EUTANASIA: LA FALSA COMPASIÓN CUANDO LOS ANCIANOS ESTORBAN

El mundo ha llegado al absurdo: cuando los ancianos no pueden valerse por sí mismos y estorban, se piensa en la eutanasia, movidos por una falsa compasión

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Si Dios quiere, tendremos la dicha de llegar a la ancianidad. Sin embargo, para muchos pareciera que se trata de una desgracia porque desde hace algún tiempo se rechaza la idea de envejecer, como si los ancianos fuesen menos humanos y se convirtieran en estorbos para sus familiares, especialmente para sus hijos. Y debido a esta idea, se ha contemplado a la eutanasia como una solución al sufrimiento, disfrazada de falsa compasión.

La vida es de Dios

Nadie es dueño de su vida, solo Dios. Él es el Creador, ha sacado de la nada al hombre y su universo, por eso nadie puede arrogarse el derecho a terminar con la existencia, ni siquiera con la propia, porque es de Dios.

Por eso, cuando llegan la enfermedad y las limitaciones físicas, mucha gente - incluyendo cristianos - siente que el fin se acerca y rechaza el sufrimiento. De ahí que la promoción de la eutanasia esté teniendo éxito.

Los sacerdotes no se salvan de esta preocupación. El Papa León XIV dijo al clero diocesano de Roma durante un encuentro:

"Saben muy bien que en muchos países —en Europa, en Italia... En Canadá ya es legal— se habla en muchos lugares de la eutanasia: la cuestión del final de la vida, personas que ya no tienen sentido de la vida y están ahí con la cruz de una enfermedad y dicen: 'Ya no quiero llevarla más, prefiero quitarme la vida'".

Por eso, recomendó a los sacerdotes que no fueran negativos porque "debemos ser los primeros testigos de que la vida tiene un gran valor. Y la gratitud durante toda la vida es muy importante" les advirtió.

Practicar la humildad

Consciente del valor de la vida, el Papa les recomendó:

"La humildad: la actitud de querer reconocer que no soy yo, es el Señor quien me ha dado la vida, es el Señor quien nos acompaña y nos lleva en sus brazos, incluso en esos momentos en los que soy más débil. El Señor está ahí con nosotros. Y vivir con este espíritu da vida, esperanza".

Esta consideración es válida para todos, como les hizo ver cuando comentó:

"Todos somos humanos, todos pasamos por momentos difíciles, por dolores de todo tipo, pero tener a alguien de confianza que realmente pueda acompañarnos muy de cerca, en el corazón, en el espíritu, es también un gran don que podemos reconocer como una ayuda en nuestra vida". 

La oportunidad de servir

Los hijos tienen una gran oportunidad de servir a sus padres ancianos y enfermos. A su vez, los ancianos pueden ofrecer sus sufrimientos y oraciones a Dios, para su propia purificación y para la salvación de su familia. Nada se pierde ante los ojos de Dios.

Pidámosle al Señor para nosotros lo que el Papa deseó para sus sacerdotes al finalizar su respuesta a la cuarta pregunta:

"Que tengan también el don de saber acompañar a los demás cuando viven este tipo de dificultades".

Confiemos en Él y en su providencia.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia