Si creemos
que Dios nos puso prohibiciones con los mandamientos, es importante conocer su
verdadera función en nuestra vida para apreciarlos correctamente
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Escuchar la
palabra "mandamientos" con frecuencia nos hace pensar en algo
prohibido y negativo, como si se tratara de coartar nuestra libertad. Pero si
nos detenemos a reflexionar en la función que tienen en nuestra vida, nos
daremos cuenta de que Dios quiso mostrarnos el camino seguro para alcanzar la
salvación.
Los
Mandamientos de la Ley de Dios
El libro del
Éxodo menciona cómo fue que Dios dio los mandamientos a Moisés. El Señor lo
había citado en la cima del monte Sinaí mientras que los demás permanecerían
abajo, a cierta distancia. En medio de truenos y trompetas, el pueblo estaba
atemorizado y no querían que el Señor les hablara, pero Moisés les respondió:
"No teman,
porque Dios ha venido a ponerlos a prueba para infundirles su temor. Así
ustedes no pecarán" (Ex. 20,
20).
Así mismo,
el Catecismo de la Iglesia Católica refiere que los
mandamientos o las “diez palabras”, " indican las condiciones de una vida
liberada de la esclavitud del pecado" porque "el Decálogo es un
camino de vida" y agrega:
«Si [...] amas
a tu Dios, si sigues sus caminos y guardas sus mandamientos, sus preceptos y
sus normas, vivirás y te multiplicarás» (Dt 30, 16).
El Catecismo
continúa afirmando que "esta fuerza liberadora del Decálogo aparece, por
ejemplo, en el mandamiento del descanso del sábado, destinado también a los
extranjeros y a los esclavos":
«Acuérdate de
que fuiste esclavo en el país de Egipto y de que tu Dios te sacó de allí con
mano fuerte y con tenso brazo» (Dt 5, 15) (CEC
2057).
Las leyes
humanas
Vemos, pues,
que cada mandamiento fue ideado por Dios para darnos la seguridad de que
alcancemos la salvación. Su cumplimiento es necesario para que podamos ser
dignos de habitar en la casa del Señor, porque nuestra imperfección y los
pecados que cometemos - que es la manera en la que rechazamos a Dios - nos
alejan de la vida eterna.
Dios dio una
lista para que, usando su libertad y su voluntad, los seres humanos supieran
exactamente lo que debían hacer para agradarle. Y ojo: Nunca serán una
imposición. El joven del Evangelio también quería saber, por eso se lo preguntó
a Jesús directamente:
¿Qué he de
hacer yo de bueno para conseguir la vida eterna?” — “Si [...] quieres
entrar en la vida, guarda los mandamientos” (Mt 19, 16-17). (CEC
2075)
Además, la
diferencia con las leyes humanas es grande: esas se hicieron para para guardar
el orden y asegurar la sana convivencia entre las personas. Asimismo, si
alguien las rompe se hace acreedor a un castigo que puede ser desde una multa
hasta la pena de muerte - en algunos países - . Aunque el infractor se
arrepienta, le quedará la mala fama y la sociedad siempre lo verá como
delincuente.
Los
mandamientos del amor
En cambio, las
leyes de Dios fueron hechas por amor a nosotros. Su función es avisarnos sobre
lo que está mal para que no nos alejemos del Señor, pero si eso ocurre y
verdaderamente nos arrepentimos, nos da el remedio para volver a Él: la
confesión de nuestros pecados. Pero no se queda ahí: Él nunca se vuelve a
acordar de nuestras faltas y nos recibe de vuelta sin reproches.
Por eso, pide
que cumplamos sus mandatos por amor a Él:
Si ustedes me
aman, cumplirán mis mandamientos (Jn 14,
15).
Esforcémonos
por cumplir lo que Dios nos ordena y amemos mucho a nuestro Señor.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
