La medalla de la Inmaculada Concepción, la ‘Medalla Milagrosa’, cumple un nuevo aniversario. El origen de este objeto de piedad está inspirado en las revelaciones que la Virgen María hizo de manera privada a Santa Catalina Labouré, religiosa perteneciente a las Hijas de la Caridad.

Medalla Milagrosa/Crédito: Wikipedia/ De Sienne
Las apariciones
de la Madre de Dios tuvieron lugar en la ciudad de París (Francia) cuando el
primer tercio del siglo XIX estaba por concluir.
En la noche del 18 al 19 de julio de
1830, un misterioso niño apareció en la habitación de Catalina Labouré, en ese
momento novicia de las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl. El niño se
dirige a la santa y le pide que vaya a la capilla.
Una vez en la capilla, rodeada del más absoluto silencio,
Catalina eleva la mirada y se encuentra cara a cara con la Virgen María. De
rodillas, empieza una intensa conversación con la Madre de Dios. El diálogo
entre la religiosa y la Virgen se prolonga durante horas, hasta que la
Inmaculada hace ademán de despedirse. En ese instante, María inspira en el
corazón de Catalina un deseo especial que refrenda con unas dulces palabras:
‘Mi niña, te voy a encomendar una misión’”.
Las gracias derramadas
No es hasta el 27 de noviembre del mismo año, 1830, cuando la
religiosa vuelve a tener una visión de la Virgen. Esta vez, María aparece de
pie sobre lo que parece ser la mitad del globo terráqueo, sosteniendo una
pequeña esfera dorada en sus manos y con la mirada en dirección al cielo.
Al instante, la Madre de Dios le
explica a Catalina que la esfera representa al mundo, y de manera particular a
Francia. De los dedos de la Virgen, adornados con joyas, brotan rayos de luz.
Estos son, continua María, las gracias que Ella obtiene para aquellos que se
las piden; mientras que algunas de las joyas no brillan y representan, precisa
la Virgen, a “las gracias que están disponibles, pero que nadie ha pedido”.
‘María, sin pecado concebida’
En una tercera aparición, la Virgen María le muestra a Santa
Catalina la inscripción que rodea su figura celestial: “Oh, María, sin pecado
concebida, ruega por nosotros que recurrimos a ti”.
Entonces, la Madre de Dios insta a
Catalina Labouré a que acuñe una medalla en la que se reproduzca lo que han
visto sus ojos y le promete que “quienes lleven puesta [la medalla] recibirán
grandes gracias, especialmente si la llevan alrededor del cuello”.
María, canal de gracia
Catalina Labouré cuenta a su confesor cada una de las
apariciones, pero no es sino hasta poco antes de morir que la vidente revela
que el diseño de la medalla de la Inmaculada Concepción le había sido revelado
cuarenta y siete años atrás.
Las primeras medallas fueron acuñadas en 1832, con la debida
aprobación eclesial. Estas fueron distribuidas por todo París. La devoción se
propaga rápidamente y miles de favores y gracias son concedidas a través de
ella. Así, la gente empieza a llamar a la medalla “la Medalla Milagrosa”.
Santa Catalina Labouré murió en 1876 y el Papa Pío XII la
declaró santa en 1947. La festividad de la Virgen de la medalla milagrosa se
celebra el 27 de noviembre.
La Medalla
En la parte frontal de la Medalla Milagrosa aparece la imagen de
la Virgen María, de pie sobre la esfera del mundo como Reina del cielo y de la
tierra. Además, tiene sometida bajo su pie a la serpiente que representa a
Satanás. El tentador no tiene poder frente a Ella.
En el reverso de la Medalla hay doce estrellas que simbolizan a
los doce apóstoles y, por ende, a la Iglesia entera. Las estrellas rodean a la
letra ‘M’, que representa a María, y desde la letra se erige una cruz, que es
Cristo. Dos corazones de los que brotan llamas de fuego aparecen uno al lado
del otro.
Como ya se ha sugerido, la historia de la Medalla Milagrosa
empieza con las visiones de Santa Catalina Labouré en 1830, cuando la Virgen le
muestra “el diseño” de lo que sería la Medalla. Constituye una delicadeza de
Dios que la imagen a ser acuñada fuera una referencia directa a María concebida
sin pecado: alrededor de dos décadas después de estos sucesos sería proclamado
el dogma de la Inmaculada Concepción de María, en 1854.
En 1836 tiene lugar una investigación canónica en torno a las
visiones de Santa Catalina Labouré con resultados expectantes. La Iglesia
declara que las apariciones de la Virgen son auténticas.
Devotos y apóstoles
Algún
tiempo atrás, en el año 2020, el Padre Félix Álvarez CM (fallecido en diciembre
de ese mismo año), entonces director nacional de la Asociación de la Medalla
Milagrosa, en declaraciones a la agencia católica Alfa y Omega, recordaba que la
misión de la asociación es “ante todo, promover el amor a María a través de los
más necesitados”.
No se debe perder de vista el sentido misionero y apostólico de
la devoción a la Medalla de la Inmaculada Concepción. Portar la Medalla es
signo del tesoro de la obra de la Salvación. Es precisamente María quien nos
ayuda a profundizar en ese misterio. El amor a Nuestra Madre nos acerca y
asemeja a Jesús, Salvador de la humanidad. Él amó a su Madre y a nosotros sus
hijos al punto de dar su vida.
Fuente: ACI