La tarde de este lunes, 8 de junio, el Papa León XIV encontró a la Comunidad diocesana de Madrid, en el Estadio Santiago Bernabéu.
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| Ingreso del Papa al estadio Santiago Bernabéu (@Vatican Media) |
A los
representantes de esta Iglesia particular, el Pontífice les recordó que, “hay
que volver a aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso
el anuncio del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición
impersonal y, al perder eficacia, deja espacio a la frustración y la
desconfianza”.
“La bondad,
aunque sea de unos pocos, puede vencer el miedo de muchos. Sed, para todos,
como una Biblia abierta: que en vuestros rostros y en vuestra vida se pueda
encontrar la Palabra de Dios. El amor, efectivamente, es el lenguaje que hace
que todos se sientan como en casa”, este fue el aliento del Papa León XIV a los
participantes en el Encuentro con la Comunidad diocesana de la capital
española, a quienes encontró este lunes, 8 de junio, en el Estadio Santiago
Bernabéu, de Madrid, España.
El arte de
la polifonía, la unidad en la diversidad
Tras haber
escuchado los testimonios de los representantes de las diferentes realidades de
la Iglesia madrileña, el Santo Padre manifestó su alegría de poder unir su voz
a este gran himno de fe, a la de una familia eclesial que está aprendiendo el
arte de la polifonía, es decir, de la unidad en la diversidad. Y comentando las
palabras que le dirigió el Arzobispo de Madrid, el Papa dijo que, “los números,
los datos y los hechos no son suficientes para generar comunidad”.
“Nuestro
corazón necesita cantar, es decir, interpretar los acontecimientos y las
situaciones celebrando con los demás el sentido que irradian. Para la Iglesia,
esto ocurre de manera singular en la liturgia, el gran Memorial de la historia
que nos ha salvado”.
También hoy
el amor de Cristo nos apremia
En este
sentido, el Papa León señaló que, el canto es una expresión esencial de la vida
y la cultura cristiana, capaz de transmitir tanto alegría como esperanza en
medio de las dificultades. Por ello, la Iglesia diocesana está llamada a ser
testigo del Evangelio en diversos ámbitos de la sociedad, acompañando a las
personas en su búsqueda de nuevas oportunidades. De ahí que el Pontífice indicó
que, la alegría cristiana no es una emoción pasajera, sino una actitud profunda
y permanente que fortalece a la comunidad y refleja el mensaje de los
apóstoles, quienes invitan constantemente a vivir con alegría.
“Es la
Evangelii gaudium, una respuesta coral a la obra de Dios en Jesucristo: su
vida, muerte y resurrección han cambiado para siempre la percepción de la
historia de quienes lo han encontrado y seguido, aunque sea de formas y por
caminos diferentes. También hoy el amor de Cristo nos apremia (cf. 2 Co 5,14)
—el verbo que utiliza san Pablo, synèchei, significa además ‘nos cautiva’, ‘nos
mantiene unidos’, ‘nos posee’— y así nos llama a la responsabilidad de la
acción”.
El Bautismo
cambia verdaderamente la vida
Y al referirse
a uno de los testimonios, el Santo Padre indicó que, el Bautismo transforma
profundamente la vida de las personas al centrar sus valores, prioridades y
acciones en Cristo. Gracias a este sacramento, los dones y capacidades
individuales dejan de orientarse únicamente al beneficio personal y pasan a
ponerse al servicio de los demás y del bien común. No hay que temer el hecho de
que nunca produzca uniformidad.
“Al
respecto, el Nuevo Testamento da testimonio, en la variedad de sus voces, de la
comunión en la diversidad, es decir, de la comprensión que desapareció en
Babel, donde todos, según el relato bíblico, obligados a un proyecto
totalitario y meramente humano, terminaron por no entender a su prójimo”.
En la
pluralidad de voces existe la posibilidad de edificar juntos
Y al citar el
numeral 10 de la Encíclica Magnifica humanitas, el Papa León
propone como alternativa a la homologación y confusión, la figura de Nehemías,
que involucra a toda la comunidad para reconstruir los muros de Jerusalén.
«Hoy,
reconstruir significa reconocer que, en la pluralidad de voces y visiones que a
veces recuerda la dispersión de las lenguas, existe, sin embargo, una
posibilidad luminosa: la de edificar juntos, transformando la diversidad en un
recurso y haciendo de la escucha y del diálogo el terreno común en el cual
hacer crecer la justicia y la fraternidad. Y, en esta obra compartida, los
cristianos encuentran su propia forma de construir: orientar la acción hacia
Dios, para que, bajo su luz, el pluralismo no se disperse en el desorden, sino
que, en la práctica de la sinodalidad, se convierta en el espacio en el que la
humanidad recupere sus cimientos sólidos y su fin último».
Una relación
especial entre la Iglesia y la ciudad
Por ello, el
Santo Padre subrayó que, existe una relación especial entre la Iglesia y la
ciudad, que se vuelve más importante en los tiempos de cambio. Esta relación se
manifiesta tanto en los vínculos personales y comunitarios como en la presencia
de asociaciones e instituciones. En las grandes ciudades, la misión cristiana
adquiere características propias al desarrollarse en medio de una cultura
urbana nueva y en constante evolución.
