Los cuarenta días, que evocan desde el diluvio de Noé hasta el Éxodo de Israel y el ayuno del Señor en el desierto, atraviesan la historia sagrada como un paradigma de preparación y encuentro con lo divino
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| El obispo noruego Erik Varden- |
El obispo trapense, que predicará los ejercicios
espirituales al Papa y a la Curia, destaca que este tiempo litúrgico no es un
período de privaciones superficiales, sino una oportunidad para confrontar la
muerte, crecer en compasión y «anclarnos en la realidad»
En
una entrevista concedida en 2023 al portal estadounidense The Pillar y conducida por Luke Coppen, el obispo noruego Erik Varden desgranó las claves para
afrontar el tiempo litúrgico que ahora comienza. El prelado trapense, cuya voz
se ha convertido en una de las más lúcidas del catolicismo actual y además es
escritor de libros de sólida espiritualidad que se han convertido en auténticos éxitos de ventas, invita a
redescubrir la Cuaresma no como un ejercicio de voluntad propia, sino como un
camino de liberación y apertura al misterio de la Pascua.
Para
el obispo Varden, salir a la calle con la ceniza en la frente el Miércoles de
Ceniza es un gesto de una rebeldía esencial.
«Se trata de un rito maravillosamente contracultural», afirma el prelado,
señalando que la Iglesia nos obliga a mirar de frente el hecho de que no somos
Dios. La sociedad contemporánea, asegura, «es profundamente mendaz con relación
a la muerte. Seguimos pretendiendo que no existe. Pero la Iglesia nos dice:
mira, así son las cosas. Enfréntate al
hecho de que no eres Dios».
Esta
«mirada adelante» es crucial, pues la Cuaresma no busca el estancamiento en el
pecado, sino la preparación para la victoria de Cristo, recordándonos que somos
seres llamados a la redención. Los cuarenta
días, que evocan desde el diluvio de Noé hasta el Éxodo de Israel y el
ayuno del Señor en el desierto, atraviesan la historia sagrada como un paradigma
de preparación y encuentro con lo divino.
Privación con propósito
Muchos
asocian la Cuaresma con la idea de «privarse de algo». Varden, quien visitó
recientemente la redacción de El Debate en
Madrid para hablar sobre su última obra Heridas
que sanan, puntualiza que el ayuno puede tener sentido solo si responde a
una intención espiritual: «Si me privo de algo porque es superfluo o me hace
daño, entonces esto tiene una real dimensión espiritual. La intención es determinante».
Además,
explica la diferencia clave entre hacer dieta y ayunar: «Cuando
hago dieta, soy el centro de atención; cuando ayuno, el objeto está
fuera de mí. Me hace salir de mí mismo e ir al encuentro del otro».
El obispo advierte contra el riesgo de convertir los sacrificios
en un triunfo del autocontrol, pues la verdadera razón de ser del ayuno
cristiano es «liberarnos del cautiverio de la voluntad personal» y mostrar
nuestras limitaciones. La intención es lo que determina la dimensión
espiritual.
Orar
para no caminar solo
La
ascesis, por tanto, debe ir acompañada de una vida de oración. Varden sugiere
recurrir al patrimonio de la Iglesia, como las oraciones
colectas de la misa diaria o la Liturgia de las Horas, para sentirse
configurado con los católicos de todo el mundo. «Rezar con la Iglesia y a
través de la Iglesia nos recuerda que la oración no es una acción solitaria.
Los católicos del mundo entero son interpelados por los mismos textos, ritos y
gestos», asevera.
Del
mismo modo, la limosna recupera
su raíz etimológica ligada a la misericordia —el eleison de la misa—, permitiendo
que la capacidad de compasión del individuo, a menudo anestesiada por el bombardeo mediático de miseria, se
«descongele» y alcance un núcleo vulnerable. Incluso en casos de adicciones, el
obispo señala que existe una «gracia especial» en este tiempo, sin olvidar el
necesario pragmatismo profesional.
Para
profundizar en esta mirada más sustancial de la Cuaresma, Varden recomienda
también sumergirse en obras literarias, cinematográficas y musicales que
acompañen la meditación: La
escala espiritual de San Juan Clímaco, Escatología del entonces profesor
Ratzinger y Christ
in Our Midst, cartas de un monje ruso del Monasterio de Valaam. En
el arte, sugiere El Evangelio según San
Mateo de Pier Paolo Pasolini y Membra Iesu Nostri de Buxtehude, obras
que acompañan la meditación a través de distintas expresiones artísticas.
Disciplina con alegría: la clave trapense
El
camino cuaresmal no es un ejercicio de
«ombliguismo», sino una senda hacia la alegría pascual. Siguiendo la Regla de San Benito, que sostiene que
la vida del monje debería ser una «Cuaresma perpetua», entendida no como
miseria, sino como un tiempo de gozo que orienta la mirada hacia la Pascua. Los
monjes realizan gestos adicionales «en la alegría del Espíritu Santo», buscando
un equilibrio entre disciplina, amor y compromiso, siempre bajo la guía del
abad para evitar la presunción.
Al
concluir este itinerario, lo esencial es discernir si se ha producido una
verdadera expansión interior: «¿He llegado a destino? ¿He recorrido el camino
de veras? ¿En qué lugar me encuentro? ¿La proclamación pascual, la irrupción
del Aleluya, me llenan de alegría? ¿Se ha expandido un poco mi corazón, se ha
vuelto un poco más vulnerable? ¿Soy más
libre?». Incluso si la respuesta es negativa, aconseja perseverar: «Aun
habiendo tenido una Cuaresma espantosa, dame el céntuplo ahora, por tu gracia,
y permite que mi corazón se abra a la plenitud de tu promesa».
Fuente: El Debate
