanías
como Reina de la Paz: “Impotentes ante tanto dolor, acudimos a nuestra Madre de
Guadalupe, a Ella que ha sido capaz de hermanar pueblos a ambos lados del
océano, como protectora y guía en la búsqueda de la paz”.
El mensaje de los prelados concluye recordando que Extremadura
se consagró en 1956 al Inmaculado Corazón de María, e invitando
a seglares, sacerdotes, consagrados, asociaciones e instituciones a
no dejar “que este jubileo pase de puntillas por nuestras vidas y comunidades”.
“Mientras nos sostenga esa mirada tierna de la Morenita,
Extremadura no estará huérfana, ninguno de nosotros estaremos huérfanos.
Dejémonos guiar por el Espíritu de Dios, que nos invita a confiarnos por
completo al cuidado de la Virgen y actúa en Ella para que interceda por
nosotros y nos ayude, con su mediación suplicante y su ejemplo, a entregarnos
sin reservas a Dios Padre y seguir los pasos de Jesús”, concluyen, antes de
ponerse bajo el amparo de la Virgen de Guadalupe.
Por Nicolás
de Cárdenas
Fuente: ACI
