COMENTARIO AL EVANGELIO DE NUESTRO OBISPO D. JESÚS VIDAL

Un extraño camino

Dominio público

San Mateo, el evangelista que, prioritariamente, vamos a leer durante los domingos de este año, estructura su Evangelio en torno a cinco enseñanzas de Jesús: Una enseñanza en la montaña, sobre el camino de los hijos de Dios; una segunda enseñanza sobre la misión; una tercera  enseñanza, central, sobre el reino de Dios, es decir, sobre los modos de presencia de Jesús entre nosotros; una cuarta acerca de la vida de comunidad y una última, ya en el Templo de Jerusalén poco antes de morir, sobre el final de su vida, el final del Templo de Jerusalén y el final de los tiempos. Este domingo comenzamos a leer la primera de las enseñanzas, la de Jesús en la montaña frente al lago de Galilea. La leeremos a lo largo de los siguientes domingos, hasta que comience la cuaresma el Miércoles de Ceniza. Podremos así profundizar en algunos de los pasajes esenciales de esta preciosa enseñanza.

Hace unos días, una amiga me contaba que, con motivo del Domingo de la Palabra de Dios, junto con una comunidad religiosa, habían dedicado por la tarde cinco horas a proclamar y escuchar despacio, en voz alta, el Evangelio según san Mateo. Se había quedado impresionada del impacto y los ecos que esta escucha había dejado en ella. Muchas veces nos olvidamos de que cada evangelio es un libro que recoge entrelazadas, con una estructura propia, la vida y las enseñanzas de Jesús. Solo leyéndolo en continuidad apreciamos su pleno sabor. Por eso invito a quienes puedan leer este artículo a que, a lo largo de las siguientes tres semanas, no solo escuchen (si participan de la Eucaristía) un poquito de la enseñanza de Jesús en el Evangelio de cada domingo, sino a que lean despacio y varias veces los capítulos 5 a 7 de este Evangelio. En ellos encontrará completa esta enseñanza.

Las lecciones de este Sermón de la Montaña son enseñanzas fundamentales de Jesús y aparecen también, aunque ordenadas de forma distinta, en el Evangelio según san Lucas. También encontramos muchas de ellas, tanto en el Evangelio según san Marcos, como en otros escritos del Nuevo Testamento. Esta enseñanza comienza con un pasaje muy conocido: el de las Bienaventuranzas. En esta bella exhortación, Jesús nos enseña cuál es el camino para alcanzar la felicidad, la plenitud de vida a la que todos hemos sido llamados por Dios y que, por eso, todo ser humano anhela profundamente.

Este camino nos puede resultar extraño porque es bien distinto del que nos presenta habitualmente el mundo a través de la narrativa establecida y habitualmente compartida a través de los medios de comunicación. No nos da un método fácil para tener mucho dinero, para conseguir rápidamente el poder o para tener muchos seguidores y admiradores y alcanzar así la fama y la gloria. Este es un camino bien distinto: es un camino de pobreza de espíritu, un camino de mansedumbre, de lágrimas con los que sufren, de hambre y sed de justicia; es un camino de misericordia y perdón, de limpieza de corazón; un camino de trabajar por la paz y de búsqueda de la justicia en cualquier circunstancia, incluso aunque nos conlleve el rechazo o la persecución.

En realidad, lo que Jesús nos presenta aquí es el camino de su propia vida. En él se cumplen estas bienaventuranzas. O, mejor dicho, las bienaventuranzas son una descripción condensada de su vida, de todo el evangelio. Al principio del pasaje, dice que Jesús abrió su boca para enseñar a los discípulos. Al hacerlo, lo que nos enseña es su corazón, es la vida del Hijo de Dios. Por eso nos resulta un camino tan extraño. Si intentamos vivirlo con nuestras propias fuerzas, no podremos. Sólo podemos recorrerlo de su mano.

En el evangelio de la semana pasada, que es el pasaje justamente anterior a este, Jesús llama a los primeros discípulos a seguirle; nos invitaba a nosotros a seguirle. Sólo con un corazón enamorado de él, creciendo en una honda y verdadera amistad, podremos vivir aquello a lo que nos llama. 

+ Jesús Vidal 

Obispo de Segovia

Fuente: Diócesis de Segovia