EL JUSTO VALOR DE LOS ANIMALES DE COMPAÑÍA

Un debate cada vez más intenso es que se ha formado en torno a los animales de compañía, pero ¿cuál es el justo valor que debemos darles?

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Leemos en la Biblia que Dios creo a los animales para que el hombre no estuviera solo. Pero su sola compañía no fue suficiente, por eso el Señor creó a la mujer. Por eso es importante reflexionar sobre el justo valor que los animales deben tener en la vida del ser humano.

El hombre y los animales

Encontramos en el libro del Génesis que Dios dio a Adán la dio potestad sobre ellos:

"Después dijo el Señor Dios: 'No conviene que el hombre esté solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada'... El hombre puso un nombre a todos los animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada. Luego, con la costilla que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al hombre" (Gen 2, 18-22).

Si seguimos leyendo, nos encontraremos con que Abel presentó a Dios como ofrenda lo mejor de su rebaño (Gen 4) y en el libro del Levítico se describen los sacrificios de los ganados para ofrecerlos a Dios en holocausto. Incluso José y María ofrecen un pequeño sacrificio en el templo cuando llevan a presentar al Niño Jesús (Lc 2, 24).

Entonces, ¿cómo podemos dar su justo valor a los animales, ya sea de compañía o que sirven de alimento?, ¿es correcto verlos como parte de la familia o incluso como sustitutos de los hijos?

La crueldad animal

Es inaceptable que existan personas que se gocen con el sufrimiento de los animales. Cuando están bajo nuestro cuidado es importante alimentarlos y procurar su bienestar porque son seres vivos creados por Dios. Y en muchas ocasiones, se llega a quererlos tanto que se vuelven parte de la familia.

Sin embargo, no deben tomar el lugar de los hijos. Hombre y mujer fueron creados para crecer y multiplicarse y dominar a la creación:

"Y los bendijo, diciéndoles: 'Sean fecundos, multiplíquense, llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra'" (Gen 1, 28).

El Catecismo de la Iglesia católica nos enseña lo siguiente:

"Dios confió los animales a la administración del que fue creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos. Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales son prácticas moralmente aceptables, si se mantienen en límites razonables y contribuyen a cuidar o salvar vidas humanas"

(CEC 2417).

El trato justo

Por eso no está mal que nos guste comer pescado, pollo o carne de res. Los animales fueron creados por Dios para nuestro servicio. Y una mascota puede muy bien vivir en casa y ser amada por la familia. El límite es querer tratarla como persona:

"Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto debido únicamente a los seres humanos"

(CEC 2418).

Demos a los animales el cariño y atención que merecen y recordemos que los seres humanos, aunque a veces se comporten como seres irracionales, tienen un valor infinito porque fueron rescatados por la sangre preciosa de nuestro Señor Jesucrito.

Mónica Muñoz

Fuente: Aleteia