Un debate cada vez más intenso es que se ha formado en torno a los animales de compañía, pero ¿cuál es el justo valor que debemos darles?
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| Eric Isselee-Shutterstock |
Leemos en la Biblia que Dios creo a los animales para que el
hombre no estuviera solo. Pero su sola compañía no fue suficiente, por eso el
Señor creó a la mujer. Por eso es importante reflexionar sobre el justo valor
que los animales deben tener en la vida del ser humano.
El hombre y los animales
Encontramos en el libro del Génesis que Dios dio a Adán la dio
potestad sobre ellos:
"Después dijo el Señor Dios: 'No conviene que el hombre esté
solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada'... El hombre puso un nombre a todos los
animales domésticos, a todas las aves del cielo y a todos los animales del
campo; pero entre ellos no encontró la ayuda adecuada. Luego, con la costilla
que había sacado del hombre, el Señor Dios formó una mujer y se la presentó al
hombre" (Gen 2, 18-22).
Si seguimos leyendo, nos encontraremos con que Abel presentó a
Dios como ofrenda lo mejor de su rebaño (Gen
4) y en el libro del Levítico se
describen los sacrificios de los ganados para ofrecerlos a Dios en holocausto.
Incluso José y María ofrecen un pequeño sacrificio en el templo cuando llevan a
presentar al Niño Jesús (Lc
2, 24).
Entonces, ¿cómo podemos dar su justo valor a los animales, ya sea
de compañía o que sirven de alimento?, ¿es correcto verlos como parte de la
familia o incluso como sustitutos de los hijos?
La crueldad animal
Es inaceptable que existan personas que se gocen con el
sufrimiento de los animales. Cuando están bajo nuestro cuidado es importante
alimentarlos y procurar su bienestar porque son seres vivos creados por Dios. Y
en muchas ocasiones, se llega a quererlos tanto que se vuelven parte de la
familia.
Sin embargo, no deben tomar el lugar de los hijos. Hombre y mujer
fueron creados para crecer y multiplicarse y dominar a la creación:
"Y los bendijo, diciéndoles: 'Sean fecundos, multiplíquense,
llenen la tierra y sométanla; dominen a los peces del mar, a las aves del cielo
y a todos los vivientes que se mueven sobre la tierra'" (Gen
1, 28).
El Catecismo de la Iglesia católica nos enseña lo siguiente:
"Dios confió los animales a la administración del que fue
creado por él a su imagen (cf Gn 2, 19-20; 9, 1-4). Por tanto, es
legítimo servirse de los animales para el alimento y la confección de vestidos.
Se los puede domesticar para que ayuden al hombre en sus trabajos y en sus
ocios. Los experimentos médicos y científicos en animales son prácticas
moralmente aceptables, si se mantienen en límites razonables y contribuyen a
cuidar o salvar vidas humanas"
(CEC 2417).
El trato justo
Por eso no está mal que nos guste comer pescado, pollo o carne de
res. Los animales fueron creados por Dios para nuestro servicio. Y una mascota
puede muy bien vivir en casa y ser amada por la familia. El límite es querer
tratarla como persona:
"Es contrario a la dignidad humana hacer sufrir inútilmente a
los animales y sacrificar sin necesidad sus vidas. Es también indigno invertir
en ellos sumas que deberían remediar más bien la miseria de los hombres. Se
puede amar a los animales; pero no se puede desviar hacia ellos el afecto
debido únicamente a los seres humanos"
(CEC 2418).
Demos a los animales el cariño y atención que merecen y recordemos
que los seres humanos, aunque a veces se comporten como seres irracionales,
tienen un valor infinito porque fueron rescatados por la sangre preciosa de
nuestro Señor Jesucrito.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
