Cuando entendemos la magnitud de la gracia que confiere el Bautismo en la persona, entendemos que se trata de un regalo de Dios y no de una imposición
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Cada vez más
nos encontramos con la idea de que los niños deben elegir su religión al
crecer, porque si se les da el Bautismo desde pequeños, será una imposición que
les quitará la oportunidad de discernir si eso es lo que desean para su vida;
no obstante, el cristiano católico bien formado entiende que se trata de dar a
sus hijos el regalo de la gracia divina.
¿Por qué
bautizar a los niños pequeños?
En primer
lugar, debemos enfocarnos en la fe que profesamos. El cristiano católico cree
en las enseñanzas de la Iglesia fundada por Cristo y sabe que el primer mandato
del Señor a los Apóstoles, antes de ascender al cielo, fue que bautizaran a
todos los pueblos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo ( cfr. Mt
28, 19).
El Señor no les
puso una edad límite, claramente dijo "a todos". Esa razón sería
suficiente para acercar a los niños desde recién nacidos.
La siguiente,
es que después de bautizarlos, hay que enseñarles a cumplir lo que Jesús mandó
(Mt
28, 20). Quien ama al Señor no pondrá pretextos y cumplirá inmediatamente
su orden.
Ahora bien,
quien entiende la magnitud de los efectos que da el Bautismo, no tardará en
pedirlo para sus hijos, como ocurría en los siglos pasados. Basta con leer las
biografías de algunos santos para darnos cuenta de que fueron bautizados en los
primeros días de nacidos.
¿Qué ocurre
con el bautizado?
El Compendio
del Catecismo de la Iglesia católica describe que "La Iglesia bautiza a
los niños puesto que, naciendo con el pecado original, necesitan ser liberados
del poder del maligno y trasladados al reino de la libertad de los hijos de
Dios" (n. 258).
Agrega en el
número 261 que "El Bautismo es necesario para la salvación de todos
aquellos a quienes el Evangelio ha sido anunciado y han tenido la posibilidad
de pedir este sacramento".
¿Y qué ocurre
con el bautizado? Su alma recibe un torrente de gracia que desencadena los
siguiente efectos:
"El
Bautismo perdona el pecado original, todos los pecados personales y todas las
penas debidas al pecado; hace participar de la vida divina trinitaria mediante
la gracia santificante, la gracia de la justificación que incorpora a Cristo y
a su Iglesia; hace participar del sacerdocio de Cristo y constituye el
fundamento de la comunión con los demás cristianos; otorga las virtudes
teologales y los dones del Espíritu Santo. El bautizado pertenece para siempre
a Cristo: en efecto, queda marcado con el sello indeleble de Cristo (carácter)"
(n. 263).
La
responsabilidad de los padres cristianos
Lo anterior no
se puede conseguir por el esfuerzo humano, necesitamos que Dios nos lo dé. Por
eso, entendemos que el Bautismo no es una imposición sino un regalo que nos
libra del pecado y que nos prepara tener una vida plena cerca de Jesús.
Toda esa
riqueza debe ser cultivada con una educación cristiana adecuada a la edad del
infante. Por eso, el papel de los padres de familia es clave para que el niño
crezca aprovechando la gracia santificante y fortaleciendo su fe con los
sacramentos de iniciación cristiana. Ese es el deber de los padres y debe ser
apoyado con su testimonio coherente de vida cristiana.
No
desperdiciemos los dones que Dios nos obsequia y acerquemos cuanto antes a
nuestros niños a bautizarse para que puedan “renacer del agua y del Espíritu”
(cfr. Jn 3, 5).
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