“La claridad
sobre este punto ha madurado mucho a lo largo del camino sinodal, lo que nos ha
permitido conocernos y escucharnos con mayor profundidad en los contextos en
los que la comunidad diocesana vive y se configura. La pregunta que se vuelve
más importante es: lo que somos y hacemos como cristianos, ¿llega «allí donde
se gestan los nuevos relatos y paradigmas», o sea, a los «núcleos más profundos
del alma de las ciudades» (ibíd. 74). Es cierto que dar una respuesta puede ser
difícil, pero es posible si buscamos juntos la verdad”.
Hay que
cultivar la conciencia de que la verdad es sinfónica
De ahí que el
Pontífice recuerda que, para llegar al corazón de la ciudad hay que cultivar la
conciencia de que la verdad es sinfónica y siempre nos supera, cultivar el
deseo de encontrar al Resucitado, que siempre va por delante de nosotros, nos
precede y tal vez ya esté presente donde aún no lo hemos buscado. Por eso,
buscarlo y seguirlo es la condición para indicarlo: de lo contrario, no hay
evangelización, y hoy podemos entender esto mejor que en el pasado.
“En las
grandes ciudades, más que en otros lugares, a veces nos parece que ya no
tenemos los mapas para movernos con seguridad. Entonces hay que volver a
aprender el arte espiritual de ser cordiales, sin el cual incluso el anuncio
del Evangelio corre el riesgo de convertirse en una repetición impersonal y, al
perder eficacia, deja espacio a la frustración y la desconfianza”.
Dios conoce
uno a uno los corazones de sus habitantes
Asimismo, el
Papa León XIV señaló que, Madrid es una gran ciudad donde conviven tradiciones
y “almas” diferentes. Dios conoce uno a uno los corazones de sus habitantes.
Los conoce como sólo Él sabe y puede hacerlo, es decir, en el amor y, por
tanto, en la libertad. Él es misericordia infinita y quiere que todos se
salven. Lo desea hasta el punto de hacerse carne y cargar sobre sí todo el
pecado, el mal y lo negativo del mundo. ¡He aquí a Jesucristo! ¡He aquí la
Buena Nueva, la gracia que hemos recibido y que estamos llamados a compartir
con todos! Porque todos, sin excepción, están hechos para la vida y para la
vida en plenitud.
“La
presencia de la Iglesia en una gran ciudad es una parábola de este misterio de
salvación. Me viene a la mente el libro de Jonás, una joya de la Biblia que os
invito a leer o a releer, personalmente y en comunidad. No es fortuito que
fuera precisamente en las ciudades donde los apóstoles implantaron la Iglesia
naciente, encontrándose no sólo con el rechazo, sino también con la acogida
allí donde, de forma más natural, las personas se enfrentan a la diversidad y
al cambio”.
¡Nada os
turbe, nada os espante!
Juntos, como
Iglesia diocesana, afirmó el Pontífice, podemos ofrecer el testimonio
evangélico que desata las mejores fuerzas de una humanidad bombardeada de
imágenes y palabras, pero hambrienta de justicia y sedienta de verdad.
Disponeos a acoger los nuevos comienzos no como una excepción, sino como la
regla de la misión.
“La
inversión en los consejos parroquiales y diocesanos no tiene un objetivo menor
que este: modificar la sensibilidad de cada uno gracias a una escucha más
profunda de lo que el Espíritu dice a la Iglesia. Sería una lástima reducirlos
a meros trámites burocráticos. Son espacios de escucha recíproca para el
ejercicio del discernimiento, sin el cual no sólo cada uno va por su camino,
sino que corremos el riesgo de no comprender dónde nos quiere el Señor, qué
espera de nosotros, a qué conversiones nos llama. Cuando atendemos estos
espacios, entonces el culto se convierte en vida y entre las personas surgen
lazos de fraternidad y proyectos de solidaridad”.
Reconocer la
práctica del discernimiento comunitario
De ahí, que el
Santo Padre invitó a los presbíteros a reconocer la práctica del discernimiento
comunitario como una de las mayores oportunidades que la sinodalidad ofrece a
su ministerio. Y sin apartarse de lo esencial, el hecho de deteneros
regularmente con vuestro pueblo para interpretar la vida de los barrios, los
cambios culturales, las tensiones sociales y las prácticas eclesiales a la luz
del Evangelio enriquecerá y consolará vuestro ministerio. También ayudará a
salir del aislamiento y a experimentar la alegría del Espíritu Santo.
“En efecto,
cuando reducimos la vida eclesial a una rutina en la que cada uno permanece
encerrado en sus hábitos y en su papel, lo que nos falta es el Espíritu. Éste
suscita vocaciones y las une, provocando a veces agitación, discusión, búsqueda
de nuevos equilibrios. No os espantéis de todo esto, disfrutadlo”.
El ritmo
contagio del Evangelio
Las anécdotas
que hemos escuchado esta noche, dijo el Papa León XIV, nos cuentan, o mejor
dicho “nos cantan”, cuánta vida hay en esta Iglesia. Y recordando algunos de
los testimonios de la comunidad diocesana, el Pontífice indico que esta es la
Iglesia, con su ritmo contagioso del Evangelio.
“¡He aquí la
Iglesia, queridos hermanos y hermanas! He aquí la música del Evangelio, con su
ritmo contagioso. Cuando llega al corazón, hace que uno diga haberse sentido
acogido con los brazos abiertos, como la hermana que vino desde Perú a Madrid.
Muchos, como ella y su familia, al comienzo sienten temor a acercarse, pues han
oído hablar de prejuicios y decepciones”.
Renato Martínez
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
