La Iglesia católica gestiona muchas donaciones para ayudar a los más necesitados, entre ellas las monedas que se aportan tras cada homilía
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| Samuel López Cruz / Unsplash. |
¿A qué se
destina el dinero que se recoge durante la misa, normalmente los
domingos?
Un
significado litúrgico
La "colecta",
como se denomina, no tiene una finalidad meramente económica. Forma
parte de la misma liturgia.
Es un rito que
se celebra al comienzo de la Liturgia Eucarística, durante el ofertorio.
La propia Instrucción General del Misal Romano señala que, mientras se prepara
la oferta del pan y el vino que se convertirán en el Cuerpo y la Sangre de
Cristo, "también pueden recibirse dinero u otros dones para los pobres o
para la iglesia, traídos por los fieles o recolectados en la iglesia,
los cuales se colocarán en el sitio apropiado, fuera de la mesa
eucarística" (n. 73).
Se trata de una
tradición secular que tiene un doble significado:
- por un lado, ayudar a las necesidades
materiales de la comunidad parroquial;
- por otro, expresar de forma concreta y palpable
la caridad entre sus miembros.
¿A dónde va
el dinero?
En efecto, las
cantidades recolectadas durante la misa se destinan para dos
finalidades principales:
- una, el mantenimiento del templo
(reparaciones, mejoras) y el propio coste de las celebraciones litúrgicas
(luces, velas, ornamentos, limpieza, etc.);
- dos, las necesidades de los miembros más pobres de
la parroquia.
El dinero que
se da en la iglesia, por tanto, es directamente administrado por el
párroco o la comunidad religiosa a cargo del templo y sirve a sus
fines. No va dirigido a las arcas de otras instituciones de la Iglesia.
La conferencia
episcopal, por ejemplo, establece que, "con carácter general, no es
destinataria de fondos de aportaciones de fieles", ni de esa procedencia
ni de otras, salvo "alguna ayuda puntual", pues "cuando alguien
solicita dar un donativo, se reorienta a la diócesis correspondiente". Por
ejemplo: en los presupuestos de la Conferencia Episcopal Española para 2025,
solo recibió 14.500 euros de aportaciones de los fieles, para un total de
ingresos de 6.011.163 euros: es decir, un 0,24%.
Dos tipos de
colectas
Hay dos tipos
de colectas, las ordinarias y las imperadas:
- Las ordinarias son las que
obedecen al propósito general antedicho y no tienen un fin concreto o
determinado, aunque el párroco puede anunciar alguna colecta particular
para la restauración de una imagen del templo o la reparación de una
estructura y motivar así a los fieles;
- Las imperadas o especiales sí
tienen un destino específico, pero externo a la comunidad, y normalmente
responden a peticiones de la Santa Sede o a campañas ordenadas por las
diócesis para bien de entidades particulares, como el Día del Seminario,
Infancia Misionera, Manos Unidas, el Óbolo de San Pedro, el Domund o el
Día de la Iglesia Diocesana.
Reflejo
contable
Estas
donaciones voluntarias de los fieles, aunque no se hacen contra recibo (por
razones operativas y por su mencionado significado litúrgico), se
contabilizan de forma transparente.
Las parroquias
suelen tener protocolos instados por los distintos obispados,
según los cuales:
- Periódicamente (una vez a la semana, por
ejemplo) se cuenta el dinero recabado por esa vía;
- Se apunta esa cantidad en un documento firmado por
dos o más miembros del equipo parroquial;
- Se da entrada a esa cantidad en la
contabilidad parroquial;
- En su caso, si la cantidad es grande, se hace un ingreso
bancario.
De esta forma,
en los presupuestos parroquiales lo recaudado en las colectas de misa
queda diferenciado de otros donativos individuales (de los que
sí se extiende recibo, nominal o anónimo) o de otros ingresos
provenientes de la diócesis o de servicios prestados (alquiler
de locales, cursos, etc.).
Fuente: ReligiónenLibertad
