Para vivir la Cuaresma en plenitud, la Iglesia ofrece orientaciones en el calendario que abarcan la liturgia, la espiritualidad y la práctica cotidiana
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El tiempo de
Cuaresma no es un mero intervalo de cuarenta días en el calendario, sino un
tiempo favorable, un "signo sacramental" de conversión. Su finalidad
es preparar la celebración del Misterio Pascual: la pasión, muerte y resurrección de
Cristo.
Camino de
penitencia
La Cuaresma se
basa en dos pilares fundamentales que deben guiar todas las celebraciones y
reflexiones: en primer lugar, la dimensión bautismal, ya que, para los
catecúmenos, es el tiempo de purificación e iluminación antes de los
sacramentos de iniciación en la Vigilia Pascual.
Para los ya
bautizados, es el tiempo de "recordar el Bautismo", renovando los
compromisos asumidos y redescubriendo la identidad de hijos de Dios; la otra
dimensión es la penitencial, marcada por el esfuerzo de conversión, la metanoia
(cambio de mentalidad).
La penitencia
cuaresmal no debe ser solo interna e individual, sino también externa y social,
orientada al prójimo y a la comunidad.
Las normas
litúrgicas
La sobriedad es
el sello distintivo de la liturgia cuaresmal. Según la Instrucción General del
Misal Romano (IGMR), existen orientaciones específicas para el espacio
celebrativo y los ritos:
Omisión
del Aleluya:
El "Aleluya" se omite en todas las celebraciones, incluso en las
solemnidades y fiestas, desde el comienzo de la Cuaresma hasta la Vigilia
Pascual. El versículo antes del Evangelio se sustituye por otras aclamaciones a
Cristo.
El Gloria: El
himno Gloria in excelsis no se dice ni se canta, excepto en las solemnidades
(como San José y la Anunciación del Señor).
Ornamentación y
música: Durante este tiempo, está prohibido adornar el altar con flores. El
sonido de los instrumentos musicales (órgano, etc.) solo está permitido para
acompañar el canto, respetando el carácter penitencial del tiempo. La excepción
se da en el IV Domingo (Domingo Laetare), en solemnidades y fiestas.
Colores litúrgicos: El uso del color morado simboliza la
penitencia y la espera. En el cuarto domingo se puede usar el rosa (rosáceo),
señal de una alegría discreta por la proximidad de la Pascua.
Los 40 días
La Cuaresma se
extiende desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor
(Jueves Santo), inclusive. Las cenizas simbolizan la fragilidad humana y el
arrepentimiento.
Al recibirlas,
el fiel escucha la invitación: "Conviértete y cree en el Evangelio";
el itinerario de 40 días recuerda el período en que Jesús estuvo en el desierto
como una invitación al silencio interior y a la victoria sobre las tentaciones
a través de la Palabra de Dios.
Prácticas
cuaresmales
La
espiritualidad cuaresmal se sustenta en tres prácticas clásicas, que deben
vivirse no como obligaciones legales, sino como ejercicios de libertad:
Oración:
Intensificar el diálogo con Dios para alinear la voluntad humana con la
divina.
Ayuno y abstinencia:
El ayuno (obligatorio el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo) y la
abstinencia de carne (los viernes de Cuaresma) tienen como objetivo el dominio
de los impulsos y la solidaridad con los que pasan hambre.
Limosna
(caridad): La conversión debe florecer en actos concretos de amor y justicia
social.
Lecturas de
Cuaresma
La liturgia de
la Palabra en Cuaresma es una verdadera catequesis. En los años
A, B y C, los evangelios abarcan desde las tentaciones y la transfiguración
hasta los grandes temas bautismales (el agua viva, la luz, la vida) y el
anuncio de la Pasión.
Las lecturas
diarias se seleccionan para exhortar a la conversión, a la justicia de los
profetas y a la misericordia evangélica.
El objetivo
final de la Cuaresma no es el dolor, sino la Pascua. El
camino penitencial es necesario para "despojarse del hombre viejo" y
revestirse del Cristo Resucitado.
Toda la
austeridad de las orientaciones litúrgicas tiene como objetivo crear un
profundo contraste para que, en la noche de la Vigilia Pascual, el resplandor
del Cirio y el canto del Aleluya resuenen con fuerza renovadora.
Paulo Teixeira
Fuente: Aleteia
