El papa León XIV es un obispo que vivió muchos años en América Latina; en seis meses se ha mostrado al mundo como un pastor sencillo y preocupado por los pobres
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| Andreas SOLARO / AFP |
Cuando el
Cardenal Robert Prevost apareció en el Balcón de las Bendiciones aquella tarde
del 8 de mayo, el mundo vio a un hombre sereno con una sonrisa tímida, pero un
gesto de pastor. Sus primeras palabras «Pidamos juntos al Señor que nos conceda
un corazón que escuche». Así comenzó el pontificado de León XIV,
el primer Papa nacido en Estados Unidos, pero con alma y acento de América
Latina.
Nació en
Chicago en 1955 y fue misionero en Perú por casi dos décadas. El Papa conoce de
cerca el polvo del camino y el cansancio de los pobres; la injusticia hacia los
trabajadores del campo y el sufrimiento de las familias latinoamericanas. En
Chiclayo fue el obispo que caminó entre campesinos y aprendió que el Evangelio
se predica no solo desde el púlpito, sino desde la cercanía: «La Iglesia tiene
que aprender a escuchar antes de hablar, a mirar antes de juzgar, a tocar antes
de señalar», dijo a los periodistas en su primer encuentro con ellos.
Seis meses
después, su estilo pastoral ha comenzado a dejar huella: menos protocolo, más
humanidad; menos centralismo, más sinodalidad. Su reciente Exhortación
Apostólica Dilexi te ha confirmado el corazón de su pontificado: «En los
pobres, Cristo sigue hablándonos. No son una carga, sino el rostro donde el
amor de Dios se hace visible».
En América
Latina, donde la fe se mezcla con la historia, la promesa y la esperanza, León
XIV no es un Papa lejano, sino un hermano enviado desde casa. Su español
fluido, su mirada empática y su teología del amor encarnado son puentes que
unen Roma con el continente de la esperanza.
Las primeras
señales de un pontificado con acento latinoamericano
Desde sus
primeras homilías, León XIV ha dejado en claro que su pontificado no se
entenderá sin el sur del mundo. Su mirada viene de la periferia, del polvo de
los suelos andino, de las comunidades que rezan entre el tumulto, el ruido del
campo y la fe que prospera entre matorrales y siembras.
En estos meses,
su magisterio ha tenido tres ejes especialmente visibles para la región:
1. Iglesia
de los pobres y cercanía con los olvidados
La
exhortación Dilexi te es el corazón de esta etapa. Inspirada
en las bienaventuranzas, es una llamada a redescubrir la “opción preferencial
por los pobres” no como consigna política, sino como camino espiritual. León
XIV ha recordado:
“En los rostros
heridos de los pobres vemos el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el
sufrimiento del mismo Cristo”.
2. Una voz
para los pueblos que sufren violencia y migración
En su mensaje por el Día Mundial del Migrante y del
Refugiado el Papa lamentó la indiferencia ante los migrantes y pidió a las
naciones del continente que no conviertan la frontera “en un muro de miedo,
sino en un umbral de misericordia”.
«No hay
justicia sin compasión; no hay legitimidad sin escuchar el sufrimiento de los
demás». Mensaje en video al encuentro “Gestos de acogida”
(Lampedusa, 2025).
Papa recordó
que toda política migratoria pierde sentido si no parte de la compasión.
3. Defensa
de la creación y conversión ecológica
En el marco de
los 10 años de Laudato Si’, León XIV ha continuado la línea de su
predecesor con gestos muy simbólicos: su bendición al bloque de hielo en la
Plaza de San Pedro fue un llamado al mundo entero a detener la “indiferencia
climática”.
“La tierra no
grita por venganza, sino por cuidado. Escucharla es también un acto de amor
cristiano”, expresó.
Su lenguaje es
sencillo, pero su visión, profundamente teológica: una Iglesia que ora, sirve y
escucha. No una Iglesia que compite por espacio en la política, sino una que
acompaña las heridas del pueblo.
América
Latina en el corazón del Papa: desafíos y esperanzas
Desde el primer
día de su pontificado, León XIV ha dejado en claro que su voz lleva el acento y
ritmo latinoamericanos. Que aún viven la tradición, la fe de la calle, a veces
imperfecta, a veces herida, pero siempre fiel.
Sus palabras
han sido a la vez, consuelo y desafío: consuelo para los pueblos golpeados por
la pobreza, la violencia, la migración; desafío para una iglesia llamada a no
conformarse con la fe de costumbre.
Así pues, en
sólo seis meses, el estilo de León XIV ha dejado su huella: muchos discursos
sí, pero más gestos; menos poder, más ternura; menos miedo, más Evangelio.
América Latina
—con su historia de fe, sangre y esperanza— ocupa un lugar central en ese
proyecto.
Su pontificado
se perfila como un nuevo capítulo de cercanía, compasión y profecía, una brisa
que recuerda que, pese a todo, Dios sigue haciendo nuevas todas las cosas.
Mónica Alcalá
Fuente: Aleteia
