¿Puedo realizar mi vida en plenitud diciendo “sí” a Dios? ¿O, para ser libre y feliz, debo liberarme de Él?
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| Vatican Media |
El Papa se ha
trasladado a la iglesia Sagrado Corazón de Jesús, situada en el céntrico barrio
de Castro Pretorio, a escasos metros de la estación Termini, donde ha presidido
la Misa. Se trata de la segunda etapa del recorrido que está realizando por
diversas parroquias de Roma durante la Cuaresma.
Lea aquí la
homilía completa del Papa León XIV durante la Santa Misa del Primer Domingo de
Cuaresma 2026:
Queridísimos
hermanos y hermanas:
Hace algunos
días, con el rito de la Ceniza, hemos iniciado el camino cuaresmal. La Cuaresma
es un tiempo litúrgico intenso que nos ofrece la ocasión de redescubrir la
riqueza de nuestro Bautismo, para vivir como criaturas plenamente renovadas
gracias a la encarnación, la muerte y la resurrección de Jesús.
La primera
Lectura y el Evangelio que hemos escuchado, en diálogo entre sí, nos ayudan
precisamente a redescubrir el don del Bautismo como gracia que encuentra
nuestra libertad. El relato del Génesis nos devuelve a nuestra condición de
criaturas, puestas a prueba no tanto por una prohibición, como a menudo se
cree, sino por una posibilidad: la posibilidad de una relación. El ser humano
es libre de reconocer y acoger la alteridad del Creador, que a su vez reconoce
y acoge la alteridad de las criaturas.
Para impedir
esa posibilidad, la serpiente insinúa la presunción de poder eliminar toda
diferencia entre las criaturas y el Creador, seduciendo al hombre y a la mujer
con la ilusión de llegar a ser como Dios. Satanás los empuja a apropiarse de
algo que —según dice— Dios querría negarles para mantenerlos siempre en un
estado de inferioridad. Este fresco del Génesis es una obra maestra insuperable
que representa el drama de la libertad.
El Evangelio
parece responder al antiguo dilema: ¿puedo realizar mi vida en plenitud
diciendo “sí” a Dios? ¿O, para ser libre y feliz, debo liberarme de Él?
La escena de
las tentaciones de Cristo, en el fondo, afronta este dramático interrogante.
Nos conduce a descubrir la verdadera humanidad de Jesús que, como enseña la
Constitución conciliar Gaudium et spes, revela al hombre a sí mismo: «En el
misterio del Verbo encarnado encuentra verdadera luz el misterio del hombre»
(GS, 22). En efecto, vemos al Hijo de Dios que, oponiéndose a las insidias del
antiguo Adversario, nos muestra al hombre nuevo, al hombre libre, epifanía de
la libertad que se realiza diciendo “sí” a Dios.
Esta nueva
humanidad nace de la fuente bautismal. Y entonces —especialmente en este tiempo
de Cuaresma— estamos llamados a redescubrir la gracia del Bautismo como fuente
de vida que habita en nosotros y que, de manera dinámica, nos acompaña en el
más absoluto respeto de nuestra libertad.
Ante todo, es
el propio sacramento el que es dinámico, porque lo que ofrece no se agota en el
espacio y el tiempo del rito, sino que es una gracia que acompaña
constantemente toda la vida, sosteniendo nuestro seguimiento de Cristo. Pero el
Bautismo es dinámico también porque nos pone siempre nuevamente en camino, ya
que la gracia es una voz interior que nos impulsa a configurarnos con Jesús,
liberando nuestra libertad para que encuentre su plenitud en el amor a Dios y
al prójimo.
Comprendemos
así la naturaleza relacional del Bautismo, que nos llama a vivir la amistad con
Jesús y, de este modo, a entrar en su comunión con el Padre. Esta relación
llena de gracia nos hace capaces de vivir también una auténtica cercanía con
los demás, una libertad que —a diferencia de lo que el diablo propone a Jesús—
no es búsqueda del propio poder, sino amor que se entrega y que nos hace a
todos hermanos y hermanas. Afirma, en efecto, san Pablo: «Ya no hay judío ni
griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros
sois uno en Cristo Jesús» (Gal 3,28).
Hermanos y
hermanas, el Papa León XIII pidió a san Juan Bosco que construyera precisamente
aquí la iglesia en la que hoy nos encontramos. Él había intuido la centralidad
de este lugar, junto a la estación Termini y en un cruce único de la ciudad,
destinado a volverse con el tiempo aún más importante.
Por eso,
queridos hermanos, al encontrarme hoy con vosotros veo en vosotros una especial
presencia de cercanía dentro de los desafíos de este territorio. Aquí son
numerosos los jóvenes universitarios, los trabajadores que van y vienen por
motivos laborales, los inmigrantes en busca de empleo, los jóvenes refugiados
que han encontrado en la sede contigua, por iniciativa de los Salesianos, la
posibilidad de encontrarse con coetáneos italianos y realizar proyectos de
integración; y también están nuestros hermanos que no tienen hogar y que
encuentran acogida en los espacios de Cáritas de la vía Marsala.
En pocos metros
se pueden tocar las contradicciones de nuestro tiempo: la despreocupación de
quienes parten y llegan con todas las comodidades y quienes no tienen techo;
las muchas potencialidades de bien y una violencia que se extiende; el deseo de
trabajar honestamente y los comercios ilícitos de la droga y la prostitución.
Vuestra
parroquia está llamada a hacerse cargo de estas realidades, a ser levadura del
Evangelio en la masa del territorio, a ser signo de cercanía y de caridad.
Agradezco a los Salesianos la obra incansable que llevan adelante cada día, y
animo a todos a continuar siendo precisamente aquí una pequeña llama de luz y
de esperanza.
Que María
Auxiliadora sostenga siempre nuestro camino, nos haga fuertes en el momento de
la tentación y de la prueba, para vivir plenamente la libertad y la fraternidad
de los hijos de Dios.
(La
traducción fue realizada por ACI Prensa a partir de la homilía en italiano
difundida por la oficina de prensa del Vaticano)
Por Papa León
XIV
Fuente: ACI Prensa
