Escucha, tiempo y silencio
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Joane nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
A lo largo del
día y de la noche, por las ventanas se cuela el sonido de los insectos.
Cigarra, saltamontes… Recuerdo cuando era pequeña mi afición por los grillos y
por encontrarlos en sus guaridas.
Había que
emplear tres elementos para lograrlo: escucha, tiempo y silencio.
Primero había
que descubrir de dónde venía el sonido para localizar la zona en la que
estaban. Después se trataba de escuchar y guardar silencio, de dar pasos
sigilosos hasta que, inevitablemente, te detectaban y callaban.
Entonces te
quedabas quieta como una estatua, para que no sintieran tu presencia. Volvías a
escuchar, sin moverte lo más mínimo. Ellos volvían a emitir su sonido y
lograbas aproximarte un paso más. Así, hasta llegar a su agujero.
Era una hazaña.
Y podía invertir todo el tiempo del mundo en aquel proceso.
Estos tres
ingredientes, escucha, tiempo y silencio, son esenciales para encontrar
respuestas en Jesús.
Porque en el
silencio podemos escuchar, y para poder escuchar tenemos que perseverar.
Jesús quiere
hablarte. Quiere dar respuesta a lo que llevas dentro. Pero el ruido nos
asusta: las preocupaciones, las inquietudes, las prisas, las dudas… Todo parece
reclamar nuestra atención y, a veces, terminamos creyendo que Dios está lejos
porque no conseguimos oírle.
Sin embargo, no
está lejos.
Nos cuesta
quedarnos quietos y experimentar que, después de un rato, el sonido vuelve.
Siempre vuelve. Porque estamos bajo Su mirada, el Señor te ama y te quiere
Feliz.
Jesús no busca
necesariamente lo extraordinario para hablarte al corazón. Se hace presente en
un susurro, en una inquietud en la que regala Su Paz, en una persona, en algo
que ocurre…
Hoy el reto del
amor es que vivas el día desde la escucha, el tiempo y el silencio. Coge el
Evangelio, lee un pasaje en alto escuchando y después deja que Jesús te hable
al corazón.
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
22 julio 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
