El mundo ha llegado al absurdo: cuando los ancianos no pueden valerse por sí mismos y estorban, se piensa en la eutanasia, movidos por una falsa compasión
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| Shutterstock / Canon Boy |
Si Dios quiere,
tendremos la dicha de llegar a la ancianidad. Sin embargo, para muchos
pareciera que se trata de una desgracia porque desde hace algún tiempo se
rechaza la idea de envejecer, como si los ancianos fuesen menos humanos y se
convirtieran en estorbos para sus familiares, especialmente para sus hijos. Y
debido a esta idea, se ha contemplado a la eutanasia como una solución al
sufrimiento, disfrazada de falsa compasión.
La vida es de
Dios
Nadie es dueño
de su vida, solo Dios. Él es el Creador, ha sacado de la nada al hombre y su
universo, por eso nadie puede arrogarse el derecho a terminar con la
existencia, ni siquiera con la propia, porque es de Dios.
Por eso, cuando
llegan la enfermedad y las limitaciones físicas, mucha gente - incluyendo
cristianos - siente que el fin se acerca y rechaza el sufrimiento. De ahí que
la promoción de la eutanasia esté teniendo éxito.
Los sacerdotes
no se salvan de esta preocupación. El Papa León XIV dijo al clero diocesano de Roma durante un encuentro:
"Saben muy
bien que en muchos países —en Europa, en Italia... En Canadá ya es legal— se
habla en muchos lugares de la eutanasia: la cuestión del final de la vida,
personas que ya no tienen sentido de la vida y están ahí con la cruz de una
enfermedad y dicen: 'Ya no quiero llevarla más, prefiero quitarme la
vida'".
Por eso,
recomendó a los sacerdotes que no fueran negativos porque "debemos ser los
primeros testigos de que la vida tiene un gran valor. Y la gratitud durante
toda la vida es muy importante" les advirtió.
Practicar la
humildad
Consciente del
valor de la vida, el Papa les recomendó:
"La
humildad: la actitud de querer reconocer que no soy yo, es el Señor quien me ha
dado la vida, es el Señor quien nos acompaña y nos lleva en sus brazos, incluso
en esos momentos en los que soy más débil. El Señor está ahí con nosotros. Y
vivir con este espíritu da vida, esperanza".
Esta
consideración es válida para todos, como les hizo ver cuando comentó:
"Todos
somos humanos, todos pasamos por momentos difíciles, por dolores de todo tipo,
pero tener a alguien de confianza que realmente pueda acompañarnos muy de
cerca, en el corazón, en el espíritu, es también un gran don que podemos
reconocer como una ayuda en nuestra vida".
La oportunidad
de servir
Los hijos
tienen una gran oportunidad de servir a sus padres ancianos y enfermos. A su
vez, los ancianos pueden ofrecer sus sufrimientos y oraciones a Dios, para su
propia purificación y para la salvación de su familia. Nada se pierde ante los
ojos de Dios.
Pidámosle al
Señor para nosotros lo que el Papa deseó para sus sacerdotes al finalizar su
respuesta a la cuarta pregunta:
"Que
tengan también el don de saber acompañar a los demás cuando viven este tipo de
dificultades".
Confiemos en Él
y en su providencia.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
