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| El Papa León XIV con los cardenales tras su elección. Foto: Vatican Media. Dominio púbico |
Oración y discernimiento compartido
Según
explicó oficialmente Vatican
News, el objetivo fundamental del consistorio es favorecer la comunión entre los cardenales,
creando un espacio de oración,
reflexión y discernimiento compartido junto al Sucesor de
Pedro. No se trata de un encuentro ceremonial ni de un consistorio para la
creación de nuevos cardenales, sino de una reunión pensada para el diálogo
profundo sobre asuntos que afectan a la Iglesia universal, en un clima de
fraternidad y escucha recíproca.
La
convocatoria de un consistorio extraordinario es
una prerrogativa exclusiva del Pontífice y, como establece el Código de Derecho Canónico,
se produce "cuando las necesidades particulares de la Iglesia o el
tratamiento de cuestiones particularmente graves lo aconsejan". Este marco
jurídico subraya el carácter excepcional del encuentro y refuerza la
interpretación de quienes consideran que León XIV quiere afrontar, desde
el inicio de su pontificado, los grandes desafíos eclesiales mediante un
ejercicio real de colegialidad.
Un consistorio tras
la clausura del Jubileo de la Esperanza
El consistorio se celebrará inmediatamente después de la
clausura del Jubileo de la Esperanza,
que el papa León XIV cerrará oficialmente hoy,
6 de enero, con el rito solemne de la clausura de la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro.
El Jubileo ha marcado profundamente el primer tramo del pontificado y ha sido
interpretado como un gran gesto pastoral dirigido al mundo entero.
En una rueda de prensa celebrada ayer, 5 de enero, monseñor Rino Fisichella,
pro-prefecto del Dicasterio para la Evangelización y responsable de la
organización del Jubileo, ofreció un balance que ha superado ampliamente las
previsiones iniciales. Según explicó, "el mundo entero ha venido a Roma
para el Año Santo 2025". En total, 33.475.369
peregrinos procedentes de 185 países han participado en
los actos jubilares.
La
liturgia como uno de los temas clave
Entre los asuntos que se abordarán en el consistorio figura
también la liturgia, según ha
adelantado monseñor Nicola Bux,
teólogo y exconsultor de la entonces Congregación para el Culto Divino durante
el pontificado de Benedicto XVI. En una entrevista concedida al diario La Nuova, Bux subrayó que la
liturgia será uno de los temas centrales del encuentro de enero.
Según el teólogo, el legado de Benedicto XVI resulta
especialmente relevante en este punto, ya que el cuarto apartado del orden del
día del consistorio —dedicado a una reflexión histórica, teológica y pastoral
sobre la liturgia— no puede ignorar la naturaleza misma de la liturgia, que
afecta directamente a la relación con Dios y a la dimensión de lo sagrado. Esa
dimensión, recordó, renace constantemente en el corazón de los fieles y se
expresa en la llamada “reforma en la continuidad del único sujeto, la Iglesia”,
formulada por Benedicto XVI en su célebre discurso a la Curia Romana del 22 de
diciembre de 2005.
Para Bux, lo que está verdaderamente en juego es la primacía de Dios y,
por tanto, la fe, de la que depende toda
auténtica renovación litúrgica. Esa renovación, a su vez, es condición
indispensable para la verdadera renovación de la Iglesia.
Una
nueva era de colegialidad
Uno de los análisis más destacados es el del historiador y
periodista Giovanni María Vian,
exdirector de L’Osservatore Romano, quien ha
definido este encuentro como el mayor
consistorio extraordinario jamás celebrado. En su opinión, los
días 7 y 8 de enero marcarán la primera
manifestación concreta de la colegialidad que León XIV ha
subrayado repetidamente desde el inicio de su pontificado.
Vian destaca que la convocatoria de todos los cardenales para
tratar “asuntos de suma importancia” responde fielmente a lo que exige el
Derecho Canónico y podría interpretarse como el inicio de una nueva etapa en el gobierno de la
Iglesia, caracterizada por una mayor implicación del Colegio
Cardenalicio en los procesos de discernimiento. Según el historiador, no se
trata solo de un gesto simbólico, sino de una elección estructural que puede
influir decisivamente en la dinámica del pontificado.
