Un esfuerzo consciente por vivir de acuerdo con los principios y valores espirituales.
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| Dominio público |
La palabra
“espiritual” se refiere a todo lo relacionado con el espíritu, la dimensión
trascendente del ser humano, o aquello que está conectado con lo divino o
sagrado. En el ámbito religioso, lo espiritual implica la relación del
individuo con lo divino, su búsqueda de sentido y propósito en la vida, y su
crecimiento interior en virtudes y valores éticos.
Para nosotros,
los católicos, ésta dimensión es fundamental para encontrar
paz, equilibrio y significado en la vida.
“Pero creced en
la gracia y en el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo. A él sea
la gloria ahora y hasta el día de la eternidad. Amén.” -2 Pedro 3,18 (Biblia de
Jerusalén).
San Pedro nos
exhorta a buscar un crecimiento constante en la gracia y el conocimiento de
Jesucristo, lo que implica un desarrollo espiritual continuo y una mayor
intimidad con el Señor. De igual manera nos recuerda la importancia de
perseguir una vida de fe más profunda y madura en Cristo.
El desarrollo
de nuestro espíritu en la vida es considerado una tarea compartida entre el
individuo y la comunidad de fe.
Cada persona es
responsable de su propio crecimiento espiritual, la Iglesia ofrece orientación,
enseñanza y sacramentos para nutrir y fortalecer esa dimensión espiritual.
Los medios con
los que contamos son:
La oración. Nos
conecta con lo divino y nos ayuda a encontrar paz y dirección en nuestras
vidas. A través de la misma, podemos experimentar una profunda transformación
interior y fortalecer nuestra relación con Dios, permitiéndonos crecer en
virtudes como la paciencia, la humildad, la gratitud y el amor hacia los demás.
La
participación en misa. Nos permite recibir los sacramentos, escuchar la Palabra
de Dios y unirnos como comunidad en la adoración y la acción de gracias. Al
recibir la Eucaristía, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, nos fortalecemos y
nutrimos espiritualmente.
El estudio de
la Biblia, siempre debemos de abordarla con un enfoque de fe y razón. La
interpretación de los textos sagrados la debemos hacer a la luz de la
tradición, el magisterio y la enseñanza de la Iglesia. Implica el conocimiento
de la Palabra del Creador, un encuentro personal con Nuestro Señor, la
formación de la conciencia, el fortalecimiento de nuestra fe, una inspiración y
la comunión con la Iglesia.
La búsqueda de
una vida moralmente recta y virtuosa. implica un esfuerzo consciente por vivir
de acuerdo con los principios y valores espirituales, lo que lleva a una mayor
cercanía con Dios y una mayor madurez en la fe.
No debemos de olvidar a sacerdotes, diáconos y líderes pastorales en esta tarea, ya que desempeñan un papel importante en el acompañamiento y la dirección espiritual de todos nosotros, brindando orientación, celebrando los sacramentos y ofreciendo enseñanzas.
Por: Bertha Leonor Galindo Gálvez
Fuente: Semanario Alégrate
