Las palabras del Pontífice fueron precedidas por un canto de bienvenida, un saludo del Cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, la oración y la lectura del Evangelio.
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Una rosa de oro para la Almudena: el gesto de León XIV – INFOVATICANA |
El Pontífice
presidió la oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la catedral
madrileña, donde evocó la historia de la patrona de Madrid para invitar a los
fieles a reconstruir la esperanza y fortalecer la unidad frente a los desafíos
del mundo actual.
En un clima de
profunda devoción mariana, el Papa León XIV presidió este lunes 8 de junio de
2026 por la tarde la oración y homenaje a la Virgen de la Almudena en la
Catedral de Santa María la Real de la Almudena, en Madrid. Ante numerosos
fieles y autoridades eclesiásticas, en el marco del tercer día de su Viaje
Apostólico a España, el Pontífice dirigió un mensaje centrado en la esperanza,
la fe y la necesidad de superar las divisiones y temores que afectan a la
sociedad contemporánea.
Las palabras
del Pontífice fueron precedidas por un canto de bienvenida, un saludo del
Cardenal José Cobo Cano, arzobispo de Madrid, la oración y la lectura del
Evangelio.
Al inicio de su
homilía, el Santo Padre agradeció la acogida de don José y destacó la
importancia espiritual de la Virgen de la Almudena para el pueblo madrileño.
Recordó que la patrona de Madrid ha acompañado durante siglos la vida de los
creyentes y ha sido signo de protección y unidad en momentos difíciles de la
historia.
León XIV evocó
especialmente el episodio histórico en el que la imagen mariana fue escondida
dentro de la muralla de la ciudad para protegerla durante tiempos de
persecución religiosa. Según la tradición, la talla permaneció oculta durante
años hasta ser hallada intacta tras el derrumbe de un tramo del muro.
"Fue
gracias a una muralla demolida que se produjo el reencuentro de la Madre con su
pueblo. Y este hecho es providencial, porque señala el camino que Jesús, a
través de su Madre Santísima, nos invita a recorrer", agregó el Papa,
quien explicó: "En un primer momento, una muralla que cae provoca ruido,
caos, desorden; pero también abre espacios, restaura posibilidades e impulsa
restablecimientos".
El Pontífice
utilizó esta imagen como símbolo para reflexionar sobre los desafíos actuales.
"En nuestras sociedades actuales siguen existiendo aún muchas murallas que
no protegen, sino que dividen, alejan y aíslan", afirmó. También acotó que
a veces, "al pensar en que derribarlas supone tener que enfrentar lo que
no nos gusta, preferimos la comodidad de sólo apuntalarlas y, más
frecuentemente, de ignorarlas".
No obstante, el
mensaje de Nuestra Señora de la Almudena, con su presencia y la seguridad de su
protección, es otro:
“Para
edificar algo nuevo, hermoso y duradero hay que estar dispuestos a destruir los
muros, porque para reemprender la ruta son necesarios espacios que nos permitan
vislumbrar el horizonte.”
Por ello,
convencidos de que el Señor camina con su Pueblo santo, escucha sus temores
y acoge con solicitud todos sus esfuerzos de bien, el Obispo de Roma
exhortó a todos "a no desfallecer en vuestro testimonio de fe, para
contemplar el designio de amor del Padre; de caridad, para uniros como una
única familia de hermanos y hermanas; y de esperanza, para sosteneros en
vuestra acción en el mundo".
Además, deseó
que "con el ejemplo y la intercesión de Santa María la Real de la
Almudena, la Virgen del Magníficat que sigue proclamando la grandeza del Señor
y exultando en Dios su Salvador, Él custodie y fortalezca vuestro amor a Jesús
y a la Iglesia, de modo que podáis ser constructores de vínculos que restauren
el lenguaje universal de la comunión, el amor fraterno y la concordia". Y
haciendo suyas algunas palabras del himno dedicado a ella, encomendó a todos al
potente auxilio de su maternal amor:
Santa María
de la Almudena,
Virgen y
Madre del Redentor,
Reina del
Cielo, Madre de Amor,
bajo tu
manto, Virgen sencilla
buscan tus
hijos la protección,
Madre
amorosa, Templo de Dios,
ampáranos
Señora y ayúdanos a ser
constructores
de paz y reconciliación.
Amén.
Posteriormente,
el Pontífice depositó la Rosa de Oro y rezó junto a la asamblea antes de
impartir la Bendición Apostólica. Para este momento tan especial, se quitó la
peana que hay normalmente a los pies de la Virgen, en su camarín, y se instaló
una nueva columna con un centro de plata.
La Rosa de Oro
es una distinción pontificia de carácter extraordinario que los Papas conceden,
de manera excepcional, a determinadas advocaciones marianas como signo de
especial veneración y reconocimiento espiritual.
Este honor fue
instituido en 1049 por el Papa León IX, antecesor en el nombre del actual
Pontífice. En sus primeros siglos, además de otorgarse a imágenes de la Virgen,
también era concedido a figuras destacadas por su defensa de la fe católica.
Entre ellas estuvo la reina Isabel II, gran devota de la Virgen de la Almudena
y donante de uno de sus mantos, quien recibió esta distinción en 1868.
Con la
concesión a la Virgen de la Almudena, ya serán cuatro las advocaciones marianas
españolas distinguidas con la Rosa de Oro, junto a la Virgen de la Cabeza de
Jaén (2009), la Virgen de Montserrat (2023) y la Esperanza Macarena de Sevilla
(2024).
Sebastián Sansón Ferrari
Ciudad del
Vaticano
Fuente: Vatican News
