CUSTODIO DE TIERRA SANTA: LA CRUZ NO SE EXPLICA CON PALABRAS, SE ATRAVIESA CON CRISTO

En la cruz exaltamos el amor que permanece fiel hasta el final

Crédito: Diócesis de Santander

Fray Francesco Ielpo, custodio de Tierra Santa, señaló que "la cruz no se explica con palabras", sino que es atravesándola con Cristo como se halla esperanza en la prueba, tras hermanar el Santo Sepulcro con el Santuario de Santo Toribio de Liébana.

Este emplazamiento español es uno de los cinco lugares santos de la Iglesia Católica junto a Jerusalén, Roma, Santiago de Compostela y Caravaca de la Cruz. Desde los años 60 del siglo XX, frailes franciscanos custodian el lignum crucis, el mayor que se conserva en el mundo.

 

Tras recorrer durante unos días algunos lugares de la Diócesis de Santander (España), el fraile franciscano acudió este 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, al santuario donde se celebró el acto de hermanamiento y una Misa presidida por Mons. Arturo Ros.

El custodio de los Santos Lugares, encargado de predicar durante la celebración eucarística, señaló que la basílica y el santuario son "dos lugares unidos por un mismo misterio. El misterio de la cruz. El misterio de un amor que llega hasta el final".

En referencia a las lecturas de la fiesta, señaló que el desierto es "el lugar de la prueba" en el que "desaparecen nuestras seguridades y somos llamados a decidir en quién ponemos nuestra confianza". Como sucedió al pueblo de Israel o al propio Jesús, añadió, "la tentación es siempre la misma: confiar en Dios o confiar únicamente en nosotros mismos".

Por otro lado, recordó que los israelitas miraban la serpiente de bronce para sanar y Jesús señaló que de igual modo "tiene que ser elevando el Hijo del hombre".

"También la cruz, humanamente hablando es una paradoja. ¿Cómo puede un instrumento de muerte convertirse en fuente de vida? ¿Cómo puede un hombre derrotado y crucificado ser el Salvador del mundo?", se preguntó, antes de responder: "Es precisamente aquí donde se manifiesta el modo de actuar de Dios".

En la cruz exaltamos el amor que permanece fiel hasta el final

Fray Franceso Ielpo añadió al respecto que, cuando miramos la cruz vemos "un gran amor", porque "no nos muestra solamente hasta qué punto el hombre es capaz de hacer sufrir, nos muestra sobre todo hasta dónde Dios es capaz de amar".

Este es el motivo por el que la Iglesia exalta la Cruz. "No exaltamos el dolor, la violencia, la muerte. Exaltamos el amor que, en medio del dolor y de la muerte, permanece fiel hasta el final".

Para el custodio de Tierra Santa, "nosotros querríamos vencer eliminando el sufrimiento. Cristo vence atravesándolo; nosotros querríamos vencer el mar con la fuerza. Cristo lo vence con la entrega de sí mismo; nosotros querríamos salvarnos a nosotros mismos. Cristo salva entregándose a sí mismo".

"Es precisamente de aquí de donde nace la esperanza cristiana", añadió, porque la cruz "no nos promete una vida sin sufrimiento", sino algo mayor: "Ya no existe sufrimiento alguno en el que no Dios no pueda estar presente".

"Por eso, —prosiguió el fraile— la cruz no se explica con palabras. La cruz se atraviesa y es atravesándola con Cristo como descubrimos que también el lugar de la prueba puede convertirse en el lugar donde Dios se manifiesta como amor".

El "largo desierto" de Tierra Santa

En referencia a la situación de Tierra Santa, que atraviesa "un largo desierto hecho de guerra, miedo, violencia, sufrimiento y falta de perspectivas", Fray Francesco Ielpo compartió que son muchos los que preguntan por "dónde es posible encontrar todavía una esperanza".

"Desde el Gólgota, nosotros, los cristianos, no podemos ofrecer explicaciones fáciles, pero podemos señalar una cruz y decir: Dios no ha abandonado al hombre en el Gólgota. Dios entró en la herida de la humanidad y a pocos pasos del Gólgota hay un sepulcro vacío", añadió el custodio.

Significado profundo del hermanamiento

"Por eso la cruz es esperanza. Porque la cruz lleva dentro de sí la esperanza de la resurrección", afirmó, subrayando que "este es el significado más profundo del hermanamiento" entre ambos lugares santos que están "llamados sobre todo a custodiar y anunciar el significado de la cruz".

Así, desde Jerusalén, "el Gólgota sigue diciendo al mundo: 'Tanto amó dios al mundo'. Desde Liébana, el lignum crucis sigue recordándonos que este amor llegó hasta la cruz".


"Desde Santo Toribio. Dirigimos espiritualmente nuestra mirada hacia Jerusalén, hacia el Gólgota; y, desde Gólgota, miramos hacia el sepulcro vacío. Este es el camino de nuestra fe: del desierto a la confianza, de la tentación al abandono en Dios. De la cruz a la vida, de la herida a la esperanza. Porque la cruz nos dice que hemos sido amados sin medida, amados hasta el final", concluyó.

Por Nicolás de Cárdenas

Fuente: ACI Prensa