El Arzobispo de Toledo y Primado de España, Mons. Francisco Cerro, detalló en un decálogo los motivos de la vitalidad de su seminario, uno de los más numerosos del país
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| Seminaristas mayores de la Archidiócesis de Toledo | Crédito: Archidiócesis de Toledo. |
En una reciente carta, Mons. Cerro reconoció que no es
poco frecuente la pregunta sobre “cuál es el secreto” del centro de formación
de los futuros sacerdotes de la Archidiócesis Primada, uno de los más pujantes
de España desde hace décadas.
Mons. Cerro
consideró que esta circunstancia “nos hace vivir en una profunda humildad y en
un sincero agradecimiento por todo lo que nuestro Padre Dios, por mediación del
Corazón de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote” les ha concedido para beneficio
de la Iglesia y de “una humanidad incapaz de encontrar caminos de vuelta al
Señor, marcada por la apostasía y, sobre todo, cansada y agobiada porque le
falta el Amor de los amores”.
En respuesta,
ofreció un decálogo a modo de síntesis de lo esencial que está, afirmó,
“potenciado por los pastores que han servido la sede primada, regada por la
sangre de los mártires y sostenida por el testimonio de santidad de tantas
vidas”.
1. Razones de
fe
“Entramos en el
Seminario por razones de fe, no por razones humanas; y permanecemos por razones
de fe”, expresa el prelado, quien, inspirándose en las palabras que dirigió León XIV a seminaristas
españoles en febrero de este año, añade: “Cuando perdemos la dimensión
sobrenatural de nuestra vocación, lo perdemos todo”.
Mons. Cerro
consideró que esta circunstancia “nos hace vivir en una profunda humildad y en
un sincero agradecimiento por todo lo que nuestro Padre Dios, por mediación del
Corazón de Jesucristo, Sumo y Eterno Sacerdote” les ha concedido para beneficio
de la Iglesia y de “una humanidad incapaz de encontrar caminos de vuelta al
Señor, marcada por la apostasía y, sobre todo, cansada y agobiada porque le
falta el Amor de los amores”.
En respuesta,
ofreció un decálogo a modo de síntesis de lo esencial que está, afirmó,
“potenciado por los pastores que han servido la sede primada, regada por la
sangre de los mártires y sostenida por el testimonio de santidad de tantas
vidas”.
1. Razones de
fe
“Entramos en el
Seminario por razones de fe, no por razones humanas; y permanecemos por razones
de fe”, expresa el prelado, quien, inspirándose en las palabras que dirigió León XIV a seminaristas
españoles en febrero de este año, añade: “Cuando perdemos la dimensión
sobrenatural de nuestra vocación, lo perdemos todo”.
2. La Iglesia
confirma la vocación
Mons. Cerro
expone que “en el Seminario se discierne la vocación que ponemos en manos
de la Iglesia”. Así, la ordenación presbiteral “llega cuando esa llamada ha
sido confirmada por ella, que es el cuerpo de Cristo”.
3. Un corazón
transformado
El Arzobispo de
Toledo, poniéndose en la piel del seminarista que fue, expresa en primera
persona: “Debo dejar que el Seminario pase por mí, entre dentro de mí y me
vaya formando y transformando. La formación debe ayudarnos a vivir con los
sentimientos del Corazón de Jesús. No podemos ser como esos cantos rodados que
vemos en los ríos de montaña: el agua pasa sobre ellos, pero no entra en su
interior”.
4. Humanos,
no mundanos
Otro factor de
la buena salud espiritual del Seminario de Toledo es la conciencia de tener
“seminaristas muy humanos, pero nada mundanos” que vivan “los gozos, las
esperanzas, las tristezas y las angustias de nuestros hermanos”, pues “el mundo
espera sacerdotes santos que sepan acompañar a las personas en el camino de la
vida”.
5. Formación
sólida y profunda
El prelado
destaca que el Seminario de Toledo se ha caracterizado ofrecer una formación
“sólida y profunda” unida al Magisterio de la Iglesia “para no convertir a
nuestros seminarios en un laboratorio de todo tipo de experiencias cuyo final
todos conocemos”.
6. Formación
desde la Palabra de Dios
“Desde la
Palabra viva, desde la doctrina de la Iglesia, desde la experiencia de los
santos y en diálogo con un mundo que necesita más que nunca al Redentor del
mundo” es como se lleva a cabo la formación, destaca el prelado.
7. Sin
nostalgias
Pese a la buena
salud de la que goza este seminario, Mons. Cerro señala que parte de su éxito
también se basa en que afronta su labor “sin nostalgias de un pasado que no
volverá. Con ojos de fe, viviendo el presente en comunión con Pedro, nos
formarnos para vivir lo esencial: ser santos e irreprochables ante Él por el
amor”.
8. Fraternidad
y unidad en la diversidad
"El
seminario, como presbiterio en gestación, debe ser una comunidad que viva
como una familia”, añade el prelado, porque esta fraternidad “potencia lo que
nos une para vivir con un solo corazón. Respetando la sana pluralidad de
sensibilidades que reafirman una sola fe, un solo Bautismo y un solo Señor, en
comunión con Pedro en su Iglesia”.
9. Devoción a
la Inmaculada
“Ponemos el
Seminario en el Corazón de la Inmaculada. Ella cuida de cada seminarista
para que alcance la meta de una vida sacerdotal entregada y generosa”, añade el
arzobispo.
10. Encomendado
a los santos
Por último,
Mons. Cerro considera que la última característica del seminario es que está
encomendado a “San Ildefonso, al Beato Sancha y a tantos pastores santos que
han pasado por él” y también “a los mártires de la persecución religiosa en
España”.
A ellos apela
para que “nos concedan muchas y santas vocaciones, para que en la Iglesia que
camina en Toledo no falten pastores según el Corazón de Cristo”.
Por Nicolás de
Cárdenas
Fuente: ACI Prensa
