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| Jornada de Vocaciones 2026 |
Esta
experiencia visible de la floración me ha llamado la atención porque es la
imagen utilizada por el papa León XIV en su mensaje para la jornada mundial de
oración por las vocaciones, que celebramos este domingo. Al inicio del mensaje
dice que la vocación es el «descubrimiento del don gratuito de Dios que florece
en lo profundo del corazón de cada uno de nosotros».
El don de
Dios es como la semilla, que gratuitamente, sin ningún merecimiento previo, es
plantada en la vida de cada uno. Esta semilla está destinada a florecer y dar
fruto. Y para descubrirla, hemos de mirar en lo profundo del corazón.
Sería un
error, sin embargo, pensar en la vocación como una semilla unívoca, que debe
dar un fruto determinado para cada uno, como algo que nos hubiera tocado en un
sorteo. La vocación no es un destino rígido, en que Dios no tenga en cuenta
nuestra libertad. La semilla representa la amistad con Jesucristo. Esa amistad
se va desarrollando a lo largo de nuestra vida, de modo que Dios habla y nos
conduce a través de una gran variedad de situaciones y relaciones, desde las
que va brotando una vocación única para cada uno. Para explicar esto, en el
evangelio según san Juan, Jesús usa una extraña imagen. Él es «la puerta de las
ovejas».
La puerta
tiene un doble sentido. Por un lado, sirve al pastor para entrar en el redil,
pues es conocido por el guarda. En cambio, el que no es pastor, sino bandido y
ladrón, no entra por la puerta, sino que salta por otro lado, con nocturnidad. La
puerta nos ayuda a distinguir ente el pastor y el ladrón. Entramos en contacto con
muchas personas, que entran en nuestras vidas. Cada vez que conocemos a alguien
nos preguntamos ¿qué querrá esta persona de mí? ¿me querrá bien? ¿me puedo fiar
de ella? Jesús nos ayuda a discernir si el que viene quiere nuestro bien o
busca utilizarnos.
El segundo
sentido de la puerta es permitir a las ovejas salir del redil para buscar
buenos pastos. Esta imagen explica muy bien quién es Jesús para nosotros. En
primer lugar, es uno de quien nos podemos fiar. Él nos conoce a cada uno de
nosotros, y nuestro corazón, que está hecho para él, también reconoce su voz. No
nos quiere esclavos. Es la puerta de la verdadera libertad.
A partir de
esta imagen de la puerta, podemos entender los cuatro rasgos de la vocación que
León XIV subraya en su mensaje: belleza, conocimiento mutuo, confianza y maduración.
La belleza es la libertad a la que nos llama Jesús. La vocación no puede
vivirse como algo oprimente, que corta nuestras alas. Jesucristo es puerta que
nos abre a la belleza de una vida entregada. La vocación es también espacio de
encuentro y conocimiento mutuo.
Solo en el
encuentro con Cristo, Buen Pastor, nos conocemos a nosotros mismos y todo lo
que nos rodea, saliendo del aislamiento individualista en el que vivimos muchas
veces. Dar el paso de cruzar la puerta que Cristo nos abre es un acto de confianza.
Y esta no es una confianza ciega. Jesús nunca nos pedirá que nos fiemos
ciegamente de Él sin antes habernos dado pruebas de su amor por nosotros. La
confianza en Jesús y en su propuesta de vida es siempre respuesta a su amor
primero, incondicional y gratuito.
Por último,
salir por la puerta que es Cristo, fiarnos de él e iniciar un camino de
discernimiento vocacional es una senda de maduración continua. No sólo nos
referimos a una maduración hasta descubrir la llamada a un estado de vida, sino
a un crecimiento continuo que se da tanto en la vida matrimonial como en el
celibato libremente abrazado.
Estamos en primavera y el campo nos regala gratuitamente su belleza. También nosotros estamos llamados a ser parte de una floración. En este domingo de oración por las vocaciones, miremos dentro del corazón para reconocer la voz del Pastor y atrevernos a cruzar la puerta. Solo así pasaremos de la inercia de ir dejando pasar el tiempo a la belleza de una vida con sentido.
+ Jesús Vidal
Obispo de Segovia
Fuente: Diócesis de Segovia
