ALMUDENA HERNÁNDEZ: «LEÓN XIV CONOCE MUY BIEN ESPAÑA Y LOS PROBLEMAS QUE TIENE»

La periodista de la agencia Servimedia acaba de publicar León XIV, el león de la paz, un retrato sobre el pontífice, un año después de su elección

Ecclesia

Hace poco más de un año que Robert Prevost fue elegido como papa de la Iglesia Católica. Almudena Hernández, periodista de información religiosa, estuvo en Roma durante el cónclave y ha podido hablar con algunos de los que fueron colaboradores y amigos de Robert Prevost. En su nuevo libro «León XIV, el león de la paz», editado por Sekotia, hace un retrato sobre su figura y recopila experiencias, decisiones y situaciones que han configurado el carácter del pontífice. Hablamos con ella sobre este primer año de pontificado y sobre su próximo viaje a España. 

—¿Quién es León XIV más allá de lo que vemos en televisión?
—Por lo que me han contado sus amigos, y colaboradores, es una persona muy tranquila, sensata, observadora y reflexiva, con una vida interior muy rica. Escucha muchísimo, no se enfada, aunque cuando tiene que tomar decisiones serias, actúa. Tiene un gran sentido del humor y se adapta a todas las situaciones.

¿Qué es lo que más le gusta de León XIV?
—Personalmente, lo que más me gusta es esa primera imagen que vimos, de candidez y gesto afable, con una media sonrisa entre la timidez y la prudencia. Luego, cuando he seguido sus homilías y conocido su trayectoria, he descubierto un papa poliédrico y con muchas aristas. Su carácter marcado por la orden de San Agustín, su experiencia en Perú… Ha sabido tocar las heridas de los más vulnerables y ha conocido de cerca cómo afectan la violencia y la injusticia a los más pobres.

¿Y lo que más le ha marcado de momento?
—Lo que más me marca es su llamada a la paz desde el primer momento; por eso este libro se llama «El León de la Paz». Desde que salió al balcón de la Plaza de San Pedro, nos brindó la paz de Cristo resucitado. Es una paz que no solo apela a los mandatarios para que frenen las armas, sino que es un llamamiento para todos: líderes sociales, movimientos eclesiales, gente corriente y, como él dice, personas de buena voluntad. Tampoco nos escapamos los periodistas, a quienes nos invitó desde los primeros días a «desarmar las palabras».

¿Cómo vivió aquel 8 de mayo de 2025?
—Lo viví en Roma, porque mi agencia de noticias, Servimedia, me envió a cubrir el cónclave y la elección del nuevo Papa. Llevo doce años haciendo información religiosa y, a nivel profesional y personal, aquello fue como estar en Disney World: un mosaico inmenso de personas, medios de comunicación y símbolos religiosos de todos los idiomas y procedencias, en un ambiente festivo impresionante.

Parecía que estábamos celebrando un mundial de fútbol, era una auténtica fiesta. Para mí supuso el privilegio de estar en un acontecimiento histórico, posiblemente una de las noticias de las próximas décadas. Me marcó tanto en lo profesional como en lo espiritual. Por eso decidí escribir este libro.

¿Qué balance hace de este primer año de pontificado?
—Creo que ha seguido con ese mensaje de paz. La paz ha marcado sus homilías, intervenciones y discursos. Ahora, en el reciente viaje que ha tenido a África, ha llamado también a la paz. Por otra parte, nos ha dado unas pistas de por dónde puede ir su pontificado, tanto a nivel de Iglesia como de líder moral para el mundo.

Yo intuyo varias líneas. Una es su apuesta por los jóvenes. Lo vimos en Tor Vergata, donde congregó a más de un millón. Y ahora viene España, que no ha visto un papa desde hace 15 años, por lo que varias generaciones se han perdido esa relación cercana con un pontífice. Creo que va a ser un revulsivo para la sociedad española y especialmente para la población más joven.

También destaca su cercanía a las personas pobres, a los más necesitados y a las periferias de las que ya hablaba Francisco. Sabemos que eligió su nombre por León XIII, quien publicó aquella encíclica sobre las cosas nuevas ante la Revolución Industrial. Él se plantea que la revolución a la que tiene que hacer frente es la de la Inteligencia Artificial, en este mundo que nos despersonaliza y nos lleva por derroteros peligrosos. Además, en las últimas catequesis de los miércoles está aterrizando documentos del Concilio Vaticano II para actualizarlo e indicarnos el camino que, como Iglesia, tenemos que seguir.

De todo lo que ha aprendido de León para escribir este libro, ¿qué rasgo de su persona le ha llamado más la atención?
—En el libro digo un par de cosas: que Robert Prevost es el Willy Fogg de la Curia porque, como prior general de los Agustinos, ha recorrido el mundo un par de veces. Me lo han dicho sus propios colaboradores: conoce muchísimos países, ha pisado casi cincuenta en todo el mundo y algunos los ha repetido.

Además, es un Papa «made in Spain», porque ha estado en nuestro país en muchísimas ocasiones, como veremos ahora en la visita que protagonizará en junio. Conoce España, la ha pateado, ha visitado sus monumentos, conventos, colegios y calles. Ha tomado café o un helado con amigos y nos conoce muy bien, pues sabe los problemas que tiene el país. Ha hablado con gente vulnerable, con obispos y con religiosos; ha bendecido casas de amigos… Es un perfil que nos va a sorprender.

¿Qué mensaje cree que nos va a traer en su visita a España?
—Sobre todo, como dice Luis Argüello en el prólogo que ha escrito para el libro, su visita nos va a confirmar en la fe a los españoles. Como decía antes, hay varias generaciones de españoles que no han visto a un Papa de cerca y esto nos va a dar mucha esperanza; va a ser un revulsivo para la vida de fe y de la Iglesia.

Creo que también será clave ese mensaje de llamamiento a la paz en todos los ámbitos, a la reconciliación y a la unidad. Va a tener momentos estelares en el Congreso de los Diputados, en la Misa de Cibeles, en la Sagrada Familia de Barcelona y en los puertos de Arguineguín o Santa Cruz de Tenerife. En esos lugares nos dará mensajes en la línea de la búsqueda de la paz y de la unidad, recordando que estamos todos en la misma barca y que la paz que comparte no es suya, sino que es para todos porque viene de Cristo.

Por Elena Martín Tascón

Fuente: Ecclesia