TODOS NECESITAMOS UNA CELDA INTERIOR, SEGÚN SANTA CATALINA

Para esta santa, no había mejor forma de acercarse a Dios que vivir en la celda interior, donde el alma fortalece su relación con Él

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¿Habías escuchado el término “celda interior”? Cuando escuchamos la palabra celda, a veces podemos pensar en una prisión. Sin embargo, en el libro El Diálogo, Santa Catalina de Siena, Doctora de la Iglesia, le da un sentido mucho más espiritual y profundo. Para ella, la celda interior representa la necesidad del recogimiento, de vivir dentro de uno mismo y entrar en el conocimiento propio.

Catalina hace una invitación constante a permanecer en esta “celda”, pero ¿qué significa exactamente?

“El alma que llega a este estado se encierra en la casa de su propio conocimiento. Pero este conocimiento de sí va siempre acompañado del conocimiento de mí, para que no caiga en confusión”.

La celda interior es un estado de recogimiento —e incluso un lugar físico— donde el alma se encuentra con Dios. No consiste en encerrarse en uno mismo, sino en nutrir esa celda mediante la oración, la paciencia y la reflexión sobre nuestras tentaciones y pecados, fortaleciéndonos ante las desolaciones espirituales. 

La importancia de la celda interior

Un aspecto indispensable para entender este espacio es el equilibrio que debe existir dentro de ella. Entrar en esta “casa” exige practicar un doble conocimiento: el de uno mismo y el de Dios.

“La celda interior del conocimiento de sí se impone precisamente para hacer vivir al alma no de cara a sí, sino de cara a la bondad de Dios que en sí misma descubre”.

Conocerse a uno mismo no se limita a un plano psicológico o humano, sino que implica reconocer que todo procede de Dios y que solo en Él entendemos realmente quiénes somos.

Vivir esta celda en la vida cotidiana puede ayudarnos a:

1. Disminuir el egoísmo

Desplaza el centro de nuestra vida: dejamos de ponernos a nosotros mismos en primer lugar para poner a Dios. Desde ahí, el alma se abre completamente ante Él porque solo en su luz vemos la verdad.

2. Perseverar

La celda interior no consiste solo en ‘andar recogidos’, sino en vivir habitualmente para Dios y según su voluntad.

3. Prevenir la desobediencia

Al conocer a Dios, comprendemos mejor lo que nos conduce al bien. Al reconocer nuestras propias flaquezas, descubrimos las herramientas necesarias para evitar caídas y mantenernos firmes espiritualmente.

¿Qué pasa si nos salimos de la celda?

Catalina habla de dos maneras de “salir” de esta celda interior.

La primera ocurre cuando la persona busca contentarse a sí misma y huye de sus obligaciones. Esto sucede porque antes ya abandonó el conocimiento de sí misma.

“Buscando contentarse a sí mismo, huye de la celda como si fuese un veneno, porque antes ya se ha salido de la celda del propio conocimiento, por lo que ha venido a caer en la desobediencia”.

Al abandonar este estado, el alma olvida su propia fragilidad. Como consecuencia, comienza a buscar sus propios caprichos y termina cayendo en la desobediencia.

La segunda forma ocurre cuando el alma alcanza madurez espiritual y amor perfecto. Entonces sucede algo parecido a lo vivido por los apóstoles después de recibir el Espíritu Santo: pierde el miedo y sale al mundo para anunciar la verdad, practicar la caridad y sufrir por Dios si es necesario.

Sin embargo, Catalina aclara algo fundamental: el alma no abandona verdaderamente la casa del propio conocimiento. Son sus virtudes las que salen a socorrer al prójimo de distintas maneras.

El ejemplo de santa Catalina

En el libro se relata que Catalina vivía tan feliz en ese recogimiento interior que, cuando Jesús le pidió salir al mundo, ella lloró. Temía volver a pecar y perder la cercanía tan fuerte que tenía con Él. Sin embargo, debía salir para amar y servir al prójimo. Y precisamente ese amor haría que su unión con Dios se fortaleciera todavía más.

Estas palabras, dirigidas a la santa, también pueden entenderse como un mensaje para todos nosotros:

“Obedece con valentía, que pronto te mandaré entre la gente. No te abandonaré dondequiera que te encuentres, ni dejaré de guiarte en todo lo que emprendas...”.

Yohana Rodríguez

Fuente: Aleteia