La palabra sanadora
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| Dominicas de Lerma |
Hola, buenos
días, hoy Israel nos lleva al Señor. Que pases un feliz día.
¡Nos daría para
escribir un libro con las bonitas frases que pronuncian las hermanas repetidas
veces! Siempre tienen alguna adecuada para cada momento y, aunque parecen
“coletillas”, sé bien que no lo son, porque añaden a la situación un toque de
realismo o una mirada de fe.
Son frases que
todos conocemos y que hemos escuchado alguna vez, y que en nuestro monasterio
son muy cotidianas, como, por ejemplo: “el Señor te bendiga”, tan sencilla y
tan profunda… ¡qué mejor deseo para el otro que una bendición!; o “Dios pague”,
pronunciada como el pobre que agradece con la seguridad de que el Señor siempre
da el ciento por uno; o el clásico “si Dios quiere”, que transmite la certeza
de que podemos planificar, pero que lo que termine por acontecer no depende
tanto de nosotros; “el Señor te ayude”, con el deseo de que aquello que estás
realizando llegue a buen término; e incluso otra muy sincera: “esta vida no es
la vida verdadera”, que eleva la mirada al cielo, la auténtica Vida que el
Señor nos regala por delante…
¡Cuánto bien
hace una palabra oportuna! Y es que la palabra tiene realmente un gran poder.
Sin embargo, cuántas veces sentimos que “metemos la pata” precisamente con la
palabra que pronunciamos…, porque con mi palabra puedo hacer daño o puedo hacer
mucho bien.
Así que, como
dice el Señor, “de lo que abunda el corazón habla la boca” (Lc 6, 45), yo
quiero llenarme de Su Palabra para que sea Él lo que rebose mi corazón. Y es
que es Su Palabra la que puede curarnos, tal y como proclamamos cada día en la
Eucaristía, tomando pie de la respuesta del centurión que le pidió al Señor la
curación de un criado suyo: “una Palabra tuya bastará para sanarme”.
Hoy el reto del
amor es tomar una Palabra de Dios y guardarla en el corazón. Abre la Biblia con
la certeza de que Él tiene hoy una palabra buena para ti, que sale fresca de Su
Corazón para inundar el tuyo con Su Amor.
VIVE DE CRISTO
¡Feliz día!
23 enero 2026
Fuente: Dominicas de Lerma
