Los fieles laicos que colaboran en la Iglesia son agentes pastorales o de pastoral; sus cargos son voluntarios, pero no están exentos de sufrir tentaciones.
![]() |
| @SenaturPy |
No se puede
explicar la pastoral de la Iglesia sin los fieles laicos que colaboran con los
sacerdotes como agentes pastorales. Y aunque en su mayoría se trata de cargos
voluntarios, es decir, sin recibir pago por ellos, las tentaciones de diversos
tipos están a la orden del día.
Las
advertencias del papa Francisco
En su
exhortación apostólica Evangelii Gaudium, el Papa Francisco dedicó a los agentes
pastorales un apartado en el que les advierte sobre las tentaciones que pueden
sufrir en el servicio. El Santo Padre incluye a los miembros de la vida
consagrada, a quienes dedicó algunos puntos.
1. Individualismo
Como primera
observación, el papa escribe que se puede advertir en muchos agentes pastorales
"una preocupación exacerbada por los espacios personales de autonomía y de
distensión, que lleva a vivir las tareas como un mero apéndice de la vida, como
si no fueran parte de la propia identidad"
Al mismo
tiempo, describe que su vida espiritual, "aunque oren", se les nota
"una acentuación del individualismo, una crisis de
identidad y una caída del fervor. Son tres males que se alimentan
entre sí" (no. 78).
2. Ocultar
su identidad cristiana
En seguida, el
papa Francisco menciona que la cultura mediática y algunos ambientes culturales
transmiten una "marcada desconfianza hacia el mensaje de la Iglesia y un
cierto desencanto", por lo que muchos agentes pastorales "desarrollan
una especie de complejo de inferioridad que les lleva a relativizar u ocultar
su identidad cristiana y sus convicciones".
De este modo se
produce un "círculo vicioso, porque así no son felices con lo que son y
con lo que hacen, no se sienten identificados con su misión evangelizadora, y
esto debilita la entrega".
Entonces,
"terminan ahogando su alegría misionera" por querer "ser como
todos y por tener lo que poseen los demás". A su vez, "las tareas
evangelizadoras se vuelven forzadas y se dedican a ellas pocos esfuerzos y un
tiempo muy limitado" (no. 79).
3. Relativismo
práctico
Lo anterior
conllevará a que los agentes desarrollen un "relativismo práctico",
es decir:
"Actuar
como si Dios no existiera, decidir como si los pobres no existieran, soñar como
si los demás no existieran, trabajar como si quienes no recibieron el anuncio
no existieran" (no. 80).
Además, el papa
Francisco menciona que "aun quienes aparentemente poseen sólidas
convicciones doctrinales y espirituales suelen caer en un estilo de vida que
los lleva a aferrarse a seguridades económicas, o a espacios de poder y de
gloria humana que se procuran por cualquier medio, en lugar de dar la vida por
los demás en la misión.
Por eso es
enfático al pedir: "¡No nos dejemos robar el entusiasmo misionero!"
4. Acedia
egoísta
Una tentación
más es aquella en la que "muchos laicos sienten el temor de que alguien
les invite a realizar alguna tarea apostólica, y tratan de escapar de cualquier
compromiso que les pueda quitar su tiempo libre".
El papa lamenta
que "hoy se ha vuelto muy difícil, por ejemplo, conseguir catequistas
capacitados para las parroquias y que perseveren en la tarea durante varios
años".
Y destaca que
no solo le ocurre a los laicos:
"Pero algo
semejante sucede con los sacerdotes, que cuidan con obsesión su tiempo
personal, "como si una tarea evangelizadora fuera un veneno peligroso y no
una alegre respuesta al amor de Dios que nos convoca a la misión y nos vuelve
plenos y fecundos" (no. 81).
5. Exceso de
actividades mal vividas
Francisco no ve
mal que exista un exceso de actividades, sino que se hagan "sin las
motivaciones adecuadas, sin una espiritualidad que impregne la acción y la haga
deseable" que general cansancio tenso, pesado e insatisfecho.
El papa dice
que esta "acedia pastoral" puede tener diversas causas, como cuando
se trata de hacer tareas irrealizables, o de aquellas que solo se hacen por
vanidad, o por querer que todo caiga del cielo, o en las que se enfoca más en
la organización que en las personas.
También puede
ser "por no saber esperar y querer dominar el ritmo de la vida",
porque "el inmediatismo ansioso de estos tiempos hace que los agentes
pastorales no toleren fácilmente lo que signifique alguna contradicción, un
aparente fracaso, una crítica, una cruz" (no. 82).
6. Cristianos
desilusionados
Para concluir,
el papa agrega que la mayor amenaza, «es el gris pragmatismo de la vida
cotidiana de la Iglesia en el cual aparentemente todo procede con normalidad,
pero en realidad la fe se va desgastando y degenerando en mezquindad»
Para Francisco,
esto significa que "se desarrolla la psicología de la tumba, que poco a
poco convierte a los cristianos en momias de museo".
Esta
calificación se debe a que los cristianos están "desilusionados con la
realidad, con la Iglesia o consigo mismos, viven la constante tentación de
apegarse a una tristeza dulzona, sin esperanza, que se apodera del corazón como
«el más preciado de los elixires del demonio»[64].
En lugar de
iluminar y a comunicar vida "se dejan cautivar por cosas que solo generan
oscuridad y cansancio interior, y que apolillan el dinamismo apostólico.
Así es que, la
insistencia del papa Francisco para quienes se dedican a servir en la Iglesia
es:
¡No nos dejemos
robar la alegría evangelizadora! (no. 83)
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
