La fe que recibimos en el Bautismo se simboliza con una vela encendida, pero si no la cuidamos, a veces las dificultades de la vida amenazan con apagarla
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El Bautismo es un sacramento que tiene muchos hermosos signos.
Pero el que mejor representa la fe que nace en el neófito es la vela que se
enciende en el Cirio pascual, con la que recibimos la Luz de Cristo. Pero la
vida y sus dificultades puede apagarla.
Hijos de la Luz
Si ha pasado mucho tiempo desde la última vez que presenciamos un
Bautismo - o nunca hemos estado en él - conviene recordar la oración que hace el ministro al pedir que se
encienda la vela:
Reciban la luz de Cristo. A ustedes padres y padrinos, se les
confía la misión de acrecentar esta luz para que este/os niño/s, iluminados por
Cristo, vivan siempre como hijo/s de la luz y, perseverando en la fe, puedan
salir al encuentro del Señor, con todos los Santos, cuando él vuelva.
Y para que la fe crezca, hay que alimentarla con la enseñanza de
la Palabra de Dios y el testimonio de quienes viven con el bautizado. ¿Cómo,
entonces, incrementa la fe?
La fe es un acto personal
Ciertamente, el compromiso de padres y padrinos en educar al niño
en la fe es fundamental en los primeros años. Enseñarle las primeras oraciones,
a confiar en la Divina Providencia, llevarlo a la Iglesia, hacer obras buenas,
etc., no tiene caducidad. Sin embargo, cuando la persona crece, es una decisión
propia, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica:
La fe es un acto personal: la respuesta libre del hombre a la
iniciativa de Dios que se revela (CEC 166).
No obstante, no tiene por qué vivirla apartado del mundo. El
Catecismo continúa:
Pero la fe no es un acto aislado. Nadie puede creer solo, como
nadie puede vivir solo. Nadie se ha dado la fe a sí mismo, como nadie se ha
dado la vida a sí mismo. El creyente ha recibido la fe de otro, debe
transmitirla a otro (CEC 166).
Cuando llega la prueba
Gracias a nuestra pertenencia a la Iglesia, no estamos solos y la
fe se vive en comunidad. Unos a otros nos sostenemos cuando llegan las pruebas
y dificultades de la vida.
"Yo no puedo creer sin ser sostenido por la fe de los otros,
y por mi fe yo contribuyo a sostener la fe de los otros" (CEC 166),
afirma el Catecismo, por eso, cuando estemos necesitados de un apoyo,
recurramos a la Iglesia, a la oración y a los hermanos, de este modo, nuestra
vela no se apagará y la fe nunca tambaleará. Creámoslo firmemente.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
