La historia de una profunda amistad espiritual, una revolución religiosa y una producción artística que transformó la literatura universal
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| La «Transverberación de Santa Teresa con San Juan de la Cruz ante la Sagrada Familia» |
Durante el
siglo XVI, España vivió en el mismo momento histórico el auge
cultural de su rica tradición literaria y una profunda crisis espiritual. La
Iglesia Católica buscaba renovarse frente a la reforma protestante de Martín
Lutero. En este escenario, Santa Teresa de Jesús y San
Juan de la Cruz utilizaron las raíces más internas de su orden
religiosa (los Carmelitas) para conseguir dejar en el imaginario español la
mayor muestra de literatura mística y didáctica de nuestra historia universal.
La Mística
de la Acción
Teresa de Ávila
vivió entre los años 1515 y 1582. Durante toda su vida defendió que la
espiritualidad no estaba reñida con la vida diaria, ya que «entre los
pucheros anda el Señor». Practicó de esta manera un misticismo sumamente
práctico, que se podía aplicar con facilidad a la vida ordinaria.
Esto se
demuestra con la lectura de su producción literaria. Teresa escribe en prosa
con un estilo directo, coloquial y llano. Evitó la retórica culta típica de la
época, ya que prefería el lenguaje que se hablaba en la calle,
lleno de metáforas cotidianas de su tiempo. Su obra cumbre, Castillo
interior, fue escrita en 1577 y es considerada una de las creaciones
maestras de la psicología mística. En el tratado, la santa compara el alma con
un castillo de siete aposentos para llegar a Dios.
Rigor
teológico y perfección poética
San Juan de la
Cruz (1542-1591) fue el encargado de aportar profundidad teológica,
poética y filosófica al movimiento literario. Su mística es más
intelectual, ascética y radical. A diferencia de Teresa, utiliza una estructura
poética culta (la lira italiana) y un lenguaje de altísima densidad simbólica.
Su producción se divide en poemas mayores y tratados en prosa que comentan esos
mismos poemas.
Sus obras de
mayor calidad literaria son Cántico Espiritual y Noche
Oscura del Alma. La primera de ellas, inspirada directamente en el Cantar
de los Cantares de la Biblia, narra el diálogo amoroso entre la Esposa
(el alma) y el Esposo (Dios), en donde ambos buscan el encuentro
definitivo. En Noche Oscura del Alma describe el proceso
de purificación que debe seguir el alma para poder unirse con Dios, vaciándose
de los sentidos, las pasiones y el intelecto para poder así quedarse a oscuras
antes de recibir la luz divina.
Gran amistad
y legado común
Santa Teresa de
Jesús fue la encargada de fundar la Orden de las Carmelitas Descalzas,
rama católica que lleva por bandera la pobreza dentro de la clausura, siempre a
través de la oración constante. En 1567, conoció en Medina del Campo a un joven
monje de 25 años: Juan de la Cruz. Teresa, que le doblaba la edad, lo convenció
para que extendiera su reforma al sector masculino de la
orden.
El autogobierno
femenino para una orden religiosa en donde las mujeres gestionaban su propia
comunidad de forma igualitaria, la enseñanza de que la unión mística con Dios
era una relación íntima de amistad con el Creador y la
propuesta de retorno a lo austero de manera radical hicieron de los Carmelitas
Descalzos una auténtica revolución religiosa en su tiempo.
Ambos santos
fundaron decenas de conventos por toda España, enfrentando juicios de la
Inquisición, persecuciones de sus propios hermanos de orden y la dureza
de la época. A pesar de tener personalidades muy distintas —Teresa era
extrovertida, enérgica y organizadora; Juan era callado, menudo y profundamente
introspectivo— ambos compartían la misma meta: la unión mística con Dios.
Hoy en día,
ambos son considerados Doctores de la Iglesia y referentes
mundiales tanto de la teología cristiana como de la poesía lírica en lengua
castellana. Su escritura no nació por ambición artística, sino por una
necesidad práctica: explicar a sus monjes y monjas experiencias espirituales
que las palabras normales no alcanzan a describir.
Federico León García
Fuente: El Debate
