¿BASTAN LAS EMOCIONES PARA SABER QUE DIOS TE DIO SU PERDÓN?

Creer que las emociones son un indicador del perdón de Dios resulta engañoso, por eso, Jesús quiso asegurarse de que fuera una certeza para el pecador

KieferPix | Shutterstock

Para muchas cuestiones, sobre todo si se trata del mundo espiritual, el ser humano se comporta bastante escéptico. Por eso resulta extraño que mucha gente se convenza de que Dios les da su perdón por el simple hecho de "sentir bonito", expresión por demás subjetiva - como las mismas emociones - que deja lugar a una gran duda.

Jesús nos conoce

Para tranquilidad de todos los pecadores, el Señor Jesús, perfecto conocedor de la naturaleza humana quiso asegurarse de que los hombres y mujeres de todos los tiempos tuviéramos la certeza de su perdón.

¿Y cómo lo hizo?, de una manera bastante simple, por cierto. Dejó los sacramentos para que a través de ellos, los sacerdotes elegidos de entre los hombres (Heb 5, 1), los hicieran efectivos con signos visibles, usando objetos cotidianos, cuyos efectos sobrenaturales ayudarán a quienes los reciban a ser cada vez menos imperfectos por la gracia recibida.

La certeza

Por eso, cuando los ministros de la Iglesia administran un sacramento están poniendo por obra el mandato de Cristo, que bien podría haber prescindido de las cosas, ordenando que bastaba con lo que la gente sintiera. Pero no fue así. Quiso valerse de signos sensibles para que los sentidos los percibieran.

Por eso, encontramos en los sacramentos dos elementos fundamentales: la materia y la forma. Así los explica la nota Gestis Verbisque Sobre la validez de los sacramentos:

"La materia del Sacramento consiste en la acción humana a través de la cual actúa Cristo. En ella, a veces, está presente un elemento material (agua, pan, vino, aceite), otras veces un gesto particularmente elocuente (señal de la cruz, imposición de las manos, inmersión, infusión, consentimiento, unción) (n. 13).

La forma del Sacramento está constituida por la palabra, que confiere un sentido trascendente a la materia, transfigurando el significado ordinario del elemento material y el sentido puramente humano de la acción realizada" (n. 14).

Escuchamos el perdón

De esta manera tenemos la seguridad de que Dios nos perdona cada vez que nos confesamos porque recibimos la absolución de nuestros pecados por medio de las palabras que pronuncia el sacerdote:

"Yo te absuelvo de tus pecados en el nombre del padre, y del Hijo y del Espíritu Santo".

El ministro habla en nombre de Dios. El perdón viene de Dios, él solamente transmite lo que le ha sido otorgado para bien del penitente. Ese mandato lo encontramos en los evangelios de Juan 20, 23 y Mateo 18, 18.

No es suficiente, por lo tanto, "sentir". Por supuesto que es posible percibir un gran alivio, pero si no ocurre, no pasa nada. La confesión bien hecha y la absolución dada bastan para estar seguros de que Dios nos ha perdonado.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia