COMENTARIO AL EVANGELIO DE NUESTRO OBISPO D. JESÚS VIDAL: "DE POZOS Y FUENTES

Encontramos en los evangelios pocas referencias al cansancio de Jesús. Pero sus tres años de actividad pública no fueron precisamente unas vacaciones de reposo…
Jesús y la Samaritana. Dominio público

Iba de aldea en aldea, predicando y acogiendo a una infinidad de enfermos que le presentaban cuando llegaba a cualquier sitio. En una ocasión, en la que intentó retirarse con los discípulos a descansar un poco a un lugar desierto, fue reconocido, y una gran masa de personas rodeó el lago por la orilla y se le adelantó.

Al desembarcar, no pudo resistirse a seguir enseñando y curando a todos los que habían llegado hasta él. Y no solo eso, sino que, después, les dio de comer a todos (unos cinco mil) con cinco panes y dos peces. No es de extrañar que en otro pasaje se nos diga que se quedó profundamente dormido, mientras cruzaba de nuevo el lago sobre una barca en medio de una gran tormenta.

Hay otro Evangelio en el que también encontramos a Jesús cansado y sediento, sentado en el brocal de un pozo. Los discípulos le habían dejado allí solo y habían ido a un pueblo cercano a buscar comida. No sabemos si Jesús simplemente no podía dar ni un paso más o si se quedó allí porque intuía que alguien llegaría a coger agua. El caso es que, a pesar de ser una hora intempestiva para acudir al pozo, a pleno sol, el hecho es que llegó una mujer a coger agua. Y esto nos ha dejado uno de los diálogos más hermosos del evangelio.

Jesús se presenta como la fuente de un agua viva que sacia para siempre la sed. Y esta es la gran paradoja. ¿Cómo es posible que el agua tenga sed? ¿De qué tiene sed Jesús? Seguramente, en este momento, de agua, claro. Jesús era verdaderamente humano. Pero de algo más. Su sed muestra un amor insospechado hacia esta mujer a la que no conoce. Es una sed que nace de lo profundo de Dios. Jesús tiene sed de nuestra fe, de nuestra confianza. Y lo tiene precisamente por ser fuente de agua. ¿De qué puede tener sed el agua sino de ser bebida? ¿Qué otra cosa quiere Dios, que es el Amor pleno, sino de ser acogido y amado?

El pozo representa un agua profunda, pero a veces estancada y que requiere un gran trabajo para ser sacada. No hay muchos peces que vivan en un pozo. La fuente, en cambio, expresa un agua limpia, que corre y salta, convirtiéndose en un lugar de vida. Al acercarse a un pozo hondo cavado en el desierto por los ancestros de Israel, Jesús se acerca a nuestras profundidades, a nuestros sufrimientos, a las eternas búsquedas de un amor en el que descansar. Así lo vemos en su diálogo con esta mujer samaritana. 

Ella ha buscado este amor por diversos caminos: ha tenido cinco maridos y el hombre con el que está ahora tampoco es su esposo; busca un lugar donde adorar a Dios y pregunta a Jesús, si ha de hacerse en el monte o en el templo. Es una buscadora, pero los pozos en los que ha bebido estaban agrietados y ha de volver a buscar una y otra vez.

Por eso no es extraño que la mujer dé un salto de sorpresa cuando Jesús le dice que él tiene un agua tal que, aquel que beba de ella, no tendrá sed nunca más. Y ella se alegra, porque intuye que así, tendrá que dejar de acudir a pozos agrietados. Y aún más, ella misma se convertirá en una fuente de agua viva de la que otros puedan beber.

Jesucristo es agua que no quiere perderse en el vacío o quedar anegada en el desierto, sino que corre buscando personas sedientas que, bebiendo de él, se conviertan a su vez en fuentes. El mundo está sediento y busca fuentes de agua viva. Aquella mujer, después de hablar con Jesús fue al pueblo a contarlo todo. Las gentes la escucharon y no se quedaron en ella, sino que acudieron a Jesús. Esta es la misión de la Iglesia.

+ Jesús Vidal 

Obispo de Segovia

Fuente: Diócesis de Segovia