Si este año ya se presenta complicado, puede que el motivo no sea el que esperas. Aquí te compartimos 4 personas a las que debes perdonar para vivir plenamente
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| Deemerwha studio | Shutterstock |
Ahora que ya
llevamos unas semanas de año nuevo, pensamos que podríamos hacer balance de lo
motivados que estamos realmente para el año que tenemos por delante. Al fin y
al cabo, a menudo sentimos una presión silenciosa para reinventarnos cuando
dejamos atrás el año anterior: nuevos hábitos, nuevos objetivos, una pizarra en
blanco. Pero, ¿y si el reinicio más poderoso para 2026 no consistiera en hacer
más, sino en dejar ir situaciones o personas?
Un breve
mensaje que ha estado circulando últimamente en las redes sociales ofrece una
perspectiva sorprendentemente atemporal: si quieres vivir plenamente el
presente, hay cuatro grupos de personas a las que quizá debas perdonar. No es
una idea nueva. De hecho, es tan antigua como el Evangelio. Y comienza más
cerca de casa de lo que nos gustaría.
1. Tus padres,
estén vivos o no
El perdón aquí no significa negar el
dolor o fingir que todo estaba bien. Significa reconocer que incluso aquellos
que nos amaban profundamente eran imperfectos. Aferrarnos al resentimiento
hacia ellos a menudo nos ancla a una versión del pasado que no podemos cambiar.
El perdón afloja ese agarre, no por su bien, sino por el tuyo.
2. Relaciones
pasadas que no funcionaron
Las rupturas
dejan cicatrices, y lecciones. Algunas te enseñaron lo que no es el amor; otras
te revelaron lo que realmente necesitas. Cuando revivimos viejas heridas,
mantenemos vivos viejos capítulos. El perdón permite que la gratitud reemplace
la amargura y deja espacio para la alegría futura.
3. Cualquier
otra persona que te haya hecho daño
Esto suele ser
lo más difícil. Palabras dichas sin pensar. Confianza traicionada. Heridas que
aún duelen. Sin embargo, aferrarte a estas heridas no te protege, te aprisiona.
El perdón no excusa el daño, te libera de cargar con él para siempre.
4. A ti
mismo
Quizás sea el
perdón más ignorado de todos. Por las malas decisiones. Las palabras hirientes.
Las oportunidades perdidas. Los momentos que desearías poder deshacer. La
vergüenza nos mantiene atrapados en el pasado; la misericordia nos impulsa a
seguir adelante. Dios nunca se cansa de perdonar, pero a veces nosotros sí.
Para los
católicos, este camino de liberación encuentra su máxima expresión en el
sacramento de la reconciliación. La confesión no consiste en revivir tus peores
momentos, sino en entregarlos. Es donde el perdón se hace tangible, se expresa
en voz alta y se recibe con gracia. La carga se aligera no porque te hayas
justificado, sino porque la misericordia te ha encontrado exactamente donde
estás.
A medida que
avanza el 2026, vivir en el presente puede significar mirar menos al pasado,
excepto para perdonar. El perdón no borra la memoria, pero cambia su poder.
Convierte las heridas en sabiduría y el arrepentimiento en humildad.
No tienes que
resolverlo todo de la noche a la mañana. Pero elegir el perdón, aunque sea de
forma imperfecta, es una decisión para dejar de permitir que el ayer dicte el
hoy. Y esa elección, tomada en silencio, puede cambiarlo todo.
Cerith Gardiner
Fuente: Aleteia
