Nos han vendido una falsa "libertad sexual", haciendo de la lujuria un "derecho" en vez de un pecado que roba la paz del corazón de quien cae en ella
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La
hipersexualización es un hecho innegable en esta época. Se ha perdido el
sentido de la castidad, la modestia y la virginidad. Por el contrario, el mundo
ha hecho creer a la gente que es una vergüenza no tener relaciones sexuales a
determinada edad y los padres de familia se concretan a recomendar a sus hijos
que se "cuiden". Pero no ven más alla: el corazón pierde la paz por
causa de la lujuria.
Las
advertencias de san Pablo
El Apóstol san
Pablo sabía bien que este mal perdería a quien cediera a la tentación. En
varias de sus cartas hace fuertes exhortaciones a controlar las pasiones
desordenadas porque desagradan enormemente a Dios:
"Por lo
tanto, hagan morir en sus miembros todo lo que es terrenal: la lujuria, la
impureza, la pasión desordenada, los malos deseos y también la avaricia, que es
una forma de idolatría. Estas cosas provocan la ira de Dios" (Colosenses
3, 5)
A los Efesios
también advierte de las consecuencias:
"Y sépanlo
bien: ni el hombre lujurioso, ni el impuro, ni el avaro –que es un idólatra–
tendrán parte en la herencia del Reino de Cristo y de Dios" (Efesios 5, 5).
La lujuria
roba la paz
Quizá no es
fácil entender qué es la lujuria. En la Enciclopedia Católica encontramos la
definición:
"Lujuria es
el deseo desmedido por, o la satisfacción de, el placer carnal que se
experimenta en los órganos reproductivos humanos".
Cuando el
hombre y la mujer descuidan sus sentidos y las relaciones interpersonales,
fácilmente pueden caer en la tentación carnal. Por eso, aunque se experimente
placer momentáneamente, el corazón estará sobresaltado por el fuego de la
pasión. No hay como la paz de quien nada tiene que esconder.
Por eso, la
Enciclopedia comenta también:
"Se dice
que la lujuria es un pecado capital, y la razón es obvia. El placer que
este vicio tiene
como su objeto es a la vez tan atractivo y connatural a
la naturaleza humana como para excitar fuertemente el deseo de
una persona, y así conducirla a la comisión de muchos otros trastornos en
la búsqueda de ella.
Cuida tus
sentidos
Por eso, para
no ceder a este vicio, es necesario ser muy cuidadosos con lo que vemos, oímos,
leemos y conversamos. También lo es huir de quienes nos incitan al pecado y
buscar las ayudas espirituales para fortalecernos, tales como la confesión
frecuente, la santa Misa entre semana y la comunión.
También será
muy importante consagrar nuestra pureza a María santísima, orar constantemente
para pedir a Dios que aleje de nosotros cualquier imagen, persona o situación
que puede perturbarnos y pedir la intervención constante de nuestro ángel de la
guarda.
De este modo,
la paz del corazón y la integridad del cuerpo, mente y alma estarán aseguradas.
No te desanimes.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
