¿TE CUESTA REZAR? LA ADVERTENCIA DE RATZINGER SOBRE LA «INERCIA DEL CORAZÓN» Y NUESTRAS EXCUSAS DIARIAS

Ratzinger advierte que el mayor enemigo de la vida espiritual no es la duda, sino la desidia

Joseph Ratzinger, junto a Juan Pablo II durante un viaje a Colonia en 1980Gtres

Poco antes de su partida, Joseph Ratzinger dejó plasmados varios textos que poco a poco están viendo la luz, todos ellos hojas de ruta para la fe en un mundo cada vez más secularizado. En este documento, titulado Algunas reflexiones sobre la oración cristiana, publicado en La fe del futuro, la cuarta entrega de una colección de escritos menos conocidos e inéditos de Benedicto XVI, el Papa emérito aborda la espiritualidad desde una perspectiva profundamente humana.

Para Benedicto, la oración no es un monólogo, sino una posibilidad basada en la naturaleza misma de Cristo. Define a Jesús como el «pontífice», ese puente necesario para salvar el «abismo infinito entre Dios y el hombre». Según el escrito, Cristo es la «posibilidad ontológica de la oración», lo que significa que solo a través de su figura el ser humano puede realmente «tocar» lo divino.

Una batalla 'contra el sofá'

Uno de los puntos más 'terrenales' del texto es su visión de la oración como un conflicto. Ratzinger advierte que el mayor enemigo de la vida espiritual no es la duda, sino la desidia. Inspirándose en la parábola del amigo inoportuno, afirma que «orar significa luchar contra esta inercia del corazón», superando esa pereza que «inspira tantas excusas para no levantarnos».

El Pontífice alemán sale al paso de quienes consideran que pedirle cosas a Dios es algo infantil o innecesario. Frente a la idea de que la oración debe ser solo alabanza pura, él defiende la «humildad de presentar ante Dios incluso las pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana». Para el Papa emérito, es una «insensatez» pensar que Dios no se preocupa por nuestras minucias, ya que precisamente necesitamos de Él para orientar nuestro día a día.

Además, el texto lanza un dardo contra la religión entendida solo como tradición o hábito. Ratzinger explica que la Eucaristía es el gran «no» de Jesús a los sacrificios vacíos y a las «meras palabras», sustituyéndolos por el «sí» de su vida y muerte. Citando a los Padres de la Iglesia, califica este cambio como el «fin del paganismo», entendiendo este último como una simple «costumbre» sin alma.

María Rabell García

Corresponsal en Roma y El Vaticano

Fuente: El Debate