El estilo de Wojtyla regresa
al Vaticano
Un editorial del medio FarodiRoma interpreta
el consistorio como una señal clara de que León XIV quiere recuperar un modelo
de gobierno más amplio y participativo. Titula de la siguiente manera: "El
estilo de Wojtyla regresa al Vaticano, León quiere que todos los cardenales
participen en el gobierno de la Iglesia universal".
Según este análisis, con la convocatoria del primer
consistorio extraordinario de su pontificado, el Papa reafirma el valor de la
colaboración con el Colegio Cardenalicio como dimensión esencial del gobierno
de la Iglesia universal.
El editorial subraya que León XIV ha
dejado de lado, al menos por ahora, el Consejo de Cardenales instituido por el
papa Francisco —el llamado C8 y posteriormente C9—, cuya
composición se basaba en criterios considerados por algunos como demasiado
subjetivos. En su lugar, el nuevo Pontífice opta por implicar a todo el Colegio
Cardenalicio en los momentos decisivos, en una línea que recuerda al estilo de
san Juan Pablo II.
"El Consistorio se presenta así como un paso
significativo en la definición del rostro del nuevo Pontificado: un
gobierno de la Iglesia que se nutre del diálogo sincero, del consejo leal y de
la corresponsabilidad, en la conciencia de que el bien de la Iglesia universal
surge de un camino común entre el Papa y los cardenales, unidos en la misma
solicitud pastoral y en el mismo servicio al pueblo de Dios",
dice FarodiRoma.
Un consistorio que puede
definir el pontificado
En la misma línea se pronuncia el vaticanista Andrea Gagliarducci, en un
análisis publicado en EWTN. Se pregunta si el pontificado de León XIV comenzará
realmente con este consistorio de enero. A su juicio, el encuentro servirá para debatir
cuestiones de importancia para toda la Iglesia, algo que no se ha hecho de
forma plena en los últimos años.
Gagliarducci recuerda que el papa Francisco convocó
consistorios extraordinarios en 2014, 2015 y 2022, pero
señala que el último de ellos dejó una sensación de decepción entre muchos
cardenales, que percibieron una falta de verdadera
colegialidad. En cambio, León XIV parece decidido a recuperar modos de
funcionamiento más tradicionales, con mayor espacio para la escucha y el
intercambio real.
Entre los posibles temas
que podrían abordarse figuran la configuración del equipo de gobierno del Papa, un posible borrador
de su primera encíclica, el impacto de los procesos judiciales abiertos en los
últimos años, la credibilidad de la Iglesia y las reformas necesarias de la
Curia romana.
Un
Papa que pide ayuda a los cardenales
También, el vaticanista Nico
Spuntoni, en Il
Giornale, interpreta el consistorio como una señal de que León XIV pide ayuda explícitamente a los
cardenales, ya que "la limitada participación del
Sacro Colegio fue uno de los aspectos más criticados del legado de Bergogliano
durante las congregaciones precónclave", señala.
Según Spuntoni, el Papa quiere escuchar primero, conocer de
primera mano la situación de las Iglesias locales y apoyarse en la experiencia
del Colegio Cardenalicio para afrontar una etapa compleja.
Además, opina que el Consistorio de enero podría ser así una
oportunidad para que los cardenales discutan su actitud hacia el
número cada vez mayor de fieles "tradicionalistas" que reconocen el
Concilio Vaticano II pero desean seguir celebrando la llamada Misa Tridentina.
Un paso decisivo para ejercer su
ministerio petrino
Más
allá de los temas concretos que se aborden, la mayoría de los observadores
coinciden en que el consistorio del 7 y 8 de enero será un paso decisivo. A partir
de las palabras de León XIV y de su manera de conducir el encuentro, se podrá
comprender mejor cómo se desarrollará su pontificado y qué lugar ocupará la
colegialidad en el gobierno de la Iglesia.
Para muchos vaticanistas
italianos, este consistorio extraordinario no es solo el primero del
pontificado, sino el verdadero punto de partida de una forma
de ejercer el ministerio petrino que busca unir tradición, escucha y
corresponsabilidad en un momento clave para la Iglesia universal.
Marta Santín
Fuente: Religión Confidencial
