EL REMEDIO INFALIBLE PARA SANAR TUS MALES ESTÁ CERCA DE TI

 El cuerpo humano es débil y tarde o temprano se enfermará, por eso, es fundamental entender que hay un remedio infalible que te sanará de todos tus males

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El ser humano perdió la inmortalidad cuando cometió el pecado original (Gn 3, 6-7). Desde entonces tenemos que luchar con las enfermedades que aquejan el cuerpo - y hay que agregar también el alma y la mente -, convirtiéndose en males que buscan remedio para recuperar la salud. Y sí, existe una fórmula infalible.

El remedio no está en las energías

Es verdad que la medicina ha avanzado a pasos agigantados. Y nos han dicho que el cuerpo puede desarrollar males provenientes del alma y de la mente, conocidas como enfermedades psicosomáticas. Por eso, cuando se realizan exámenes, los resultados son negativos, pero el mal persiste.

Y en el afán de encontrar soluciones a las que la ciencia no ha dado respuesta, mucha gente recurre a "terapias" alternativas con manejo de energías, brujos, chamanes, cuarzos, amuletos, New Age y más. No obstante, no hay mejoría o es temporal.

¿En qué radica el verdadero remedio?

Cristo es la medicina

El Señor Jesús es el remedio a todos los males. En su Cuerpo Santísimo encontramos todo lo que el alma requiere para volver a tener salud. Y no hay nada que una buena confesión no resuelva, sobre todo si se hace general, rascando hasta el último rincón para que salga a la luz ese pecado que está pudriendo el alma.

Sana tu espíritu y después sanará tu cuerpo. ¿Qué responde Jesús a los pecadores que se acercaban buscando un milagro? "Tu fe te ha sanado", "Vete y no peques más".

Y leemos que, como preludio de la sanación física, está primero la del alma:

 En esto le presentaron un paralítico, acostado en una camilla. Viendo la fe que tenían, dijo al paralítico: «¡Ánimo, hijo!, tus pecados te son perdonados».  Algunos de los escribas se dijeron: «Este blasfema».  Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo: «¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir: “Tus pecados te son perdonados”, o decir: “Levántate y echa a andar”?  Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados —entonces dice al paralítico—: “Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa”».  Se puso en pie y se fue a su casa (Mt 9, 1-7).

La enfermedad es purificadora

Sin embargo, recordemos que el cuerpo se deteriora conforme pasan los años y, tarde o temprano, llegará la muerte. Cuando se asome la enfermedad a tu vida, no dudes en pedir al Señor que te devuelva la salud. Porque si es su voluntad y será para tu salvación, volverás a estar sano.

Pero si no, ten confianza en que Dios está permitiendo tu purificación o la de alguien más, a través de tu sufrimiento, si se lo entregas como ofrenda. Ningún dolor será en vano, nada se perderá porque el Señor Jesús te ama infinitamente y te recompensará por tu paciencia.

Recuerda que Él ya pagó por nosotros y que todo lo que llegue a nuestra vida tendrá una razón. Acude al Señor en tus penas, tribulaciones y enfermedades, porque Él te será tu remedio infalible para sanar completamente.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia