¿POR QUÉ CONFESARSE SI DIOS PERDONA EN EL CORAZÓN? BENEDICTO XVI EXPLICA LA IMPORTANCIA DEL SACRAMENTO

¿Por qué tengo que confesarme si el Señor perdona mis pecados en la intimidad?

El Papa Benedicto XVI durante las audiencias en
 el Vaticano. | Crédito: Shutterstock

Durante una visita a la cárcel en 2011, el Papa Benedicto XVI explicó con claridad y sencillez por qué es necesario acudir al Sacramento de la Reconciliación, un discurso que cobra especial relevancia durante esta Cuaresma, tiempo de conversión.

Gianni, un preso de la cárcel romana de Rebibbia —uno de los centros penitenciarios más grandes de Italia—, se dirigió al entonces Pontífice para preguntarle una duda que gran parte de los católicos se han planteado alguna vez: 

“Santidad, me han enseñado que el Señor ve y lee en nuestro interior, y me pregunto por qué la absolución se ha delegado a los sacerdotes. Si la pidiera de rodillas, yo sólo dentro de una habitación, dirigiéndome al Señor, ¿me absolvería? ¿O sería una absolución de distinto valor? ¿Cuál sería la diferencia?”, preguntó.

Con empatía, el Papa Benedicto afirmó comprender las dudas del preso y aseguró que se trataba de una “grande y verdadera cuestión”, a la que respondió con nitidez.

“Naturalmente, si usted se pone de rodillas y con verdadero amor a Dios le pide que lo perdone, él lo perdona. Es doctrina constante de la Iglesia que si uno, con verdadero arrepentimiento, es decir, no sólo para evitar penas, dificultades, sino por amor al bien, por amor a Dios, pide perdón, recibe el perdón de Dios”, explicó en primer lugar. 

Remarcó que, si realmente se reconoce que se ha obrado mal “y si en mí ha renacido el amor al bien, la voluntad del bien, el arrepentimiento por no haber respondido a este amor, y pido a Dios, que es el Bien, el perdón, Él lo concede”. 

No obstante, Benedicto XVI quiso profundizar y explicar por qué este acto por sí solo no resulta suficiente. “El pecado no es solamente algo ‘personal’, individual, entre Dios y yo. El pecado siempre tiene también una dimensión social, horizontal”, precisó.

En este contexto, remarcó que con el pecado personal, aunque tal vez nadie lo conozca, “ha dañado asimismo la comunión de la Iglesia, ha ensuciado la comunión de la Iglesia, ha ensuciado a la humanidad”. 

Explicó que esta dimensión social y horizontal del pecado “exige que sea absuelto también a nivel de la comunidad humana, de la comunidad de la Iglesia, casi corporalmente”. Por consiguiente, esta segunda dimensión del pecado, que no es sólo contra Dios, sino que también afecta a la comunidad, exige el Sacramento.

“El Sacramento —continuó Benedicto XVI— es el gran don en el que puedo, mediante la confesión, librarme de ese pecado y puedo realmente recibir el perdón también en el sentido de una plena readmisión en la comunidad de la Iglesia viva, del Cuerpo de Cristo”. 

Además, explicó que la necesaria absolución por parte del sacerdote “no es una imposición” que limita la bondad de Dios, sino, al contrario, “es una expresión de la bondad de Dios porque me demuestra que también concretamente, en la comunión de la Iglesia, he recibido el perdón y puedo recomenzar de nuevo”. 

A modo de conclusión, animó a tener presentes estas dos dimensiones: la vertical, con Dios, y la horizontal, con la comunidad de la Iglesia y de la humanidad.

“La absolución del sacerdote, la absolución sacramental es necesaria para absolverme realmente de este vínculo del mal y reintegrarme completamente en la voluntad de Dios, en la perspectiva de Dios, en su Iglesia, y darme la certeza, incluso casi corporal, sacramental: Dios me perdona y me recibe en la comunidad de sus hijos”, añadió. 

Por último, invitó a los fieles a “aprender a entender el sacramento de la Penitencia en este sentido: una posibilidad de encontrar, casi corporalmente, la bondad del Señor, la certeza de la reconciliación”.

Por Almudena Martínez- Bordiú

Fuente: ACI Prensa