LA CUARESMA NO ES UN SIMPLE INTERVALO EN EL CALENDARIO

Para vivir la Cuaresma en plenitud, la Iglesia ofrece orientaciones en el calendario que abarcan la liturgia, la espiritualidad y la práctica cotidiana

Thoom | Shutterstock

El tiempo de Cuaresma no es un mero intervalo de cuarenta días en el calendario, sino un tiempo favorable, un "signo sacramental" de conversión. Su finalidad es preparar la celebración del Misterio Pascual: la pasión, muerte y resurrección de Cristo.  

Camino de penitencia

La Cuaresma se basa en dos pilares fundamentales que deben guiar todas las celebraciones y reflexiones: en primer lugar, la dimensión bautismal, ya que, para los catecúmenos, es el tiempo de purificación e iluminación antes de los sacramentos de iniciación en la Vigilia Pascual.

Para los ya bautizados, es el tiempo de "recordar el Bautismo", renovando los compromisos asumidos y redescubriendo la identidad de hijos de Dios; la otra dimensión es la penitencial, marcada por el esfuerzo de conversión, la metanoia (cambio de mentalidad).

La penitencia cuaresmal no debe ser solo interna e individual, sino también externa y social, orientada al prójimo y a la comunidad. 

Las normas litúrgicas

La sobriedad es el sello distintivo de la liturgia cuaresmal. Según la Instrucción General del Misal Romano (IGMR), existen orientaciones específicas para el espacio celebrativo y los ritos: 

Omisión del Aleluya: El "Aleluya" se omite en todas las celebraciones, incluso en las solemnidades y fiestas, desde el comienzo de la Cuaresma hasta la Vigilia Pascual. El versículo antes del Evangelio se sustituye por otras aclamaciones a Cristo. 

El Gloria: El himno Gloria in excelsis no se dice ni se canta, excepto en las solemnidades (como San José y la Anunciación del Señor). 

Ornamentación y música: Durante este tiempo, está prohibido adornar el altar con flores. El sonido de los instrumentos musicales (órgano, etc.) solo está permitido para acompañar el canto, respetando el carácter penitencial del tiempo. La excepción se da en el IV Domingo (Domingo Laetare), en solemnidades y fiestas. 

Colores litúrgicos: El uso del color morado simboliza la penitencia y la espera. En el cuarto domingo se puede usar el rosa (rosáceo), señal de una alegría discreta por la proximidad de la Pascua. 

Los 40 días

La Cuaresma se extiende desde el Miércoles de Ceniza hasta la Misa de la Cena del Señor (Jueves Santo), inclusive. Las cenizas simbolizan la fragilidad humana y el arrepentimiento.

Al recibirlas, el fiel escucha la invitación: "Conviértete y cree en el Evangelio"; el itinerario de 40 días recuerda el período en que Jesús estuvo en el desierto como una invitación al silencio interior y a la victoria sobre las tentaciones a través de la Palabra de Dios. 

Prácticas cuaresmales

La espiritualidad cuaresmal se sustenta en tres prácticas clásicas, que deben vivirse no como obligaciones legales, sino como ejercicios de libertad:

Oración: Intensificar el diálogo con Dios para alinear la voluntad humana con la divina. 

Ayuno abstinencia: El ayuno (obligatorio el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo) y la abstinencia de carne (los viernes de Cuaresma) tienen como objetivo el dominio de los impulsos y la solidaridad con los que pasan hambre. 

Limosna (caridad): La conversión debe florecer en actos concretos de amor y justicia social. 

Lecturas de Cuaresma

La liturgia de la Palabra en Cuaresma es una verdadera catequesis. En los años A, B y C, los evangelios abarcan desde las tentaciones y la transfiguración hasta los grandes temas bautismales (el agua viva, la luz, la vida) y el anuncio de la Pasión.

Las lecturas diarias se seleccionan para exhortar a la conversión, a la justicia de los profetas y a la misericordia evangélica. 

El objetivo final de la Cuaresma no es el dolor, sino la Pascua. El camino penitencial es necesario para "despojarse del hombre viejo" y revestirse del Cristo Resucitado.

Toda la austeridad de las orientaciones litúrgicas tiene como objetivo crear un profundo contraste para que, en la noche de la Vigilia Pascual, el resplandor del Cirio y el canto del Aleluya resuenen con fuerza renovadora.

Paulo Teixeira

Fuente: Aleteia