Entre los numerosos temas sociales que ilumina la Iglesia con su doctrina, la educación es uno de los más recurrentes. ¿Por qué resulta tan vital en la vida social y eclesial?
Son incontables las homilías, mensajes, discursos, encíclicas,
exhortaciones y cartas de los santos padres acerca de la educación; además de
otros documentos de la curia vaticana, de las conferencias episcopales y de
numerosos pastores de iglesias particulares.
La
importancia de la educación se manifiesta al existir en la curia vaticana un
organismo para tal cuestión; el Dicasterio para la Cultura y la Educación, instituido
por el Papa Francisco el 19 de marzo del 2022, mediante la Constitución
apostólica Praedicate evangelium, sucediendo
a dos organismos previos, el Pontificio Consejo de la Cultura y la Congregación
para la Educación Católica, esta última existente desde 1588.
Es evidente
que tal importancia no es meramente funcional y de origen humano-estratégico,
sino que el Espíritu Santo ha venido animando a la iglesia de Jesucristo en
este tema, inspirando carismas presentes, por ejemplo, en numerosas órdenes y
congregaciones religiosas dedicadas a educar.
Gravissimum Educationis
La
declaración Gravissimum Educationis, del
Concilio Vaticano II, sobre la educación cristiana (San Pablo VI, 28 octubre
1965), ha sido un parteaguas magisterial en torno al tema educativo. En efecto,
los Padres conciliares decidieron bendecir a la Iglesia con esta Declaración,
para animar la tarea educativa, base de la evangelización y la transformación
social a la luz de la Buena noticia de nuestro Señor Jesucristo.
¿Por qué es tan importante la educación en la Doctrina Social de
la Iglesia?
En el
Proemio de Gravissimum Educationis, el Concilio Ecuménico Vaticano II
considera la importancia decisiva de la educación señalando que, con ella, los
hombres participan más activamente en la vida social. Pero no se trata de un
humanismo sin alma, sino de una vocación trascendente y conforme con la
vocación de la Iglesia recibida de su Fundador:
“(...)
debiendo la Santa Madre Iglesia atender toda la vida del hombre, incluso la
material en cuanto está unida con la vocación celeste para cumplir el
mandamiento recibido de su divino Fundador, a saber, el anunciar a todos los
hombres el misterio de la salvación e instaurar todas las cosas en Cristo, le
toca también una parte en el progreso y en la extensión de la educación”
(Proemio de Gravissimum Educationis).
Desde esta
visión, amplia y trascendente, la Iglesia exhorta a una educación acorde con la
dignidad de los bautizados: la educación “(...) no persigue solamente la
madurez de la persona humana (...) sino que busca, sobre todo, que los
bautizados se hagan más conscientes cada día del don de la fe, mientras son
iniciados gradualmente en el conocimiento del misterio de la salvación (...)
Por lo cual, este Santo Concilio recuerda a los pastores de almas su gravísima
obligación de proveer que todos los fieles disfruten de la educación cristiana
y, sobre todo, los jóvenes, que son la esperanza de la Iglesia” (Gravissimum Educationis, n.
2).
Los padres: primeros educadores en el ambiente familiar
La Doctrina
Social de la Iglesia hace especial énfasis en la vocación de los padres y la
familia como primeros educadores de sus hijos; tarea que no puede descuidarse,
delegarse totalmente, ni usurparse.
“El derecho
y el deber de los padres a la educación de la prole se debe considerar como
esencial, relacionado como está con la transmisión de la vida humana; como
original y primario, respecto al deber educativo de los demás, por la unicidad
de la relación de amor que subsiste entre padres e hijos; como insustituible e
inalienable, y… por consiguiente, no puede ser totalmente delegado o usurpado
por otros. Los padres tienen el derecho y el deber de impartir una educación
religiosa y una formación moral a sus hijos: derecho que no puede ser cancelado
por el Estado, antes bien, debe ser respetado y promovido. Es un deber
primario, que la familia no puede descuidar o delegar” (Compendio de la
Doctrina Social de la Iglesia –CDSI–,n. 239).
Diseñar nuevos mapas de esperanza
Con motivo
del 60 aniversario de la Declaración Gravissimum Educationis, el
Santo Padre León XIV promulgó la Carta Apostólica Diseñar nuevos mapas de esperanza (27
octubre 2025) en la que reafirma que la educación “(...) No es una actividad
accesoria, sino que constituye el tejido mismo de la evangelización: es la
forma concreta con la que el Evangelio se convierte en gesto educativo,
relación, cultura” (n. 1.1).
Y continúa
señalando el origen evangélico de la educación:
“Desde sus orígenes, el Evangelio ha generado «constelaciones educativas»: experiencias humildes y fuertes a la vez, capaces de leer los tiempos, de custodiar la unidad entre la fe y la razón, entre el pensamiento y la vida, entre el conocimiento y la justicia. Han sido, en la tormenta, un ancla de salvación; y en la bonanza, una vela desplegada. Un faro en la noche para guiar la navegación” (n. 1.2).
La
centralidad de la persona en la tarea educativa
La
educación, enseña el Papa León, no es una simple transmisión de conocimientos,
como si la persona fuera un disco duro al que se alimenta con datos externos
mediante una conexión material:
“Poner a la
persona en el centro significa educar en la mirada larga de Abraham (Génesis
15,5): hacerles descubrir el sentido de la vida, la dignidad inalienable, la
responsabilidad hacia los demás. La educación no es solo transmisión de
contenidos, sino aprendizaje de virtudes. Se forman ciudadanos capaces de
servir y creyentes capaces de dar testimonio, hombres y mujeres más libres, que
ya no están solos. Y la formación no se improvisa (León XIV, Diseñar nuevos mapas de esperanza,
n. 5.1).
La educación católica
La Doctrina
Social de la Iglesia llega a una concreción muy particular al referirse a las
instituciones educativas católicas, ya que estas “(...) pueden y deben prestar
un precioso servicio formativo, aplicándose con especial solicitud en la
inculturación del mensaje cristiano, es decir, el encuentro fecundo entre el
Evangelio y los distintos saberes” (CDSI, n. 532).
La
educación, como puede verse, está a la raíz de la dignidad humana; por ello
esta debe estar animada con los valores evangélicos del amor, la justicia y la
paz, en orden al Bien común que todos estamos llamados a construir de manera
solidaria y corresponsable.
Luís Carlos Frías
Fuente: Aleteia
