VIRGEN CONSAGRADA, ¿CUÁL ES SU PAPEL EN LA IGLESIA?

El Ordo Virginum se recuperó hace pocos años, por eso, la existencia y el papel en la Iglesia de una virgen consagrada es aún desconocido para muchos

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En nuestros días es menos raro encontrar hombres y mujeres solteros sin pareja, situación que todavía hace unos cuantos años se consideraba un estigma. Sin embargo, aún estamos algo lejos de apreciar el papel del Ordo Virginum en la Iglesia y más aún, en el mundo y cómo una virgen consagrada cabe en esta sociedad tan diversa.

La virginidad antes

Encontramos en el Antiguo Testamento que las vírgenes solamente permanecían en ese estado mientras se casaban; por eso, no tener hijos era considerado una humillación, como ocurrió con la hija de Jefté, según leemos en el libro de los Jueces (Jc 11, 37).

Fue hasta el Nuevo Testamento que comenzaron a cambiar las cosas. El mismo Jesús permaneció célibe y pidió a sus discípulos dejarlo todo: bienes, familia, mujer e hijos, para seguirlo libremente.

San Pablo también abrazó el celibato para predicar el evangelio.

Pero, ¿qué hay con las mujeres? la instrucción Ecclesiae Sponsae Imago Sobre el Ordo Virginum dice al respecto que:

"Desde los tiempos apostólicos, esta expresión del Misterio de la Iglesia ha encontrado una manifestación totalmente peculiar en la vida de aquellas mujeres que, correspondiendo al carisma evangélico suscitado en ellas por el Espíritu Santo, con amor esponsal, se han dedicado al Señor Jesús en virginidad, para experimentar la fecundidad espiritual de la íntima relación con Él y ofrecer los frutos a la Iglesia y al mundo".

Esta relación de las "esposas de Cristo" con su Señor suscitó en ellas una entrega y fidelidad absolutas, como refiere el documento, sobre todo durante los tres primeros siglos del cristianismo en donde:

"Numerosísimas vírgenes consagradas sufrieron el martirio por permanecer fieles al Señor. Entre ellas Águeda de Catania, Lucía de Siracusa, Inés y Cecilia de Roma, Tecla de Iconio, Apolonia de Alejandría, Restituta de Cartago, Justa y Rufina de Sevilla. Cesadas las persecuciones, la memoria de las vírgenes mártires permaneció como viva llamada a la entrega total de sí, como exigía la consagración virginal".

Sin embargo, este estado de vida se diluyó con el tiempo debido a la aparición de la vida monástica, lo que derivó en que las vírgenes se convirtieran en monjas o religiosas.

La virginidad y su papel en la Iglesia

Lo anterior nos lleva a reflexionar sobre el papel de las vírgenes en el mundo. Ellas, "por amor a Cristo, sumamente amado, renuncian a la experiencia del matrimonio humano, para unirse a Él por un vínculo esponsal, para experimentar y testimoniar en la condición virginal (1 Cor 7, 34) la fecundidad de esa unión, y anticipar la realidad de la comunión definitiva con Dios a la que toda la humanidad está llamada (Lc 20, 34-36) (ESI 18).

Por eso, es obvio que con la liberación sexual - y el desorden que conlleva - resulte extraño escuchar hoy que existan mujeres vírgenes y que se dediquen a servir en la Iglesia, sin ser monjas.

Pero, aunque no vivan en comunidad, sí hacen voto de castidad perpetua ante un obispo, dedican tiempo a la oración y viven "en sus ordinarias condiciones de vida", por eso podemos encontrar maestras, abogadas, secretarias, comunicadoras, empresarias, amas de casa y más "cuya vitalidad se manifiesta en una múltiple riqueza de carismas personales que se ponen al servicio de la edificación de la Iglesia y de la renovación de la sociedad según el espíritu del Evangelio".

Aún hay mucho camino por andar, pero con el resurgimiento de esta especial vocación, los obispos han retomado la atención pastoral del Ordo Virginum, quienes pueden asumir ministerios y trabajos pastorales, siempre con el debido acompañamiento espiritual, dando testimonio de la vivencia del Evangelio en la vida cotidiana.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia