La gente del pueblo acuña dichos que en muchas ocasiones tienen orígenes insospechados, tal es el caso de la expresión de "nombre de pila"
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| Josh Applegate | Unsplash CC0 |
En muchos
países se conservan tradiciones que han pasado de generación en generación,
aportando para la posteridad el recuerdo de acontecimientos importantes, y, hay
que decirlo, muchos relacionados con la fe católica.
Lo mismo ocurre con los dichos populares, como la expresión "nombre de
pila" que hoy llama nuestra atención.
¿Á qué se
refiere?
Para explicarlo
mejor, hagamos un poco de historia: Durante muchos siglos se tuvo la costumbre
de bautizar a los niños en cuanto nacían. Podía ser ese mismo día o dos o tres
días después. La premura se debía a las condiciones de salud de aquellas épocas
antiguas, en las que muchos niños morían a los pocos meses de nacidos. Por eso,
que sobrevivieran a los tres primeros años de vida era un motivo de inmensa
alegría para las familias.
Además,
recordemos que no existía la costumbre de ahora, en la que se puede conocer el
sexo de bebé mediante una ecografía. Había que esperar al nacimiento para saber
si era niño o niña y elegir el nombre.
Ahora bien,
también se acostumbraba llamar al bebé con el nombre del santo que se celebraba
en el día de su nacimiento. Y más aún, si era el primogénito, se le ponía el
nombre del papá y hasta el de los abuelos.
Dadas las
condiciones anteriores, el niño era bautizado en la pila bautismal de la
parroquia de la localidad y comenzaba a llamarse "José",
"María", "Jesús"... Así, cuando la persona se presentaba en
algún lugar, se les preguntaba: "¿cuál es tu nombre de pila?", es
decir, el nombre sin apellidos, tal como el sacerdote lo había mencionado al
momento de derramar el agua sobre su cabeza.
Una bella
tradición
En la
actualidad, esa frase se utiliza muy poco, pero recordar su origen nos invita a
reflexionar sobre la realidad de lo que ocurre cuando somos bautizados: el
nombre que eligieron nuestros padres para nosotros es aquél con el que Dios nos
llamará cuando lleguemos a su presencia.
Esta bella
tradición recoge la importancia de saber escogerlo y pedir el patrocinio de
algún santo, porque aseguraremos la protección de la persona que ponemos bajo
su cuidado.
Y algo más: la
expresión reconoce que el Bautismo es un sacramento que debe conferirse al
inicio de la vida, con él comenzamos a ser hijos de Dios nacidos por el agua y
el Espíritu, tal como lo dijo nuestro Señor Jesucristo a Nicodemo:
Jesús le
respondió: "Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede
entrar en el Reino de Dios" (Jn 3,3).
Así pues,
digamos con agradecimiento nuestro nombre de pila, con el que fuimos
bautizados.
Mónica Muñoz
Fuente: Aleteia
