El Papa León XIV nos invita en esta catequesis a dirigir nuestra mirada hacia un aspecto central de la vida de Jesús: sus curaciones. Pero no se trata solo de milagros físicos; se trata de la sanación del alma, del corazón, de aquellas partes de nuestra vida que permanecen heridas, paralizadas o rotas.
| Un momento de ternura entre el papa y un bebé (@Vatican Media). Dominio público |
En este contexto, el Papa nos invitó a que cada uno de nosotros presentemos
ante el Corazón de Cristo las partes más doloridas o frágiles nuestras,
“aquellos lugares de nuestras vidas en los que nos sentimos paralizados y
bloqueados”.
“¡Pidamos al Señor con confianza que escuche nuestro
grito y nos cure!”
El personaje que nos acompaña en esta reflexión del Santo Padre nos ayuda a
comprender que nunca hay que abandonar la esperanza, incluso cuando nos
sentimos perdidos. Que vivamos con esperanza, que clamemos sin miedo y soltemos
nuestros “mantos” para poder caminar libres y dignos junto a Cristo. La
catequesis con una exhortación del Pontífice: llevemos nuestras heridas y las
de quienes amamos ante el Señor. Clamemos también por ellos. Con la certeza de
que Jesús no solo escucha, sino que se detiene, se acerca, levanta y sana.
El testimonio de Bartimeo
El
Papa nos guía en esta meditación a través de la figura de Bartimeo, el ciego
mendigo de Jericó. A primera vista, es un hombre marginado, silenciado por la multitud
y olvidado en el camino. Pero en él encontramos una fuerza interior poderosa:
la esperanza que no se rinde.
El
nombre "Bartimeo" significa “hijo de Timeo”, pero también podría
traducirse como “hijo del honor”. Paradójicamente, dijo el Papa en su catequesis,
se trata de un hombre humillado, excluido y solitario. Sin embargo, este
contraste nos revela una gran verdad: la dignidad de cada persona permanece,
incluso, en la miseria más profunda.
Gritar desde el abismo
“¿Qué podemos hacer cuando nos encontramos en una
situación que parece sin salida? Bartimeo nos enseña a apelar a los recursos
que llevamos dentro y que forman parte de nosotros. Él es un mendigo, sabe
pedir, ¡es más, puede gritar! Si realmente deseas algo, haz todo lo posible por
conseguirlo, incluso cuando los demás te reprenden, te humillan y te dicen que
lo dejes. Si realmente lo deseas, ¡sigue gritando!”
Mientras
Jesús se dirige a Jerusalén desde las profundidades de Jericó —una ciudad
situada bajo el nivel del mar, símbolo de descenso a los "infiernos"
humanos— Bartimeo no se queda callado, señaló el Papa. Clama con fuerza:
“¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!”. Esta súplica se convierte en una de
las oraciones más veneradas de la tradición cristiana oriental y occidental. El
mensaje del Papa en su catequesis:
“Dios escucha todos los gritos, incluso los más
desesperados. Nada se pierde para el oído atento del Señor”
Dejar
el manto y levantarse
El
gesto de Bartimeo al arrojar su manto antes de ir hacia Jesús es profundamente
simbólico, dijo León XIV. El manto era su protección, su refugio, su único
bien. Abandonarlo significa exponerse por completo, dejar atrás las falsas
seguridades que nos atan al dolor y nos impiden avanzar. El Papa subraya: para
sanar, hay que mostrarse vulnerable.
Jesús
no lo cura de inmediato, sino que lo llama, lo hace participar en su propia
sanación, preguntándole: “¿Qué quieres que haga por ti?”. Y es que siendo parte
activa de nuestra sanación, asumiendo nuestras responsabilidades, hace que la
sanación verdadera comience desde el momento que reconocemos nuestro deseo de
ser transformados.
Bartimeo
no solo pide volver a ver. Desea recuperar su dignidad, mirar la vida con una
nueva perspectiva, erguirse ante un mundo que lo había hecho inclinar la
cabeza.
“La respuesta de Bartimeo es profunda: utiliza el
verbo anablepein, que puede significar «ver de nuevo», pero que también
podríamos traducir como «levantar la mirada». Bartimeo, de hecho, no solo
quiere volver a ver, ¡también quiere recuperar su dignidad! Para mirar hacia
arriba, hay que levantar la cabeza. A veces las personas se bloquean porque la
vida las ha humillado y solo desean recuperar su valor”
Y
cuando Jesús lo sana, no lo obliga a seguirlo. Le da libertad. Pero Bartimeo,
ya sanado y liberado, elige seguir a Jesús por decisión propia. Ha descubierto,
dijo por último el Papa, que ese Camino es el verdadero sentido de su vida.
Patricia Ynestroza - Ciudad del Vaticano
Fuente: Vatican News