«El Cántico del cordero», última obra-entrevista del cardenal guineano, se presenta como una auténtica guía frente a los abusos litúrgicos
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| "No basta con transmitir los fundamentos de la fe, debemos permitir que Cristo nos transforme", dice el cardenal a los sacerdotes. |
Recientemente
ha visto la luz en las librerías de todo España El
Cántico del cordero. Una publicación editada por Palabra que reúne
al cardenal Robert Sarah y a Peter Carter,
responsable de la formación en música sacra de líderes emergentes, con un
objetivo: orientar a la Iglesia universal, fieles y pastores, sobre los
principios que deben guiar el debate cada vez más actual en torno a la renovación
litúrgica.
Cerca de 300
páginas llevarán al lector por un recorrido que comienza analizando la
naturaleza misma de la liturgia, la participación desde el canto, el silencio o
la música sacra y que concluye ofreciendo dos llamados a las vías de la belleza
y de la cruz.
La publicación
no elude, sin embargo, la actual “crisis de cultura litúrgica” que Sarah
llama a superar. Para ello, contrapondrá un esperanzador llamado a la
renovación frente a una revolución litúrgica que equipara al “non serviam” de
Lucifer.
El cardenal
Ranjith, autor del prólogo, alerta de cómo ese proceso habría llevado a la
liturgia a ser, en ocasiones, “un mero espectáculo mundano que sitúa al hombre,
y no al Señor, en el centro”. Como contrapartida, El cántico del
cordero se presenta como un “hemisferio norte” sobre el que
orientarse. Pero también como una guía frente a los abusos litúrgicos y un
llamado a la Iglesia a “convertirse en refugio para millones de
hombres que buscan los valores que en su día abandonaron”.
Como parte de
este camino a la renovación, recogemos algunos de los llamados más destacados
de Sarah a los sacerdotes que, en la “reevangelización de la sociedad”,
consideran imprescindible poner el acento en “la oración, la celebración
consciente y dignificada de la liturgia y una vida de santidad”.
1º. El culto,
¿a Dios o al sacerdote?
Uno de los
primeros llamados de Sarah a los pastores será advirtiendo del riesgo de
convertirse en “innovadores litúrgicos” o “gestores de espectáculos donde
son la estrella”: “Si deciden por sí mismos cómo celebrar la misa para su
comunidad sin observar la tradición, quizá dejen a un lado su sacerdocio para
convertirse en celebridades dentro de una iglesia basada en el culto a su
personalidad”.
2º. Comunidad
y tradición, básicos del sacerdote
Según el
cardenal guineano, un sacerdote sin raíces y sin conciencia de su legado, sería
comparable a un San Pablo que hubiese seguido a Cristo por su cuenta, sin los
demás apóstoles.
“Pablo tuvo que
encontrarse con ellos y aprender la tradición de sus labios, y nosotros tenemos
que unirnos a la tradición de la Iglesia… Pablo no podía enseñarse a sí
mismo ni ser un cristiano aislado, por sólida que fuese la instrucción
sobre la ley que hubiese recibido”, explica.
3º. No basta
con transmitir la fe: Cristo debe transformar
Dirigiéndose a
los sacerdotes, el cardenal recuerda que, “en lugar de abrazar la última
novedad a toda prisa, debemos considerar nuestra vida entera como un
acto de adoración y alabanza a Dios. Un proceso que va aparejado de
una conversión previa y profunda y que debe llevar a “orar de verdad, con el
cuerpo y alma unidos para ofrecer un culto digno”. A su juicio, “no basta con
transmitir los fundamentos de la fe, sino que debemos permitir que Cristo nos
transforme, para que sea nuestro mismo ser el que de un testimonio de fe
inquebrantable en Él”.
4º. Un
llamado a la valentía y el martirio
Uno de los
llamados más explícitos de toda la publicación es el llamado a los sacerdotes
que aspiran a la renovación “imitar a Cristo abrazando la cruz”: “Igual que
Nuestro Señor sufrió incomprensiones, incluso la oposición de las autoridades
religiosas, los sacerdotes de hoy deben estar preparados para toparse
con resistencias o desprecios cuando pretendan renovar la liturgia y
la música sacra dentro de sus parroquias”.
5º. La
innovación aleatoria, origen de muchas crisis
Escribe también
que, cuando un sacerdote innova por su cuenta, sin referencia ni conocimiento
de la tradición, se produce una crisis.
“El crecimiento
no se da en soledad, el árbol sin raíces no da frutos. Obviar la tradición es
ignorar a Cristo y a su Iglesia. Por tanto, es vital que los sacerdotes
adquieran al menos un conocimiento rudimentario del latín, para poder celebrar
la misa en el leguaje de la Iglesia”.
6º. La
música: sagrada, bondadosa y universal
Buena parte de
los mensajes del cardenal se dirigen a quienes albergan en su interior la
introducción de la música sagrada en sus parroquias. A todos ellos les advierte
de que “el instinto, la experiencia y las preferencias” no bastan para
discernir “formas musicales adecuadas” pues ya existen “criterios fijos” en la
Iglesia.
“La música debe
ser sagrada, poseer la bondad de las formas, lo que suele
interpretarse como la integridad y belleza artísticas,
y transmitir un mensaje de universalidad”, enumera.
7º. A los
músicos, un recordatorio de humildad
El cardenal
también se dirige a los responsables de introducir la música en la liturgia: “No
actuéis por vuestra gloria ni por la de vuestro nombre o el de vuestra
reputación al servicio de la Iglesia, sino por la glorificación de Dios y la
salvación de las almas”.
8º. Un
llamado a “no imponer preferencias ni opiniones”
En sus
continuos llamados para la consecución litúrgica, se dirigirá también a los
obispos. Como pastores, dice el cardenal, “deben recordar que no
ejercen una autoridad personal o humana”, sino que “actúan in persona
Christi, sin imponer sus preferencias ni opiniones en la liturgia”. “La
autoridad de los obispos y sacerdotes está unida a la tradición de la fe, que
también se aplica a la liturgia, y no es manufacturada por las autoridades”,
explica.
9º. Sacerdotes frente a Lucifer
El latín o el
gregoriano serán elementos presentes a lo largo de toda la obra. Elementos
marcados por una “aversión” nacida “de la ideología de la revolución litúrgica,
que considera que la identidad de la Iglesia ha cambiado”. En esta
ocasión, acude al Papa Benedicto XVI para demostrar como sus palabras sobre los
libros litúrgicos preconciliares también se cumplen respecto al latín: “Lo que
para las generaciones anteriores era sagrado, también para nosotros permanece
sagrado y grande, y no puede ser improvisadamente prohibido por completo o
incluso perjudicial”. Por ello, concluye el cardenal, “fomentar la revolución
es repetir las palabras de Lucifer, el primer revolucionario, cuando dijo: “No
serviré”.
José María
Carrera Hurtado
Fuente: ReligiónenLibertad
