El Papa advierte sobre la «ruptura» en la transmisión de la fe y urge al Dicasterio para la Doctrina de la Fe a recuperar la alegría de evangelizar frente al cambio de época
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| León XIV saludando a los jóvenes en una audiencia general |
El Palacio Apostólico Vaticano acogió ayer por la mañana una
audiencia privada del Papa León XIV con los participantes en la
Sesión Plenaria del Dicasterio para la Doctrina de la Fe. En su discurso, el
Pontífice ha centrado la atención en una de las principales heridas de la
Iglesia en la actualidad.
Con franqueza, el Santo Padre ha lamentado que no se puede
«ignorar que, en los últimos decenios, se ha producido una ruptura en la
transmisión generacional de la fe cristiana en el pueblo católico». Esta
desconexión es especialmente aguda en los países de antigua tradición
cristiana, donde el Evangelio ha dejado de percibirse como un «recurso
fundamental para la propia existencia».
El Papa expresó su preocupación por haber constatado que existe un
número creciente de jóvenes que transitan por la vida «sin ninguna
referencia a Dios y a la Iglesia». Ante este desierto espiritual, el Papa llama
a redescubrir la «dulce y confortadora alegría de evangelizar».
Una Iglesia que atrae, no que se impone
Retomando el magisterio de sus predecesores, Benedicto XVI y
Francisco, León XIV ha recordado que la misión de la Iglesia no debe nacer
del «protagonismo», sino de la fuerza de la atracción. «No es la Iglesia la que
atrae, sino Cristo», ha sentenciado, subrayando que cualquier comunidad que
logre convocar lo hace porque por ella circula «la savia vital de la Caridad
que brota del Corazón del Salvador».
El encuentro ha servido también para hacer balance del trabajo desarrollado por el Dicasterio en este auténtico «cambio de época», un esfuerzo que el Papa ha querido reconocer de forma explícita al elogiar la publicación de documentos capaces de ofrecer una «palabra pronta y clara» ante los nuevos desafíos de la historia.
Entre otros, destacó Dignitas infinita, centrado en la
defensa de la dignidad humana frente a las guerras y una economía dominada por
la lógica del beneficio; Antiqua et nova, que propone un análisis
riguroso de la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia
humana; Una caro, que subraya el valor de la monogamia y del
matrimonio como unión exclusiva entre un hombre y una mujer; y Gestis
verbisque, con orientaciones destinadas a salvaguardar la validez de los
Sacramentos.
En la recta final de su discurso, el Pontífice ha querido
agradecer la labor —a menudo silenciosa y delicada— de quienes asumen el acompañamiento
de los obispos en casos de delitos reservados al Dicasterio. En este
ámbito, ha pedido que se honren siempre las exigencias de la «justicia, la
verdad y la caridad».
Ya es habitual en el Pontífice citar con frecuencia a Benedicto
XVI, a quien ha vuelto a poner como referencia tomando una de las primeras
frases que pronunció al ser elegido Papa, el 19 de abril de 2005. Entonces se
definió como «un simple y humilde trabajador en la viña del Señor», una
expresión que León XIV retoma ahora para pedir que la Iglesia, desde la
humildad y el servicio, sea ante todo misionera y capaz de mirar siempre, sin
protagonismos ni particularismos, «más allá» de sí misma.
María Rabell García
Corresponsal en Roma y El Vaticano
Fuente: El Debate
