Todo apunta a que el nuevo Papa no renuncia a las periferias, pero tampoco quiere dejar 'huérfanos' a los países donde el cristianismo forma parte de su ADN cultural
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| Imagen de archivo de León XIV |
León XIV parece
haber tomado un camino inverso al de su predecesor. Tras su primer viaje
a Turquía y el Líbano —un proyecto que Francisco dejó
pendiente—, la agenda de visitas internacionales que se perfila para 2026
revela un interés explícito por reconectar con los grandes países donde la fe
católica sigue siendo la opción mayoritaria.
Durante sus
doce años de pontificado, el Papa argentino realizó 47 viajes
apostólicos fuera de Italia, evitando en la mayoría de los casos los
países de referencia tradicional del catolicismo para dirigir su atención a las
«periferias»: África, Asia y Europa del Este, territorios atravesados por
conflictos, fragilidad social o la condición de minoría cristiana.
Cuando pisó
Europa occidental, lo hizo casi siempre por motivos concretos: la participación
en un gran evento eclesial, intervenir en alguna institución internacional o la
visita a una región muy concreta, y no a un país en su conjunto. Así ocurrió,
por ejemplo, en su última visita apostólica a Córcega, en
diciembre de 2024, el tercer viaje del Pontífice a Francia, tras Estrasburgo en
2014 y Marsella en 2023, sin que en ninguno de ellos llegara a pisar París.
Señales de
un nuevo rumbo
El listado de
destinos que visitó lo dice todo. En 2015, Kenia, Uganda, República
Centroafricana, Ecuador, Bolivia o Paraguay. En 2016, Armenia, Georgia,
Azerbaiyán o la isla griega de Lesbos. En 2017 viajó a Egipto,
Myanmar o Bangladés, o en 2021 a Irak. Incluso en
Europa eligió países de mayoría no católica, como Suecia, Suiza o
los Países Bálticos.
León XIV, sin
embargo, parece decidido a mirar también hacia donde el cristianismo tiene
raíces profundas, pero vive un momento de desgaste y una creciente
secularización. Su primer viaje apostólico a Turquía y Líbano ya fue
significativo: un viaje heredado, soñado por Francisco y finalmente realizado
por León. Pero una vez cerrado ese capítulo, los movimientos propios del nuevo
Papa han comenzado a dibujarse con más nitidez.
El 7 y 8 de
enero, apenas un día después de clausurar la Puerta Santa de la basílica de San
Pedro, León XIV convocó un consistorio extraordinario. Y al día siguiente, el 9
de enero, la Secretaría de Estado del Vaticano se reunió con monseñor
Luis Argüello y los cardenales Cobo y Omella para empezar a trazar
—todavía sin confirmación oficial— una posible y muy probable visita a España,
impulsada directamente por iniciativa del propio Pontífice y con la vista
puesta en el mes de junio.
España no es un
destino cualquiera para el cristianismo. Su historia y su cultura han
sido marcadas por la fe, al igual que en otros países donde dejó su
huella. Pero hoy convive con la tensión de una sociedad que se distancia cada
vez más de la religión, en un Estado oficialmente aconfesional. Es precisamente
en este escenario donde el Papa parece apuntar: no renuncia a las periferias,
pero tampoco quiere dejar 'huérfanos' a los países donde el catolicismo forma
parte del ADN cultural.
Con la
mirada en Hispanoamérica
México va en la
misma línea. Hace apenas unos días, la presidenta Claudia
Sheinbaum reconocía públicamente que su Gobierno trabaja para
concretar una visita del Papa, tras conocer su «deseo e interés» expresado en
una audiencia privada con el arzobispo primado, Carlos
Aguiar Retes. Aun subrayando el carácter laico del Estado, la
mandataria recordaba una evidencia difícil de ignorar: México sigue siendo,
mayoritariamente, un pueblo católico.
Por otra parte,
el 7 de enero, León XIV recibió en el Vaticano al cardenal Vicente
Bokalic, primado de la Argentina. La invitación de este fue directa y
el tono, receptivo. El Papa expresó su agrado y confirmó que la posibilidad
está siendo considerada en su agenda. No sería un gesto menor: Bergoglio no
volvió a su tierra natal desde que fue escogido como Sucesor de Pedro.
Ya en noviembre
de 2025, antes de partir hacia Turquía y Líbano, León XIV había dejado entrever
su deseo de regresar a Hispanoamérica, visitando países como Perú o
Uruguay o de rezar en lugares emblemáticos como el Santuario de la
Virgen de Guadalupe. En todo caso, la Santa Sede aún no ha hecho ningún anuncio
oficial sobre los viajes del Pontífice para este año; solo el tiempo dirá cómo
se traducen en hechos las señales del Papa.
María Rabell García
Corresponsal en
Roma y El Vaticano
Fuente: El Debate
