TEN VALENTÍA PARA PEDIRLE A DIOS QUE DESTRUYA TUS PLANES

Cuando te atrevas a pedirle a Dios que destruya tus planes si no convienen a tu salvación, recompensará tu valentía con creces, solo confía en Él

Crédito: Andrey_Popov

Somos humanos y tenemos muchos deseos por cumplir, por eso hacemos planes sin pensar en que, quizá, no podremos lograrlo aunque nos sintamos eternos e invulnerables. Por eso, hay que tener valentía para decirle al Señor Dios que dependemos totalmente de Él y que, si nuestros planes no nos convienen, es mejor que los destruya.

El Señor siempre nos escucha

Encontramos en la Sagrada Escritura advertencias sobre lo que es mejor para nosotros:

"Los humanos multiplican sus proyectos, pero se cumplen los planes del Señor" (Pr 19, 21).

En este mundo que hoy está de cabeza con tantos conflictos, debemos recordar que Dios no se desentiende de nosotros. Nos permite ejercer nuestra voluntad libremente, pero también escucha cuando clamamos por su ayuda. A veces, con una breve súplica, nos ayuda sin que nos demos cuenta.

Por eso, no debe extrañarnos que las cosas no salgan como las teníamos en mente. Ha sido el Señor el que intervino para evitarnos un mal. Aunque, de pronto, no nos guste el resultado.

Tal vez ese proyecto no convenía a nuestra salvación, a lo mejor hubiese acabado con algo más importante o nos absorbería de tal manera que lo verdaderamente trascendente quedaría relegado al último lugar.

Piensa en ese trabajo, en alguna empresa, en las vacaciones postergadas, en el dinero perdido, en la inversión que no fructificó, en la relación con esa persona... y tantos sueños acariciados que se esfumaron cuando te atreviste a decir: "Todo está en tus manos, Señor".

¿De qué te habrá librado Dios?

Parece una frase trillada, pero es siempre certera: Dios sabe mejor que nosotros lo que nos conviene. Leemos en el salmo 33:

"El Señor deshace los planes de las naciones, frustra los proyectos de los pueblos; pero el plan del Señor subsiste por siempre; los proyectos de su corazón, de edad en edad" (Sal 33, 10-11). 

En el Señor no hay fallas ni errores, pero en nosotros, sí. ¿Cómo podríamos atrevernos a reprocharle algo que al fina nos hará mucho bien?

Para eso, san Agustín nos ayuda a clarificar nuestro pensamiento:

"La soberbia hace su voluntad; la humildad hace la voluntad de Dios" (Comentarios al Evangelio de San Juan, Tratado 25, Sección 16).

Siempre habrá algo mejor

Cuando algo acaba, sin duda duele mucho, pero al final siempre llega algo mejor. Así es que, hagamos que aflore la valentía en nuestro corazón, y, ante todo, la confianza en el Señor. Digámosle con toda nuestra fe:

"Señor, pongo en tus manos mis planes, sueños y proyectos. Ayúdame a cumplirlos todos y cada uno, pero si sabes que pueden poner en peligro mi salvación, destrúyelos y mejor dame lo que me convenga". Amén.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia